Las Provincias

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Bendita piel herida
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César Campoy | 25-06-2016 | 15:02

Galope regresa casi tres años después con un nuevo disco, el intenso ‘G’

 

Javier Marcos tiene una habilidad especial para lograr que sus creaciones artísticas sonoras acaben tatuadas de manera perenne en tu piel. Ya lo consiguió, en 2013, con aquel hiriente Benditos tus ojos, tan profundo como aclamado, tan sorprendente como impactante, tan sincero como crudo. Ahora, tres años después, Galope vuelve a impactar en nuestros sentidos a través de G (editado por Borx Records y el colectivo Arbre de Cordes, integrado por el propio Javier y Mario, de Nanga Parbat), una apisonadora emocional que acaba trascendiendo el slowcore, la etiqueta que, de cara a mentes cuadriculadas, serviría para definir estos derroteros. Hablamos de un trabajo que, sin duda, merecía ser cocinado muy poco a poco: «Creo que tomar las cosas con calma es necesario. Te da tiempo a verlo todo con perspectiva, de una forma más crítica. No obstante han sucedido cosas que han retrasado la salida del disco más de lo que tenía planeado. Tenía que haber visto la luz en noviembre de 2015», asegura Javier, mientras recuerda el estado físico y anímico en que quedó tras dar a luz aquella primera criatura: «Benditos tus ojos fue como abrir una ventana y airear. Me sentó muy bien, encontré una forma de contar mis cosas, con la que estaba cómodo».

 

El descanso del guerrero, por Arbre de Cordes

Ahora, con G, Marcos vuelve a caminar aquellos senderos, aunque lo hace con la lección aprendida, hundiendo con más énfasis, si cabe, sus pies en los surcos arados. La sección rítmica toma las riendas, y convive con transiciones instrumentales en las que solos de guitarra y bajo se solapan. Los silencios son elocuentes, y, como contrapunto, los textos te marcan a fuego. Además, letanías metálicas del calibre de Cuánto de mí son capaces de percutir en tu cerebro tan certeramente, que tan sólo desarrollos como los cultivados en La misma huida o la sanadora Pendular consiguen calmar el ansia. Sigue dando la sensación de que esculpir los discos de Galope no deja de ser una tarea, ya no sólo ardua, sino también, hasta cierto punto, dolorosa y agotadora: «Hacer un disco es algo complicado en muchos aspectos, más aún cuando parte de ti mismo, y de las intimidades particulares de cada uno. Hacer ese ejercicio de exposición es el punto complicado, donde está todo el trabajo. Luego está querer compartirlo o no. A mí me sienta muy bien hacerlo», sentencia.

 

 

Para dar forma a G, Marcos ha vuelto a contar con Sergio Devece. Junto a él, y a José Luis García, ha edificado un complejo universo. En sus agradecimientos, efectivamente, figuran ambos, pero también una larga lista de amigos entre los que se encuentra Gonzalo Fuster (El Ser Humano), viejo compañero de viaje en Trinidad: «Tener cerca a la gente que desea tu bien es importantísimo. No me suelo poner nervioso a la hora de grabar, ya sé a lo que voy, pero a veces no tienes el día más inspirado y viene genial que alguien te dé confianza, te hable y te relaje. Devece es un grandísimo productor, perfecto para Galope, y un músico de primer nivel. Le debo mucho en lo musical. Nos tenemos mucho respeto y cariño. Gonzalo es un pilar fundamental para mí, en lo musical y en el plano personal. No hubiese intentado muchas cosas, si no fuese por su apoyo».

Porque, teniendo en cuenta la evidente proliferación de desarrollos instrumentales y ambientes, ¿con qué base suele llegar Galope al estudio? «Con las cosas bastante hechas. Antes de grabar un disco hago una maqueta de todas las canciones, y con toda la instrumentación que me parece necesaria. Pero siempre hay cosas que dejas sueltas. Cuando entras en el estudio y te sientas con Sergio Devece sabes que se abre un mundo infinito de matices y sonoridades. No darle ese espacio a imaginar sería un error enorme. Ha grabado casi todos los bajos del disco, y algunos teclados. Espectacular. El trabajo de Josele ha estado más enfocado en la producción general, junto a Sergio, y en el detalle: Una frase de guitarra, un sonido metálico, un ruido eléctrico… Esas cosas que hacen que la canción acabe siendo algo más vivo».

 

La tregua, por Arbre de Cordes

Y en ese proceso de bombeo sanguíneo que circula por todo el organismo, además, en esta ocasión también han tenido algo que ver las voces femeninas de Fany Álvarez y Ángela Bonet. ¿La intención? «Lo de Fany fue idea de Josele. Tenía vía libre para proponer y grabar lo que quisiera. Cuando nos mandó las pistas desde Gijón, Sergio y yo alucinamos; entre ellas apareció Fany. Nos ganó el corazón. Con Ángela buscaba algo más concreto. Un contraste a mi voz. Lanuca es un proyecto precioso, que me encanta, así que pensé en ella para un par de canciones. Finalmente sólo incluimos Tu piel inquieta, para cerrar el disco con broche de oro».

 

 

Los discos de la semana

 

Ruth Baker Band

Changing my way (Autoeditado, 2016)

El combo castellonense sabe jugar sus cartas a la perfección, y es consciente de que, a estas alturas de la película, pocas cosas quedan por inventar. Eso le ha llevado a tirar de oficio y concentrar, en el arrollador trabajo recién estrenado, toda la furia y el ciclón que atesoran sus componentes, curtidos en mil y una batallas a partir de proyectos como Los Búhos, Skizophonic o The Electric Ones. Precisamente estos últimos son el germen instrumental de esta aventura cuya guinda viene impuesta por ese torrente llamado Ruth Baker, auténtica show woman capaz de maridar una llamativa presencia, con una voz realmente impactante. El resultado, producido por los miembros de la banda Iván Chabrera y Nacho Fandos, es una atronadora combinación de soul en todas sus vertientes (de la más sensible, a la hiriente), con latigazos glam, bofetadas hard y, efectivamente, elegante rock garajero.

 

Deliri

Vius per contar-ho (Mésdemil, 2016)

Influidos por opciones tan variadas como Òscar Briz, Band of Horses, Creedence Clearwater Revival o Manel (se atreven con una recreación del Ai, Dolors), los de Gandia han vuelto a contar con Mark Dasousa para construir su primera referencia larga en la que muestran su simpatía por los elementos folk, aunque también evidencian su pasión por el pop y el rock más convencionales, como muestran piezas del estilo de La nit sencera o la resultona Disculpa’m la sinceritat (con reminiscencias del clásico Stuck in the middle with you de Stealers Wheel). Buscando inspiración para sus textos en situaciones, en su mayoría, cotidianas, temas como Pacte de silenci justifican la escucha.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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