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Talento Profesional: en la vida y en el trabajo “hay que mojarse”
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Roberto Luna | 23-04-2017 | 11:05

Podemos entender que una persona con talento pero que no lo demuestra, es más potencial que talento. En este sentido, en el mundo profesional se suele decir que el talento es una expresión de excelencia visible en un tiempo y entorno concreto.

¿Tan importante es el matiz de la puesta acción o no del profesional o la persona? En efecto, tan importante es, pues a pesar que comprendamos que el profesional tiene gran potencialidad si no la pone en juego en el día a día, cabría preguntarse qué elementos le están impidiendo su ejecución.

Este tipo de impedimentos psicológicos suele ocurrir muy a menudo en las organizaciones, y es conveniente no establecer juicios sino plantear contextos de apoyo y ayuda profesional, bien mentoring, coaching o outdoor training, entre otros.

Este fin de semana mis alumnos del Master en Gestión del Talento 8ª Edición han tenido que superar algunas de estas barreras psicológicas que normalmente sabes que están pero que muchas veces no contactas con ellas. En nuestro caso concreto utilizamos la metodología Belbin de roles de equipo (gracias José Juan de Grupo Atman) para poder analizar el funcionamiento de las personas. Y además, intentamos llevar a la práctica esta metodología con una actividad outdoor bajando al rio, es decir, con el rafting (gracias Emilio de ruting.es).

En el outdoor training se suele utilizar un elemento de riesgo (bien psicológico o físico) para poder afrontar situaciones determinadas y observar de modo más natural y espontaneo las competencias de las personas. De hecho, hubo tres escenarios que fueron lo que en recursos humanos o en dirección de personas, se denominan incidentes críticos. El primero fue cuando los profesionales del master, vestidos con su neopreno ya mojado, se tuvieron que lanzar desde un puente a una altura de unos 3-4 metros del agua y nadar para salir de la corriente. Este primer elemento fue ya importante desde un punto de vista psicológico, donde se elicitan miedos y reacciones que tiene que ver con nuestra seguridad personal y la confianza en el equipo. Un segundo momento crítico fue cuando se utilizó una técnica de lanzarse al agua en una zona de mucha corriente imitando a nuestro monitor (nuestro Fran de la jungla) y el cuerpo al lanzarse en plancha es repelido (si se lanza con suficiente seguridad) hacia la zona de la orilla salvándose de la corriente. Y la tercera también de gran calado, fue cuando los alumnos del master tuvieron que lanzarse por una zona de gran corriente dejándose llevar y esquivando unas piedras y al mismo tiempo llevándose algún que otro chapuzón. Quizás narrado no logre todo el protagonismo necesario de cada prueba, pero en mi memoria como observador se me quedaron grabadas las caras de reto (a veces algo de pánico también) de lo que suponían las pruebas para cada uno de ellos.

El feedback posterior dio testimonio de lo que había supuesto más allá de una estructura de aprendizaje sobre el teambuilding, pues en realidad, como buena prueba de outdoor supuso un “eliminar barreras psicológicas” que muchos no visualizaron solo sino que afrontaron.

Como dice nuestro experto José Juan Agudo, en la medida nos surge el insight en la actividad ya estamos dando un gran avance para poder afrontarlo, y el rio es una muy buena metáfora para ello. De hecho, nuestro “pequeño Leopoldo Abadía”, Emilio de Ruting, comentaba como todos los años en sus enseñanzas sobre el río, “al río hay que venir a mojarse, tenemos que ser proactivos, pues el río nos pone a prueba continuamente”. Y estoy seguro que mis alumnos, amigos y profesionales del master se mojaron, ayer sí que se mojaron bien. Gracias a ellos por su valor, coraje y compromiso con su crecimiento profesional. Pues el río podría haber supuesto solo un paseo al sol divertido, y sin embargo, además, supuso un acompañante magnífico para todos en nuestra mejora como personas y profesionales.