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David Burguera

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Ulises y las hamburguesas

Juanjo Braulio

Periodista

JJBraulio@

ODISEO. EL JURAMENTO

Valerio Massimo Manfredi.

Editorial Grijalbo.

412páginas).

Con la novela histórica pasa como con las hamburguesas. Hay muchas muchísimasde poca calidad, que están fabricadas mediante procesos casi automatizados y, en general, sirven para saciar el hambre y provocar una indigestión, y no necesariamente en ese orden. No obstante, una hamburguesa también puede convertirse en una delicia gourmet o, simplemente, en un bocado digno. La clave, como siempre, está en los ingredientes y en la elaboración. En la novela histórica hay de todo y ahí están las estanterías de las librerías repletas de aventuras de penúltimos merovingios, alquimistas turco-chipriotas, templarios renegados, califas abnegados, caballeros atribulados, fenicios en bancarrota, detectives en la antigua Mesopotamia, agrimensores del Japón feudal o catedrales de renta limitada. No hay periodo histórico, batalla, personaje, dinastía o ruina que no haya sido novelada del derecho y del revés. Las Cruzadas han sido narradas desde el punto de vista cristiano, musulmán y hasta budista. Lo único que falta por ambientar en la antigua Roma es un ataque de hackers al templo de Júpiter Óptimus Máximus y de la muerte de Julio César sólo queda por explotar el punto de vista de la esclava de la limpieza que pasó el mocho para quitar la sangre del pavimento del Senado al día siguiente a los Idus de Marzo. En fin

Servidor de ustedes es de los que se ha pegado sus buenos empachos de novela histórica y, quizá por ello, ahora elige con cuidado en qué invierte tres o cuatro semanas de lectura cuando se trata del asunto porque, otra de las características de la novela histórica, es que no suele bajar de las 800 páginas bien prietas. Hasta hace poco, el autor italiano Valerio Massimo Manfredi era de los que te podías fiar, aunque, eso sí, para comer una buena hamburguesa. Este arqueólogo y profesor de Historia Antigua en las universidades de Milán, Venecia, La Sorbona de París y Chicago se estrenó con la novela Palladion en 1984 a la que siguieron otras 22 novelas incluyendo la exitosa trilogía Alexandros sobre Alejandro Magno. Anteriormente había publicado historias muy originales como La torre de la soledad (1996) o El faraón del desierto (1998) donde mezclaba con habilidad arqueología, historia, thriller y hasta terror.

Sin embargo, tras el éxito de las tres entregas de Alexandros (El hijo del sueño, Las arenas de Amón y El confín del mundo), Manfredi ha parido prácticamente una novela por año con el mundo antiguo como referencia. Desde los tiranos griegos de Siracusa a una legión romana que terminó en la lejana China pasando por la una revisión a la romana (como los calamares) del mito del rey Arturo (llevada la cine en una lamentable cinta con un Ben Kingsley haciendo de Merlín). Más de una docena de historias elaboradas como hamburguesas baratas que, al menos para quien esto escribe, provocó desde digestiones difíciles a terribles retortijones.

Parece que el propio Manfredi se ha dado cuenta de ello y, con su último libro, ha decidido volver a hacer hamburguesas gourmet. O al menos, a intentarlo. En Odiseo. El juramento, el escritor de Módena no es precisamente modesto ya que se dispone a recontar una de las historias más contadas de la Humanidad: La Ilíada. Y además, a finales de 2014 está previsto el segundo volumen que, por supuesto, es La Odisea. La aportación de Manfredi es que esta vez el narrador es el propio Odiseo (o Ulises, vaya). Evidentemente, el autor de estas líneas puede permitirse destripar el final de la novela que acaba, claro, con la caída de Troya. Quizá lo más interesante de la novela es la parte de la infancia y la juventud de Odiseo que, evidentemente, no sale en la Ilíada pero que Manfredi no se inventa del todo puesto que se basa en otros textos clásicos. Odiseo aparece no como un héroe legendario sino como un ser humano de su tiempo que percibe la realidad desde su propia lógica. Así, los dioses que en los textos homéricos se pasean como Pedro por su casase convierten en la narración de Manfredi en presencias reales interpretadas a través de hechos naturales que los hombres de la Edad de Bronce no podían interpretar de otro modo más que como la voluntad de los amos del Olimpo. Esta mezcla de realidad y fantasía podía provocar que el invento fallara estrepitosamente pero, y aquí viene el acierto de Manfredi, el lenguaje poético que imita los versos épicos de Homero es el que salva la situación y las viejas historias de los combates de Héctor y Aquiles, la violación de Casandra, la traición de Helena, el dolor de Príamo así como el viaje de los Argonautas o la maldición de Hércules resurgen con un aire nuevo y agradable que deja en el lector la placentera sensación de que le cuenten de nuevo una historia que tiene treinta siglos y que tiene buen sabor ya sea consumido como un entrecot ensartado entre brasas, como un filete empanado o servido entre pan de sésamo, lechuga, tomate, queso, pepinillos, ketchup y mostaza.

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