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María José Pou

iPou 3.0

Mujer, siglo XIII

Uno de los datos que más me ha indignado de todos los que se han publicado con motivo del Día de la Mujer es el que dice que las mujeres trabajamos unas 2000 horas al año frente a las 700 del hombre.

Todos los demás, no por sabidos menos sangrantes, no son nuevos: la mujer sigue cobrando menos que el hombre por el mismo trabajo; ocupa menos puestos directivos (entre otras cosas porque no tiene tiempo de promocionarse) y, cuando lo hace, las empresas sobreviven mejor a la crisis. Sin embargo, el de las horas llama más mi atención, sobre todo unido a otro: la mujer dedica el doble de tiempo que el hombre a las tareas del hogar.

Ambos nos dicen que tanto en el ámbito laboral como en el doméstico la que más se desvive es la mujer. Si a eso le sumamos que, cuando hay que cuidar a un menor o a un mayor, la que deja el trabajo fuera de casa es la mujer, el resultado no puede ser más desalentador.

En todos los casos, la mujer tiene las de perder: si es en la oficina, trabajará más por menos sueldo y con menos capacidad de promoción; si es en casa, trabajará más y encima será la primera a la que le corresponda cualquier responsabilidad añadida. En definitiva, que la mujer vive en una cárcel continua, tanto si trabaja dentro como fuera de casa (que es como decir dentro y fuera).

Lo malo no es la realidad de los datos sino la mentalidad imperante que sigue sin cambiar. Si el hombre no trabaja se entiende que es una anomalía. ¿Cuántos hombres conoce usted que no vayan a trabajar por cuidar de los niños o de los mayores? ¿Y por qué nos sigue escandalizando? Un hombre no es incompleto por dedicar unos años a cuidar a su familia. Y si lo es, también lo es una mujer.

No voy a seguir con esta argumentación. Me parece estar defendiendo que la tierra es redonda, que los truenos no son la ira de Zeus o que una manzana cae por la fuerza de la gravedad. ¿En 2012, dice que estamos? ¡Venga ya!

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Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.