Las Provincias

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Manolo Tarancón se enreda en la espiral de Reno
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César Campoy | 14-11-2013 | 16:57

“La música suena a volumen brutal,
y comenzamos a flotar,
las canciones buenas
se cargan la gravedad”

Sin gravedad, Los Magnéticos (2002)

 

Manolo Tarancón es una persona que va bastante a la suya. Aunque a él parezca no obsesionarle (sino todo lo contrario), y aunque sean algunos a los que les traiga sin cuidado, forma parte ineludible de la (llamémosle así) escena musical valenciana. De hecho, para muchos, Tarancón es uno de los engranajes sonoros más interesantes que pululan por estas lindes desde hace varios años. A él, como comentábamos, le importa más bien poco. De hecho, vive una curiosa relación con esta ciudad que le acogió cuando su familia se vio obligada a emigrar, desde Burriana, a la capital, debido a las obligaciones laborales (y políticas) de su padre, Manuel.

Lo bien cierto es que, decíamos, Manolo, como buen valenciano, besa y repudia esta peculiarísima ciudad. Citando al gran Landete comentaba hace poco, en una entrevista, que “Valencia es un poco puta”; que siempre ha mirado más allá de Almansa cuando se ha embarcado en cualquiera de sus proyectos musicales. Y es verdad. Casi se podría decir que Tarancón ha puesto igual ilusión y ganas en mover sus diversos discos en solitario, Íntimo (editado en 2008 aprovechando la celebración del décimo aniversario de la veterana e incansable revista valenciana Efe Eme), Imperfectos (Comboi Records, 2009) y Reflexiones (La Viejita Música-La Montaña, 2012), en Madrid, Barcelona, Bilbao, Cuenca o Valencia. De hecho, servidor es consciente de que existe algún habitual del circuito musical local que llegó a pensar que Manolo era un artista de la Meseta. Él, mientras tanto, en todos estos años de carrera ha preferido mantenerse al margen de tribus y círculos. Si esa especie de desconfianza es justificada, o no se trata más que de ver fantasmas donde no los hay, que cada uno decida. El caso es que Manolo, mientras tanto, ha seguido a la suya, también, con el proyecto (junto a Fabián) La Viejita Música, pequeña discográfica y productora de conciertos, y como programador, además de seguir labrando su propio sendero musical.

De Tarancón se ha dicho que gusta mucho de Dylan, y que podría formar trío ibérico, sin demasiados problemas, con Nacho Vegas y Quique González. Con aquellos tres discos, apoyados en diversos trabajos de formato más reducido, cultivó sonidos netamente americanos. Rock con aires folk y country brindados en castellano, con la inestimable colaboración, entre otros, de Paco Loco. Y, tanto en la manera de presentar sus criaturas (cuidado el diseño y la producción), como en la de distribuirla (en la mayoría de los casos, tan sólo a través de su web, o en lugares físicos concienzudamente seleccionados), Manolo ha seguido aumentando esa leyenda de ser peculiar que no gusta de casarse gratuitamente con nada ni nadie. Sobre la gestación de aquel Reflexiones (en el que se rodeó de amigos como Gilberto Aubán -Gilbertástico-, Carol García -Limbotheque-, Vanessa Prado o Jesús de Santos), precisamente, la gente de Cápsulas Musicales realizó el documental La inercia de la costumbre. Un retrato certero de Tarancón.

 

 

El caso es que, sin tiempo para el descanso, e inmerso en una obsesiva pasión por la creación, y el rechazo por todo aquello que suponga inactividad, al bueno de Tarancón no se le ocurrió otra cosa que formar familia con tres de los componentes de Torre de Control (Sergio Sanisidro, Cristian Costa y Alejandro González Panxi), y dar a luz un potentísimo proyecto llamado Reno, que vive intensamente de su querencia por el pop de altura. Contundentemente digerible. Crudamente efectivo. Y el resultado no ha sido otro que su primer larga duración (La Viejita Música, 2013), grabado en los estudios Blackout de Valencia, bajo la batuta de Paco Morillas y Carlos Soler, otros viejos conocidos de Manolo.

 

Reno, por Eva Hernández

Reno es un disco inteligentemente construido, a partir de 10 piezas que parecen acoplarse, a la perfección, al objetivo previsto. Si quisiéramos rascar en sus melodías, podríamos toparnos en sus surcos (se edita en formato CD, pero también en vinilo) con referencias a artistas como La Habitación Roja, Niños Mutantes, o incluso, Iván Ferreiro o Lori Meyers, pero el simple hecho de no encontrar apenas ninguna pista desechable nos invita a considerarlo como una de las referencias valencianas de la temporada. El trallazo inicial de Selección natural desconcierta y engancha de tal manera que, a partir de aquí, todo viene rodado. La agradecida línea melódica de Espiral es increíblemente coreable, mientras que el desparpajo de Despedidas hace que resulte harto difícil desear bajarnos de esta montaña rusa sonora repleta de una rabia que, en ocasiones, llega a resultar desconcertante; sobre todo, a partir de unas duras letras en las que la mala leche campa a sus anchas de una manera cruel: “Nadie te recuerda, tu herida sigue abierta, y debo comentarte que ya no eres la primera” (A tu manera), o “Los años han pasado y tú creces en tu posición, me miras con desprecio, piensas: pobre vividor, y yo río por dentro seguro de mi rebelión, por mí puedes perderte en tu mundo sin solución” (Espiral). Que Tarancón habrá mutado de derroteros estilísticos (por supuesto, en connivencia con SergioCristian y Alejandro), pero buena parte de su idiosincrasia sigue vigente.

 

 

Reno presentarán su disco en Valencia, a principios del año que viene (nos encargaremos de recordárselo). En cambio, quien lo hará inminentemente serán las incombustibles Carmonas. Será este sábado, en Magazine Club, junto a Teletexto (también andan de estreno) y Retraseres. El recomendabilísimo combo punk integrado por Cris, Marina, Carla y María se ha marcado un trabajo grabado y masterizado por Pablo Peiró (Betunizer) en el que se ventila una docena de temas en poco menos de 20 minutos. Un tratado de desparpajo impagable, sin duda. ¿Una prueba? Why Not?

Y es que Carmonas vendrían a ser dignas representantes de esa hornada patria de contundentes bandas de féminas entre las que podríamos encontrar opciones tan sumamente recomendables como unas incomparables Las Rodilleras o Las Sultanas, éstas últimas orientadas hacia el garage más clásico y menos sucio. Una gozada, oiga. Como esperanzador se tercia el retorno de unos ilustres valencianos, Peepshow, a punto de publicar su nuevo larga duración, Supralumínico. Para abrir boca, un excelente clip de la canción El enigma de los azules, dirigido por David Arnal y Germán de la Hoz. Sin duda alguna, un motivo de peso para que insistamos en aquello de que consuman cultura y, si es cercana y de calidad, mejor que mejor. Por regla general, no se arrepentirán.

 

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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