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Jesús Trelis

Historias con Delantal

LA CENA MÁS HERMOSA

La caricia es un lenguaje
si tus caricias me hablan
no quisiera que se callen
 (Mario Benedetti)


LA CENA MÁS HERMOSA 

Seguir a míster Cooking: @JesusTrelis

Esa noche en la que aquella hermosa maquinaria de gente que levitaba en la mesa, de duendes que alborotaban sobre ellas y de magos con delantal que unían esfuerzos por hacer posible el reto… esa noche, tu ángel, el ángel de Alba, voló sobre nosotros. Y nos tatuó una sonrisa en el corazón. Un corazón… doce… ochenta, ciento treinta corazones que durante aquella cena latieron juntos por ella. Sí, esa noche me puse a tu lado en sueños y te saqué  a bailar. Un, dos, tres; un, dos, tres…

No dices nada, niña. 
Y nace del silencio
la vida en una ola
de música amarilla;
su dorada marea
nos alza a plenitudes,
nos vuelve a ser nosotros, extraviados.

 

¡Niña que me levanta y resucita!
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!
(Octavio Paz)

 

Mientras todo volaba a mi alrededor -unos sentían, otros hacían sentir- , lloré como sólo los espías lo sabemos hacer y te confesé: “Hay cosas inexplicables en la vida; vinimos a hacerte feliz y, al final, nosotros fuimos felices por ti”Esa noche, entre fados y tacones que retumbaban, entre susurros y sueños espolvoreados,  entre recuerdos de infancia y oscuridades perfumadas… esa noche, mientras dormías, te miré con ternura, te acaricié las manos, tus alas y  tu halo mágico. Te recité ilusiones y te conté locuras…

vinimos a hacerte feliz y, al final, nosotros fuimos felices por ti

Ésta es una maravillosa fotografía de Paco Boigues

Al terminar la cena, mientras todos se abrazaban y se saludaban e iban de un sitio a otro, yo deambulaba por aquella sala con ese espíritu de espía-merluzo que siempre me acompaña en los grandes actos. “Mira que eres raro, Cooking“, me repetía mientras iba acordándome en medio de aplausos y excitación de todo lo que habíamos vivido.

Y viéndolos a todos emocionados pensé en que aquello se había convertido en una experiencia inolvidable para LOS SEÑORES DEL DELANTAL

Recordé que esa noche me puse en la piel de esos cocineros que encendieron los fogones de la Cena de los Sentidos. Y que todos lo hicieron por Alba, sin dudarlo y totalmente entregados. Todos juntos por esa pequeña a la que esas malas pasadas del destino le dejaron con una parálisis que le cambió su vida para siempre.

(Estas tres fotos también son de Paco Boigues, grande!)

Llevaba ya casi un mes siguiéndoles la pista. Infiltrado como buen espía en un grupo de esos de whatsapp que tanto se estila. Y la verdad, mi admiración por ellos fue creciendo. “En estas cosas siempre acaba habiendo egos de uno o de otro… pero aquí no”, me confesó uno de ellos. Seis, siete, doce… no sé, yo vi muchos cocineros, se juntaron de forma desinteresada para hacer la mejor cena del año. Cada uno aportando su alquimia para hacer más mágica aquella velada… Y disfruté observando a Vicente Patiño y a Julio Colomer, y a  Germán Carrizo y a Carito Lourenço, y a Jorge de Andrés y a Joaquín Schmidt… Y a Javier Andrés y a todo el equipo de sala, a Iván Talens y los suyos, a Jaume Galán… a los Vicentes, el señor de las ostras, el del socarrat , a Nacho, a Sergio… ¡y yo que sé cuantos más! Me puse en la piel de ellos y vi que no existía más que uno. Un gran chef que era argentino y setabense, de Ciro y Vertical, que dominaba los salados y los dulces, que era maestro y aprendiz

Todos ellos bajo la piel de

un único cocinero que nacía

y moría

ese día para cocer

un maravilloso sueño

  😉

Una cucharita de aceituna negra y azúcar moscovado; una revuelta de microverduras aciduladas; una empanadilla de atún envasada; un bloodymary en una cuchara; un rollito vietnamita con rabo de toro y experiencias cítricas; unas galletas rebozadas… maravillosas y divertidas y entusiastas; un huevo frito con panceta y parmesano y trufa y muchos ánimos…; una cucharita de maíz; unas carrilleras en escabeche con agujeros de patata; un bombón cítrico, y chocolate extrem… Un menú de lujo para hacer latir el corazón.

 

 Y en mitad de todo ello, el pan de Alba del grande Jesús Machi. Siempre solidario. Siempre al lado.

(fotografías robada a 😉 Ximo Carrión)

 

Vi a Vicente Patiño muy… muy… emocionado, a Jorge totalmente fascinado, a mis chicos argentinos haciendo más grande su grandeza, con su sonrisa perpétua.  “Este es el camino”, me repetía Germán, siempre envuelto en sueños…

 

En mi cabeza sonaban violines, y contrabajos, y flautines… y Vivaldi, y Chopin… y un piano melácólico. Mientras recordaba todo esto, allí deambulando en mitad de aquella sala repleta, cerré los ojos y hablé con ella. “Has conseguido algo bien mágico. La unión entre ellos… Y qué grande es ese Julio Colomer… fantasía y verdad con patas y patillas… ¡Y Joaquín! No conocía a Joaquin… y me caía la baba al verle ir de aquí hacia allá..”, le fui explicando a la pequeña en mi sueño “Creo que han descubierto que juntos son más y mejores y que pueden conseguir metas increíbles… Al final voy a querer a esta tropa 🙄 y no podré ser un superagente objetivo…”, le confesé. “Soy un blando”, me dije.

  😳

Perdido por la sala, dirigí mi miradas a ellos: EL PÚBLICO. Esas ochenta personas que acudieron a la Cena de los Sentidos a dejarse llevar por ella….  Que acudieron para ayudar a que Alba pudiera seguir con su tratamiento. Me puse en la piel de ellos y me dejé llevar, como quien se entrega a ciegas a la historia más hermosa que pueda uno vivir. Confiados, tras el antifaz, todos volamos sin más… La mujer de rostro tierno, el joven con barba hispter, la cocinera archifamosa que quiso sumarse a la fiesta, los familiares, los amigos, la pareja que se quería subir a una nube… Su nube. La nube

Y cuando la oscuridad se apoderó de ellos, llegaron LOS DUENDES. Y afloraron los sentidos. Y vi la maquinaria perfecta recorrer aquella sala repleta de oscuridad y de azules. De morados y de estrellas. De naranjas y de rojos y de nubes y de lunas y de sueños . Colores, pasos, suspiros, voces que rompen el hielo, el hielo que se pasea por la nuca, una caricia que es como un verso, una pluma, un dedo que recorre la espalda, un resquicio de la memoria que se escapa, un viaje al pasado, un paseo por la nada, una cometa… Voces hermosas, canciones que suenan a nana, una vela que se apaga, un beso, un baile, un tarro que esconde una galleta y en ella, el zapato de una princesa.

Era la cena de los sentidos.
O mejor, no era la cena de los sentidos.
Era la cena por Alba.
Y ella era quien te acariciaba,
y te besaba
y te saca a bailar….
Y te cantaba
 
 

LA HUIDA

Mientras la gente comentaba sus vivencias, envuelto en la emoción, decidí abandonar en silencio aquel encuentro. Un par de ‘hastaluegos’, mi felicitación tímida a Javier Serrano por lo que había hecho, una mirada tierna a la madre de Alba sin que se diera cuenta, un suspiro y la huida. Demasiadas emociones.

Fui al ascensor y entré en él. Por una ventanilla de la cabina podía ver la ciudad sumida en la oscuridad de la medianoche. Los árboles iban locos. Tensas ráfagas de viento no les dejaban tranquilos. Las luces amarillas de las farolas temblaban y sus reflejos dibujaban figuras que parecían imaginarias. Luciérnagas danzantes. Observé mi sombra reflejada sobre el cristal del ascensor. Qué mayor te estás haciendo Cooking”, susurré pasando mi mano por la frente despejada.. Volví a mirar atentamente el reflejo de aquel cristal y vi a Alba. Vi a Alba. A Alba. Alba.

 

Sentí un sobresalto, un sudor frío. Intenté tocar aquel rostro. Acerqué la mano al cristal en busca de ella. Pero había desaparecido y  me precipité al vacíooooo. Las luces amarillas que parecían luciérnagas se convirtieron en pequeñas mariposas, pequeñas campanillas que me cogieron y me levaron hacia arriba, hacia las estrellas, hacia la luna… “¿Qué me está pasando?”, grite con el estómago encogido. Y allí, entre la oscuridad repleta de azules, le volví a ver a ella. “Alba, Alba… Mira que cena han celebrado por ti allí a bajo”, le expliqué señalando a La Rambleta…

Estaba emocionado, queriéndole contar de golpe, con un puñado de palabras atropelladas, lo que había sucedido. “Hemos sido muy felices…”, le dije. Alba sonreía, creo que bailaba con las luciérnagas mientras yo le hablaba…  Intenté seguirle, sumarme a su danza en mitad del cielo estrellado… Quería darle mi regalo. Lo que mejor se hacer. Quería regalarle mi sueño. Un sueño  “Esto es por ti”, le susurré.  Y entonces el cielo se abrió en dos y una intensa lluvia de luciérnagas nos inundó, y la Luna empezó a hacer piruetas, y Marte cantó milongas mientras Venus tocaba la trompeta…. Y una nube dibujó un inmenso corazón en el que se leía…

ESTO ES POR TI

 

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Si no PERSISTE en la memoria, todo dará igual. Si no hay poso, NO HAY FELICIDAD.  Si todo es un instante de emociones desatadas que brotan como la espuma en un champán pero luego se derraman y se marchan por la nada, por la cárcava del olvido… si el recuerdo huye, SEGUIRÁS VACÍO. No habrás entendido, o no habrás podido entender. Si esta historia se va de tus manos, vuélvelo a intentar. Historias como la de Alba te esperan vivas en la ciudad PARA HACERTE FELIZ. 

 vinimos a hacerte feliz y, al final, nosotros fuimos felices por ti

Y mañana, si te apetece te ofrezco con LAS PROVINCIAS (papel) el MENU DE LAS ESTRELLAS con cuatro protagonistas de aúpa: Jorge de Andrés; Manolo Alonso, Miguel Barrera y José Manuel Miguel. Ya sabes… yo no me lo perdería, pero claro… soy el espía que escribe estas locuras.

Besos y versos para todos

 

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


diciembre 2014
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