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Héctor Esteban

El francotirador

La diputada que escribió con “hironía”




El fracaso escolar es un debate a flor de piel. Cada cambio de Gobierno es una moneda al aire con un nuevo plan educativo en el que prima más la polémica que la base para dotar a los estudiantes de los mimbres para lograr un objetivo mínimo: buscarse la vida en un futuro extraño. A bote pronto recuerdo aquello de la LODE, la LOGSE, Educación para la Ciudadanía y ahora las reformas de Wert. Polémicas y más polémicas que lo único que hacen es engordar las listas de potenciales analfabetos. La nueva ortografía de los mensajes de móvil alimentó a las hordas de palurdos que hicieron de la falta una bandera. Un vicio que luego se extendió a Twitter, la red social de los 140 caracteres, donde aquellos que confunden “a ver” y “haber” fusionaron los términos hasta parir “haver” para sentirse a gusto en cualquier escenario.

Los que debaten sobre el fracaso escolar, lejos de buscar soluciones, lo fomentan. Políticos y cargos públicos fardan de oratoria en la tarjeta y luego torturan a la lengua española con absoluta impunidad. Asesinatos lingüísticos que ellos mismos delatan y lanzan a las redes sociales para ser sentenciados por un jurado popular implacable. El tuit que figura a continuación fue enviado esta misma semana por una diputada del Congreso, con un amplísimo currículum, que fue número uno por Valencia en las últimas elecciones generales y que en su día ostentó cargos de relevancia. Por lo que se intuye, ni fue un error ni se le puede echar la culpa al teclado.

 

La barbaridad ortográfica de Inmaculada Rodríguez-Piñero duele. Como un punzón en pleno iris. Alguien le debió de advertir de la aberración. Sin ruido, eliminó el tuit poco después. Por lo menos tuvo la decencia de no culpar al hijo de Santiago Cañizares, que ya se encargó de mostrar al mundo a su madre en la ducha. En cambio, Rodríguez-Piñero todavía mantiene ese “deshaucio” en su cuenta cuando ella es una de las encargadas de negociar soluciones al drama de los desahucios.

Ni es la primera ni será la última vez que Twitter desnuda las carencias de nuestros políticos. La exministra Leire Pajín, en su día, ya fue ‘revelde’ con causa. Lo peor es que culpó al corrector. El presidente extremeño, José Antonio Monago, dejó de piar tras batir un récord de 2.215 puntos matando marcianitos en DoodleJump. Semanas antes, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, retó a sus seguidores: “¡Obtuve 5.390 puntos en Bubble Shooter Adventures! ¿Puedes mejorarlo?” Los niños cargaron con el mochuelo sin saber que Twitter lo carga el diablo.

El otro día, el periodista @VictorMaceda se hacía eco de la nota de prensa de la secretaria de Política Lingüística del PSPV, Carmelina Pla, sobre la sentencia del Supremo respecto a los repetidores de Acció Cultural para ver TV3: “19 faltas (de ortografía) en 163 palabras”.

Nada extraño en una clase política en la que muchos de sus miembros apuestan por “targiversar” y “tregiversar” por ser incapaces de pronunciar correctamente “tergiversar” en una tribuna de oradores.

No voy a ser ni hipócrita ni cínico. Yo también me he equivocado pero nunca he llegado a ironizar con h.

Para cualquier duda, dos enlaces:

El Diccionario de la Real Academia: http://www.rae.es/rae.html

El Diccionario Panhispánico de Dudas: http://lema.rae.es/dpd/ 

 

 

Por Héctor Esteban

Sobre el autor

Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.


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