Las Provincias

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Menos es más
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Lidón Sancho | 05-03-2017 | 17:24| 0

Ahora que hemos pasado la vorágine de ferias de arte contemporáneo y que la opinión general comenzará a repetir, cual mantra, que muchas personas que han asistido a las mismas no van a recordar absolutamente nada de lo que han visto, me atrevo a romper una lanza a favor de ciertos planteamientos comisariales que han evitado una desmemoria colectiva, inevitable en ocasiones ante la sobredosis de oferta.

El silencio cultural tras las ferias dispersa la ingente cantidad de información visual, táctil y auditiva de las pinturas, esculturas, instalaciones e imágenes colgadas de las paredes, del techo, del suelo, incluso habitando pantallas de plasma que nos proyectan sin cesar un código oculto que debemos descifrar. Sin embargo, cuando la coherencia a la hora de estructurar temática y visualmente una serie de obras hace acto de presencia, existe el milagro que todas las personas que nos dedicamos al arte deseamos: que en cada retina de cada persona se haya grabado a fuego una experiencia estética, imposible de derribar. Y ahí es donde Carlos Delgado Mayordomo―comisariando el programa One Project de la feria ArtMadrid― y Alberto Cornejo Alcaraz ―como director de la feria― entran en escena, aportando tres líneas de acción fundamentales: fluidez, coherencia y calidad; son términos difíciles de medir o de pesar, palabras polémicas a veces (¿calidad? ¿quién determina la calidad?) pero sencillas si las decimos desde la orilla del sentido común, de la pulsión, de la intuición creativa que todos los seres vivos (sí, absolutamente todos, como dijo Joseph Beuys) sentimos bailando en nuestro espíritu.

La obra de Irene Cruz, onírica y simbólica

Y me muerdo las uñas, mientras intento evitar la comparación odiosa con la gran bestia llamada ARCO, tan bella y tan demoledora, tan gigantesca que te aplasta bajo su peso, y tan sublime que te ciega… y no puedo evitar asentir con la cabeza y creer casi secretamente que menos es más, siempre. Carlos Delgado ha apostado por un proyecto comisarial que proyecta una trayectoria directa al corazón de quien la ve. Paseando por sus stands, me siento sosegada, casi en paz y sé que ese sentimiento proviene de un planteamiento ricamente elaborado que sublima la experiencia allí vivida y que son fruto tanto de Carlos Delgado como de la dirección de la feria comandada por Alberto Cornejo, apostando por una plataforma sólida y caleidoscópica en un espacio luminoso e inspirador.

No voy a demonizar a ARCO. Creo firmemente que existen propuestas, piezas y proyectos francamente interesantes dentro de ella. Pero, entiendo que la gente se vaya con la sensación de haber comido demasiado y dolerle el estómago después de ingerir tanta pintura, escultura, performance y demás mientras intentan no dejarse ninguna parte del stand sin mirar (que son como gigantescos cubos de Rubik que intentamos encajar gramática y semánticamente para llegar a un significado posible o válido para nuestra consciencia).

Tal vez nuestro cerebro, aún en una escala ínfima de evolución ante su verdadero potencial, necesita aún ese salto cuántico para absorber cada partícula de arte que ha vibrado estos días en Madrid y sublimarlo y sentirlo en la piel como se siente el primer amor o el deseo sexual, inevitable ante una mirada impecablemente brillante… Carlos y Alberto han sido magos esta vez de lo casi imposible de conseguir: vivir el arte.

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El cómplice es inocente
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Lidón Sancho | 23-01-2017 | 18:45| 0

Si a alguien se le ocurre comentar en estos meses que eliminar la filosofía de la rama de ciencias ―tanto para el curso académico como para el nuevo examen de selectividad― no acarreará consecuencias graves en el alumnado (futuros y futuras ciudadanas, por si se nos había olvidado), voy a contarles un cuento… de terror, obviamente.

Érase una vez un alumno de ciencias que andaba ensimismado en clase de inglés. Pensaba en un hecho acaecido hace poco en su ciudad que le había dejado con un resquicio de asombro y duda. Finalmente, se atrevió a verbalizarlo a su profesora:

―Profesora, ¿sabe que mataron a un hombre en nuestra ciudad?
―¿De veras?― la profesora detuvo su escritura en la pizarra y se volteó para escucharle.

Entonces, el alumno le contó que fue un ajuste de cuentas entre un deudor y su prestamista que acabó en un crimen digno de retratar en La huella del crimen; empezó con una paliza recordatoria y acabó en una mutilación múltiple (mediante una herramienta muy autóctona: un hacha) y cuarenta y cinco minutos de agonía de la víctima, semienterrada y desangrada hasta la muerte. Los autores del crimen, tres chavales de 20, 17 y 14 años. El más joven iba al instituto del alumno; una cercanía que dejaría azul al más valiente de los padres y madres. Y ahora viene lo gordo del asunto: al alumno le parecía inexplicable que casi le hubiese caído los mismos años de reclusión a un colega de instituto de 14 años por ser tan solo cómplice, como si no empuñar el hacha pero observar impertérrito cómo otros rematan la faena fuera justificable. Aquí, gentes de bien, es donde la ética juega un papel capital (insertar la filosofía aquí, como decían las recreativas: insert coin here). Le costaba entender un término casi olvidado entre la gente joven y no tan lozana: la responsabilidad moral.

La profesora le explicó que las decisiones de cada individuo son cruciales, y en casos extremos, deciden la vida o la muerte de una persona. Si a ese cómplice se le hubiese ocurrido darle un mamporro al leñador asesino, la víctima sería ahora una persona viva. Si al testigo del ese delito de sangre tan funesto se le hubiese dado filosofía (una rama que sirve para aprender a pensar, reestructurar y gestionar pensamientos complejos y no para citar autores griegos como un maldito snob) entendería el concepto del bien y del mal, de lo correcto e incorrecto y, sobre todo, de las consecuencias de sus actos. Y ahora, como una justificación velada muy típica de nuestro tiempo para eludir responsabilidades, leo que uno de ellos era un sociópata que lo tenía ensimismado al pobre chaval de 14 años… Es que la ética también sirve para diferenciar a los manipuladores emocionales y saber deshacernos de su influjo. Pero claro, los de ciencias eso no lo necesitan porque se ve que si le cantas la tabla periódica a un sociópata, este se desvanece como Drácula con la luz del sol: los de ciencias no necesitan moral. Las personas de letras debemos ser unas viciosas y corruptas por leer tanto a Baudelaire y necesitar filosofía a mansalva.

Luego vino algo mucho más terrorífico, cuando el alumno saltó al otro lado de la balanza y creyó que el incumplimiento de la responsabilidad moral debía desembocar en la silla eléctrica.

―Nadie tiene el poder de quitarle la vida a otra persona, ni siquiera las instituciones carcelarias― sentenció la maestra.
―¿Y si ha matado a veinte personas?
(La cantidad es un factor contemporáneo muy importante…)
―La única persona que tendría derecho a matarte es tu madre porque te ha dado la vida. Y debería matarte a collejas por haber suspendido ocho asignaturas, cenutrio.

Y, así, el alumno continuó en silencio con sus divagaciones entre la gramática inglesa y los delitos de sangre. La profesora se quedó con una sensación agria en la boca de desesperanza y pánico. La filosofía, fundamental para la construcción del pensamiento lógico y ético, desaparecerá de las mentes del futuro junto con Economía (para no entender la influencia financiera de nuestras sociedades), Historia del Mundo Contemporáneo (para no conocer los errores que no deberíamos repetir) y Literatura Universal (para no estetizarnos demasiado ni volvernos demasiados crític@s). Y entonces se acordó de su sentimiento de estupidez cuando no lograba entender las derivadas en Matemáticas… Y se sintió aliviada porque el alumnado de ciencias, a partir de ahora, tendría un problema mayor: no saber pensar.

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José Luis Serzo, explorador de corazones.
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Lidón Sancho | 02-09-2016 | 15:23| 0

Veo a un hombre sentado frente a mí, integrado en una conversación ligera y parece que está ahí, que puedo estirar mis manos y tocar su presencia con la yema de mis dedos… luego veo su mirada, una mirada que contiene un orbe mágico que te atraviesa cada fibra de tu cuerpo y entonces comprendo que está más allá de la distancia que mis manos pueden alcanzar fácilmente, igual que su manera de hacer arte: tan cercana y tan distante, tan presente y tan onírica, jugando con la dualidad de los seres, haciendo justicia a la belleza perdida. Pero este no es José Luis Serzo, sino mucho más, tan cercano y tan insondable como el océano sereno y oscuro.

Su visión artística va unida piel con piel con la necesidad de contar una historia, con la construcción de un universo metafórico. Sin embargo, nos olvidamos que las metáforas no viven exclusivamente en ese mundo inteligible en el cual Platón ansiaba volver sino que son un mero reflejo de nuestro propio mundo. Serzo busca reparar el daño causado a ese planeta, al que hemos convertido en ingrato y traicionero, mediante el don sublime y brillante que nace de su corazón. Ha caminado una senda muy conocida para todas las personas que habitamos aquí, con el dolor y la alegría acompañándonos en el caminar y agriando o endulzando nuestra copa de la vida; pero la vida es como es y Serzo, consciente al cien por cien de cada chispa energética del entorno, plasma con una maestría mágica los problemas y las superaciones del día a día que son, al fin y al cabo, la suma de nuestra existencia.

La magia de Serzo hecha imagen.

La magia de Serzo hecha imagen.

El artista glorioso usa las emociones y el corazón como maquinarias al servicio de la creación artística para la mejora de las sociedades. Pero el artista que compone sus obras desde la oscuridad del corazón sólo sirve al propósito de emponzoñar nuestras gargantas; por muy buenas intenciones que tenga, el infierno está lleno de ellas. Sembrar la desidia, la discordia, la muerte, el hedor de nuestras almas no ayudará a elevar nuestro estado de consciencia, pues así sólo estaremos alimentando al lobo equivocado. José Luis Serzo ha detenido esa dinámica en el arte contemporáneo de darnos latigazos a la espalda y se ha erigido como baluarte de las historias que hablan de esperanza para el ser humano, usando además una técnica (la pictórica) tan vilipendiada por los artistas actuales. Y nadie puede reprocharle absolutamente nada porque su valentía, su destreza y su capacidad para amar ha enmudecido al mundo. Sus obras son un flechazo directo al corazón, una celebración de lo bueno que hay en nosotros y nosotras. Serzo bucea por nuestra alma en busca de la inocencia perdida, en busca de la luz que somos y que se ha escondido en lo más profundo de nuestro ser, asustada por la creencia de que somos sólo oscuridad. Y miramos sus piezas artísticas y volvemos a enamorarnos de la vida y empezamos a asumir sus contradicciones. Entonces, nos volteamos y vemos no sólo al artista sino al hombre, con su inmenso corazón y la esperanza brillando sobre su cabeza, y nos enamoramos también de José Luis Serzo.

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Falsos ídolos
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Lidón Sancho | 25-01-2017 | 21:17| 0

La capacidad de captación de público me parece cada vez más beligerante; bueno, no debería utilizar la palabra captación en esta frase, más bien engaño, pues a lo que me enfrento en estas líneas que siguen no es más que poner en énfasis cómo los mensajes publicitarios usan las herramientas artísticas y los procesos de imágenes contemporáneas como reclamo hipócritamente inocente.

Paseando frente a la Plaza de Toros de Valencia, un monumento tosco y rudo hecho de ladrillo que se asemeja pálidamente al Coliseo Romano (y dónde sólo torturan animales y no gladiadores, no se preocupen) me fijo en la nueva campaña de captación (perdón, de engaño) de público para la nueva temporada taurina. Son grandes carteles colgados a lo largo de la fachada de la plaza que me recuerdan, en un primer golpe de vista, a las obras del artista Roy Lichtenstein, un genio a la hora de plasmar la técnica usada en el grafismo del cómic en sus obras de gran formato…ilusa de mí…

Cuando me detengo y miro con más atención veo que los publicistas han aprovechado la estética de dichas obras gráficas para anunciar los actos que van a darse lugar en el recinto. Le pregunto a mi marido, que caminaba a mi vera, qué es lo que buscaban estos genios del panfleto, no porque yo no supiese la respuesta (que luego supe que efectivamente no la sabía completamente) sino para que me diese su punto de vista. Mi primera creencia fue pensar que era una simple llamada de atención a un sector más joven para que ocupara filas en su Coliseo cañí y dar un aire fresco a algo tan caduco y tan salvaje. Mi pareja mira más allá de la plaza y ve posicionado encima de las taquillas otro cartel que reza: «Acércate a tus héroes» acompañado de figuras de toreros, rejoneadores y demás farándula, presentando al grupo como si de un cómic de superhéroes se tratara. ¿Buscan captar gente joven? Sí, por supuesto, pero también una clase social más de los cuarenta y para arriba que hemos crecido en esa franja friki a las que muchos y muchas les daba alergia entrar cuando iban al instituto y preferían ser los guays de la clase llevando ropa pija y escuchando a los malditos Hombres G.

Héroes a mi...parafraseando a Hulk.

Héroes a mi...parafraseando a Hulk.

¿Héroes? ¿Perdón? A estos publicistas tan tan simples, ¿no se les ha ocurrido un eslogan que sea tan vergonzoso y tan humillante para los tiempos que corren? Se han atrevido a llamar héroes a unos individuos que cobran sumas millonarias, se benefician de subvenciones europeas, maltratan y torturan animales durante su jornada laboral y algunos incluso venden alguna que otra exclusiva con muchos ceros mientras la pobreza infantil suma enteros en nuestro país. En serio os lo digo: que me parece muy bien que haya gente muy rica gastando champán en vez de agua para bañarse en sus bañeras de mármol pero no confundamos los términos, por Zeus os lo pido. A las personas pobres, a la clase media que sólo nos queda la terminología para saber qué es verdadero y qué es una patraña y que ya la filosofía medieval del nominalismo se lo curró pero bien para poner nombres a las cosas sin armarse un lío con Dios, no nos toméis el pelo. Porque los héroes, al menos para mí, son gente que ni cobra esas millonadas ni tortura animales en pos de una tradición cavernaria. Para mí los y las héroes son aquellas personas que recogen animales abandonados en las calles y, sin apenas dinero, los acogen y los cuidan; a los servicios médicos que trabajan con el material que pueden (y no que tienen), a las madres y padres que se desgañitan por darles una comida al día a su prole, al cuerpo de bomberos que se dejan la piel por detener los incendios, al profesorado que se busca la vida para dar calidad educativa a su alumnado, al que tiene palabras de aliento para los desterrados sociales mientras ellos se sostienen con un pie ya alcanzando el acantilado del olvido social. Vamos, no me jodáis con vuestra publicidad de mierda, que aún sé lo que significa cada definición en vuestro mundo de rosas y champán.

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Por el bien de la humanidad, muéranse.
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Lidón Sancho | 14-06-2016 | 15:06| 0

Cuento dos casos similares. El primer caso: voy en moto y, en una cola de coches parados, adelanto por la derecha (una maniobra legal) hasta posicionarme en un semáforo. Un conductor se mosquea, intenta derribarme de la moto cuando nos ponemos en marcha y comienza a insultarme como un loco, agrediéndome verbalmente e invadiendo mi espacio vital.

El segundo caso: conduciendo mi marido por la nacional 340, se percata que hay un coche parado en el arcén. Ve a un individuo inclinado en el maletero del coche moviéndose nerviosamente. Cuando está más cerca, escucha el quejido agudo y terrible de un perro y mi marido se percata de que ese hombre está golpeando salvajemente a un perro al que mantiene encerrado dentro del maletero.
Esto forma parte de la humanidad…esa humanidad a la que ensalzamos en libros, revistas científicas, discursos y eslóganes publicitarios de refrescos. No voy a tomarme la molestia aquí de seguir sumando calificativos bondadosos a esta plaga que somos todos nosotros y nosotras. No es una idea nueva el asociar nuestra evolución humana a la evolución casi mimética de los virus; ya en el guión de la -no tan futurista- Matrix, comparaban a las sociedades humanas con un virus: es incapaz de adaptarse al medio, aniquilando recursos, especies y congéneres de su propia especie y agotando la materia allá adonde posa su siniestro pie en la tierra.

El agente Smith tenía razón.

El agente Smith tenía razón.

Somos violentos de forma gratuita, tanto entre nosotros como con los animales y aún existen personas que creen firmemente que la paz es un lenguaje universal. Pero lo que yo pienso es que existen muchas personas que sólo entienden el lenguaje de la violencia. Da igual que yo intentase razonar con aquel individuo que casi me golpea por tener yo moto y él no (creo que sufría mucho pero yo no tengo porqué pagar su falta de psicoanálisis) o que mi marido bajase del coche y se diese cuenta que no podía detener la locura de aquel maltratador de perros sin salir herido él también. Muchas personas se escandalizarán al escuchar esas palabras que Nietzsche prefiguró hace ya muchas décadas atrás: Morir con orgullo cuando ya no se puede vivir con orgullo. El filósofo alemán jamás quiso una humanidad basada en la violencia o la locura pero también tenía claro que la especie humana, al igual que el resto de especies animales, debía depurarse. ¿Cómo podemos vivir la humanidad con orgullo ante semejantes individuos que contaminan a las personas que verdaderamente hacen el bien por los demás y por la tierra?

Tengo tantos casos de gente honrada, humilde, buena, fuerte, generosa y dulce que siento asco por aquellas que están diezmando la esperanza en que la humanidad siga el rumbo de una especie superior. Y, no, queridos y queridas lectoras, una especie privilegiada no es aquella que es superior porque aniquila especies enteras de animales, conquista territorios a base de guerras y violaciones, usa la locura y la demencia como modo para conseguir sus logros o no entiende de inteligencia emocional. Tampoco es aquella que auguró Adolf Hitler ni tiene nada que ver con la religión o la cultura de una sociedad determinada.

Por lo que a mí respecta, continuamos en modo virus. La única esperanza que me queda es que alguien descubra una vacuna que haga de todos nosotros y nosotras una verdadera especie superior. Y aquellas personas que no deseen esa vacuna para ellas, es decir, la gente que piense que el mal, la codicia, la violencia, la corrupción, la locura y el engaño sean válidos para tratar al mundo y a sus semejantes, por el bien de la humanidad, muéranse.

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Ocultando el patriarcado con cincuenta sombras
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Lidón Sancho | 25-01-2017 | 21:14| 0

Como animales visuales que somos debemos analizar para nuestras investigaciones sobre el funcionamiento de la sociedad todos los soportes tecnológicos o de imágenes que están al alcance de los públicos. En ellos se ubica obviamente el cine, un medio de «entretenimiento» que sirve tanto para realizar un análisis crítico de ideologías peligrosas (es decir, en términos vulgares, reconocer el acto de clavárnosla doblada) o para seguir manteniendo paradigmas que vamos heredando de generación en generación y además pensar que somos felices con ellos, es decir, después de que nos la han clavado, hasta nos gusta.

Había que ver Cincuenta sombras de Grey para poder saber qué se critica y para qué fin; una tortura medieval para mí, tras no haber podido pasar de la página treinta del primer libro de la trilogía sin encontrar una frase bien construida como las de García Márquez. El caso es que rompo una lanza por los dos actores principales -Jamie Dornan y Dakota Johnson- porque la verdad es que actúan bien. Lo malo es que su trabajo no luce porque el material que les han dado es poco creíble, poco documentado y poco maduro. Vamos, que los diálogos serían más adecuados si el elenco de actores tuviese 15 años de media…y el público que la ve también.

Tengo tanto que no sé por dónde empezar…

Primer punto: Es vergonzoso y alarmante que la autora, una mujer ya situada en la mediana edad y adulta (me da miedo afirmar esto último) haya vuelto a utilizar la virginidad de la mujer como material valioso para un hombre. Vamos a ver, ¿este tío no era un dominador? ¿Entonces, para qué quiere una virgen? ¡Si le va a salir corriendo en cuanto vea un látigo! Ahora en serio. Es denunciable que en el año 2015 se siga fomentando la pureza de la mujer como algo excitable para los hombres. ¿Acaso no sabe la autora que miles de mujeres en todo el mundo mueren a causa de operaciones clandestinas de reconstrucción del himen para no ser rechazadas por sus futuros maridos tras haber sido violadas? Una virginidad, por cierto, muy mal llevada por parte de la protagonista femenina que ni pestañea cuando entra en la habitación roja de la tortura y se pasea por ella como quien va al Museo del Prado…¡ficción!.

Segundo punto: Ya vislumbramos que la inconsistencia de los personajes es el punto fuerte de la creadora de esta novela de mi…(¿misterio?). El personaje masculino no para de repetir, cual mantra, que no es un tío romántico. Eso sí, la primera vez que la desflora (odio esta expresión, ni que las mujeres fuéramos margaritas) duerme con ella en plan sensible, la lleva en su helicóptero, la lleva en su planeador, la lleva en volandas, la baña, la viste, la desnuda…en fin, lo que haría cualquier hombre que estuviese enamorado. Pero él dice que no, ¡que eso son cosas tuyas, mujer!.

Tercer punto: ¡Ay! Llegamos a otro paradigma venenoso para las mujeres: «Es muy hosco, pero yo le haré cambiar». Craso error, querida. En muchas ocasiones con esta actitud sólo se mantienen a hombres sinvergüenzas, infieles y maltratadores. El Sr. Grey encarna al tipo canalla que nos han metido en la cabeza a todas y cada una de las mujeres como ideal de hombre macho y deseable. Eso no es un hombre, eso es un planeta que sólo sabe girar alrededor de sí mismo.

Cuarto punto: Este punto es informativo. Lo que veis en la película no es ni sadomasoquismo ni dominación: son simples polvos picantes. Una excepción son los seis últimos latigazos con el cinturón que se lleva la protagonista y que, paradójicamente, la sorprenden incluso después de que el Sr. Grey le ha estado diciendo durante hora y media de película que le gusta atizar mientras practica sexo. Sí, atizar, porque el látigo de tiras lo usa como yo el plumero del polvo para no romper la decoración de mi casa. ¿Y para esto tanto escándalo? Señores y señoras, si quieren ver un sado bien documentado y bien llevado vean la excelente película Secretary o la apabullante Nymphomaniac. Si os puso calientes las pocas escenas de sexo de Cincuenta sombras de Grey, estas películas que recomiendo os darán fiebre.

Quinto y último punto: Muchas mujeres consideran que el film relata una historia romántica. Yo no veo el romanticismo por ningún lado, al menos si lo veo desde mi perspectiva adulta. Así que una de dos: o yo soy una piedra o la mayoría de edad mental de este tipo de mujeres ha sido detenida en los 16 años; un efecto más que atribuible al sistema patriarcal: hacernos princesas de cuento esperando al príncipe azul. Vean Memorias de África o El paciente inglés y verán historias de amor bien construidas. Además, los personajes femeninos son autónomos, creíbles, adultos y fuertes. ¡Que me aspen si Ralph Fiennes portando en brazos a la poderosa y herida de muerte Kristin Scott Thomas y ella relatándole cuánto tiempo lo ha amado no es romántico!

 

Fiennes porta a Scott de manera mucho más digna para ambos

Fiennes porta a Scott de manera mucho más digna para ambos

Parece un artículo de risa pero no lo es. Mantener unos ideales tan conservadores para la mujer y para el hombre son peligrosos. Sí, para el hombre también. O, ¿no se han fijado los caballeros en este film que es mucho más excitable un hombre joven, rico y exitoso? Si usted tiene barriga, o es conductor de autobús con un sueldo pasable también se la están clavando doblada. Le están haciendo creer que su capacidad de atracción sexual para las mujeres va en función de su cartera, al igual que a nosotras nos dicen que es en función de nuestro himen. Las mujeres siempre somos mercancía, pero ustedes, queridos señores, también lo son en esta podrida sociedad de consumo injustificado.

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Despreciar al público
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Lidón Sancho | 01-09-2016 | 17:11| 0

Comentan en un simposio al que me invitan en un espacio de arte contemporáneo que sólo el 8% de la ciudadanía española va los museos. Y que, precisamente es un 8% las personas que nos dedicamos al arte en España. ¿Endogamia? No, pienso yo, clasismo, más bien.

La organización de la jornada versaba sobre las alternativas que podía utilizar la exposición contemporánea para romper su antiguo formato, diversificarse, refrescarse, acercarse al público, al fin. Sacamos muchas cosas en claro y eso ayuda en tiempos de crisis. Pero en la mesa redonda (muy bien planteada y pensada por los organizadores Javier Marroquí y David Arlandis, grandes profesionales del sector de las artes a los que admiro) sólo teníamos a una espectadora que no se dedicaba al mundo artístico. Una persona de esas que, a los trabajamos en arte, nos aterra y atemoriza y que forma parte de ese gran público al que rehusamos complacer sistemáticamente.

Y sale esa frase que pretende deshacernos de ellos: el público no existe. Y pienso en Nietzsche, que acabó hasta los cojones de su familia, del mundo y de sus migrañas y dijo que Dios había muerto porque, en el fondo, no sabía cómo enfrentarse a un mundo atroz mientras Dios seguía impasible en su trono. Entonces me acuerdo de algo que escuché en una serie de ¿ficción? que argumentaba que existía el libre albedrío (y por tanto, el bien y el mal) porque Dios nos había dado grandes cerebros para pensar y discernir lo correcto de lo incorrecto…Siempre con esa manía humana de cargarle la responsabilidad a otro u otra o a mandarlo todo al carajo porque somos incapaces de manejar la situación.

Y vuelvo a asustarme cuando escucho que alguien dice la frase lapidaria «público de calidad» y que luego pretende arreglar el gazapo diciendo que el público de calidad es aquel que interactúa con la obra. ¿Y el que pasa por allí sin hacer ni puñetero caso al Mondrian colgado de la pared? No, ese cuenta para las estadísticas pero si no se pone a llorar frente a un cuadro, no es de calidad, obsesionándonos con que todas las personas que van a un museo deben tener una experiencia estética acongojante al menos, igual que cuando uno va al Dragon Khan y se tiene que ir con una foto suya con cara de habérselo hecho encima.

Y acaba pasándome siempre lo mismo en estos eventos. Empiezo a analizar más psicológica que artísticamente a las personas que allí nos reunimos y, entre grandes y profesionales ponentes, siempre encuentro a alguien que utiliza la máscara de socialista-marxista-grunge-progresista que se da ínfulas de tolerante y nos acusa a los demás de ser unos salvajes y que, en el fondo, esa persona tiene más peligro que la Santa Inquisición. Nos olvidamos que la crítica constructiva empieza no por lo que hacemos sino por lo que somos. Y si somos un lobo vestido de cordero, será más probable que nos comamos al público en vez de motivarle a ver una exposición de arte contemporáneo.

 

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La última esperanza
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Lidón Sancho | 21-08-2014 | 10:49| 0

El artista Enriquillo Rodríguez Amiama y la investigadora Lidón Sancho

 

Pocos artistas como Enriquillo Rodríguez Amiama logran que vuelva a recobrar la esperanza en el arte como herramienta para la paz. Artista dominicano internacional, cercano en el trato, cariñoso, generoso y luchador como nadie, consigue que conciencia y arte estén al servicio de la mejora del mundo, de la educación en los valores que siempre han ensalzado al bien común.

Su amor por la naturaleza, su fe (casi ciega) en las sociedades como generadoras de buenos propósitos se plasma en cada obra que se expone por todo el mundo. Su calidad artística es fruto, según él, de un 10% de talento y un 90% de esfuerzo y tenacidad. Pero para mí, ese 90% está lleno de talento también. Un talento de hierro para tener las suficientes fuerzas, que otros y otras hemos perdido por el camino, en la lucha por conseguir unos nuevos paradigmas sociales desde la difusión del arte. Su afán por descubrir cosas nuevas e ilusionarse por ellas lo ha convertido en un artista completo, creando instalaciones, vídeos, performance, pintura y nuevas tecnologías para otro afán aún más grande en él: comunicarse con su público de manera eficaz y, sobretodo, útil.

En el mundo del arte existen muchos y muchas artistas que no valoran esa conexión entre ellos y su público. Pero Enriquillo sabe que sin su público, el arte está muerto. Él está al servicio de lo artístico en todas las facetas que el arte requiere: profesor, artista, performer, comunicador y amigo. Un todo que hace de su obra una creación completa. Su veracidad a la hora de crear lo hace auténtico, como es auténtica su voluntad de denunciar temas tan preocupantes como la violencia de género, los problemas ecológicos o la banalidad económica de nuestra sociedad.

Seguiremos hablando de su obra para que podáis entender a qué me refiero con que Enriquillo es la última esperanza en el arte. Porque sólo la humanidad de la persona hace a sus creaciones poderosas.

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Síndrome de Estocolmo
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Lidón Sancho | 01-09-2016 | 17:11| 0
http://sindromes.info/estocolmo

http://sindromes.info/estocolmo

La idea errónea de cultura en nuestra civilización ha superado un escalón más en la categoría de lo absurdo. Me quedó alucinada y asustada a partes iguales cuando descubro, una vez más, que puede existir un grado superior de sinsentido cultural.

Me alojo en un hotel en Valencia y encuentro en su programación un canal llamado Levante TV. Me viene a la cabeza la seria referencia periodística pero mi mente no logra casar esa información con la imagen que veo en el televisor. Se trata de una imagen en blanco y negro de un cementerio por la noche con un rótulo que informa la ubicación del mismo y el tipo de cámara que utiliza (obviamente una cámara IR o infrarrojos). El fotograma duró casi cinco minutos (o no, a mí me pareció una eternidad). Me quedé estupidizada mirando, esperando que algo saliese, no sé, un zombie, una mano saliendo de la tierra (las referencias cinematográficas a La noche de los muertos vivientes o Carrie son indisociables del miedo colectivo). De repente, cambia el lugar y toman otra imagen de otro cementerio, con otro enfoque, y así hasta que el cuerpo aguante.

No me lo podía creer.

Nos quedamos mi marido yo mirándonos como si los zombies fuéramos nosotros, con la boca entreabierta y diciéndonos a la vez: eeeehhhhh??

Cuando llego a casa, busco primeramente por el Sr./Sra. Google si este canal pertenece a la rama periodística. Por el logo lo parece aunque en su web no lo mencionan claramente; luego hago un escrutinio de la programación de la cadena, pero los títulos de los programas no coinciden con ninguna imagen de cementerio por la noche: Valencia misterioso, Los cementerios valencianos de noche, Bricomanía episodio 5, cómo montar una cámara IR en un cementerio, etc. Nada de nada.

Y me es imposible no utilizar la ironía en este post cuando veo la tomadura de pelo que hacen con nuestros impuestos (porque, a día de hoy, no me creo que sus fondos sean exclusivamente privados). O la gente que contratan con tan poca ética cultural como para emitir semejante programa. Pero lo que más me asusta es el síndrome de Estocolmo en el que estamos viviendo, creyendo que nuestros secuestradores, aquellos que nos lo han arrebatado todo, la libertad (de elegir una educación de calidad y gratis), la compañía de nuestros seres queridos (que deben marcharse al extranjero para encontrar trabajo), el sustento (porque cada día los precios de los alimentos son más caros y de menor calidad) y la capacidad de elección (porque, no seamos inocentes, en este país ya hay pocas elecciones libres en el día a día), sin contar con la precaria asistencia (sanitaria, claro),…esos secuestradores son nuestros salvadores y amigos. Les votamos, les pagamos sus extras y sueldos y creemos aún que lo que nos cuentan suele ser verdad y de corazón. Les dejamos que se creen programas y cadenas que fomenten la gansada y lo chafardero más cañí de nuestra tierra.

Lo peor es que aún no somos todos y todas conscientes de que esa estúpida fe en semejantes criminales de la cultura se está alimentando a base de recortarla, y que es la única herramienta que nos hace seres autocríticos y no borregos de camino al acantilado.

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¿Cultura?
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Lidón Sancho | 09-07-2014 | 09:42| 0

Anonadada me quedé cuando me llegó en octubre del año pasado una invitación de un museo a su nueva exposición, dedicada a la presentación de los nuevos equipamientos de fútbol de 2ª y 3ª División de la provincia de Valencia. ¿Perdón? A ver, sé que voy a ganarme enemigos con este comentario: a mi no me gusta para nada el fútbol pero, ¿de verdad los seguidores de este deporte pueden argumentarme positivamente si unos nuevos uniformes pueden conformar una exposición de cultura para un museo? Porque a mi me parece la monda que se utilice un espacio expositivo para esto. El área de cultura de la Diputación de Valencia (que controla dicho espacio, todo sea dicho, como su feudo particular) debe de haber perdido la brújula que marca el camino hacia lo que es cultura. Es cierto que para algunos eventos, objetos o tradiciones es difícil marcar la línea de lo que es cultural de lo que no lo es. Pero creo que en este caso, no estamos en esa situación de difícil valoración artística.

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Sobre el autor Lidón Sancho
Este blog ha sido creado con un fin poco usual: hablar sobre arte contemporáneo real, práctico y claro. También para perderle el miedo a las exposiciones, así como criticar la gestión cultural de nuestras instituciones museísticas. Y se hablará no sólo de ARTE sino también de cuestiones sociales y reflexiones sobre la gestión que hacemos de la educación y la cultura en el mundo.