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Jesús Trelis

Historias con Delantal

El puchero, la paella y otras cosas de mamá

 

LA COCINA DE MAMÁ

se sube al teatro

 El puchero, la paella y otras cosas de mamá

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Fotos de la representación: David Ruano, el resto de Cooking, J. Trelis

Toma asiento. Busca sitio. Tu butaca. Fila 11. Levantamos el telón del Olympia. O mejor, el telón del escenario de tu casa. Del teatro de la vida. De tu vida. Toma asiento y disponte a conversar. A degustar, a disfrutar, a engullir, a saborear… palabras, diálogos, miradas, abrazos, complicidades…. Disponte a meterte en la cocina de mamá. Puchero, sopa, bonito con tomate… restos de paella en la nevera. Todo ello sazonado por una cocinera de 82 años (mamá) y un cincuentón inundado de circunstancias (Jaime). Mamá y Jaime. María Galiana y Juan Echanove.

Foto David Ruano. Pentación Espectáculos

 

Señoras y señores, con ustedes, una Historia con Delantal titulada

CONVERSACIONES CON MA

(o sea… el puchero, la paella y otras cosas de la mami)

 

¿Quién me iba a decir a mí que, aparte de emocionarme, iba a encontrar allí una nueva Historia Con Delantal? ¿Quién me lo iba a decir? Allí, entre ellos dos, saltando con mi imaginación de la fila 11 hasta el escenario. Colándome en la platea para hacer todavía más real lo que ellos interpretaban con tanta, tantísima veracidad. ¿Quién me lo iba a decir a mí que esa noche de teatro iba a enamorarme de mamá, a sentir el cincuentón que llevo dentro buscando caricias en el pasado que alivien desazones del presente e incertidumbres de futuro? Allí, ante el escenario, iba a descubrir unas maravillosas conversaciones que sentí como mías. O me hicieron sentir mías. Conversaciones que rezuman filosofía, sociología, historia, recuerdos, imágenes, verdades, risas, abrazos, caricias, lluvia…. Lluvia. Y cocina. Rezuman también cocina. La cocina de mamá. Esa que es, en esencia, todo.

 

¿Qué por qué eso que algunos llaman una obra de teatro es en verdad (o es también) una historia con delantal? Me sobran los motivos –y que me perdone esta osadía mía el maestro Santiago Carles Oves (autor del texto que da pie a la obra dirigida por Juan Echanove)-. Te diría porque la historia transita por una cocina, porque sentí sus aromas, porque todo estaba repletos de recuerdos y reflexiones que igual se cocían al ritmo de un té que de un puchero, de unas sobras de paella que de un bonito con tomate. Pero sobre todo es porque María Galiana allá a lo lejos, desde su escenario, desde su cocina, me miró a los ojos con esa mirada tierna y al tiempo feroz, con esa familiaridad reconfortante y al tiempo cómplice, y me atrapó. Por todo eso y mucho más que te voy a contar, esto es una historia con delantal.

Foto David Ruano. Pentación Espectáculos

 

I. LA COCINA

Nuestros días irremediablemente pasan  ligados a ella. Ese lugar de la casa en el que a diario se cuecen nuestras rutinas. Y también las magias. María Galiana, la mamá, lo desliza en la obra. Lo dice a su manera. La cocina es donde acaban siempre todos. Es el epicentro de nuestras vidas.

Foto Jesús Trelis

 

En la cocina siempre encontrarás todos los sabores y los sinsabores de la vida. Allí siempre se cuecen las conversaciones más íntimas, las más divertidas, las más inesperadas, las frías y perezosas de un nuevo día, las sugerentes y más atrevidas. Allí, mientras las ollas humean, el horno acaricia a poco fuego un cordero, los platos vuelan, de un sitio a otro, llenos de aperitivos, quesos, versos hechos salchichas… Allí te cuenta tu esposa que ya no os queda dinero, que el vecino ha muerto, que la pequeña ha sacado unas notas para quitarse el sombrero, que el día en el trabajo ha sido denso…

En la cocina se cuece la felicidad que luego llegará hasta la mesa y la llenará de sonrisas y de esos… “qué bueno, yo repito, quiero más… te quiero”. En la cocina, recogiendo platos y con el vino haciendo estragos, los amigos confiesan cotilleos, la familia pule sus secretos, el hijo le dice a la madre que está viviendo malos momentos, que se quedó sin empleo… María Galiana –a la que ya le confieso mi amor- tiene razón. La cocina es el epicentro de la vida. Y la obra que interpretan es la mejor muestra de ello. La cocina. Todas ellas.

Foto Jesús Trelis

II. EL PUCHERO

Uno de los platos que se cuece en la obra. Y no es casualidad. Imagino que el sabio de Echanove lo coló. No en vano, el puchero es, y de largo, el plato más familiar. El que todos los hijos añoramos. La sopa, el arroz blanco con ese caldo que obra milagros, la carne que se deshilacha como el hilillo de una enagua, los garbanzos que parecen versos sueltos… que son las cuentas de un collar que se cuecen a base del borboteo dentro de esa malla de ganchillo que quizá te regaló tu suegra. La suegra. El puchero (con gallina) que hace mamá es sinónimo de casa, de calidez, de navidad, de abrazo, de caricias. Si, de nuevo caricias. Caricias de caldo.

Agitando mi memoria culinaria, a lo Mister Cooking añorando su pasado, recuerdo un puchero espectacular que ya no podré probar jamás, porque lo comía con amigos –cosas de espías pirados- en un pueblecito de montaña alicantina llamado Famorca. Un lugar donde Pura hacía un puchero con pilota de dacsa que te hacía flotar. Un puchero de esos que podríamos decir de verdad. Como los de mamá.

El puchero marca los días. Ropa vieja, arroz al horno, una sopa… todo pasa por él. Puchero glorioso. ¿No te quedas a comer? Claro que me quedo mamá. Claro que me quedo.

 

III. EL BONITO CON TOMATE

También se coló. Y escuchando hablar de él a Echanove convertido en el torbellino de Jaime, casi lo pude catar. Me gustó imaginar esa olla repleta de bonito con tomate. Aunque sobre todo sentí el aroma del tomate…Su color rojo casi sangre, brillante… El pisto. Imagino el pan entre mis manos mojando y mojando y mojando… ¿no es el pisto el compañero más internacional de nuestros PLATOS? Un pisto magistral te puede hasta cegar de amor. Pasión. ¿Y el bonito? Mira… a  mí al hablar de bonito, uno de mis bonitos preferidos, en este caso en frío, lo sirve Camarena en su Canalla Bistro. Su rulo de tartar con aguacate es una suave delicia. Un plato delicado. Fresco.

Pero quizá, si te destaco este plato que se cuela en las conversaciones de Echanove y Galiana, es porque al hablar de él te transmiten la imagen de alguien encaramado en mitad de la noche a una olla con ese bonito con tomate. Que podría ser cualquier otro plato. Quién no ha vuelto de fiesta y ha ido a buscar en la nevera restos de comida y de golpe ha visto cómo mamá tenía allí su guiso que te esperaba.. y te has volcado con él de madrugada deseoso, ansioso, feliz. La nevera te da sorpresas, a veces maravillosas, cuando tras ella está la firma de una madre.

IV. LA PAELLA DE AYER

Y hablando de neveras, y de sobras quizá maravillosas, te hablo de la paella. Ella también tiene su hueco, cómo no, en la representación. (Claramente adaptada para el público valenciano, ¡digo yo!). En ella, Jaime, el protagonista en el mano a mano con mamá, lanza el reto: ¿No está mejor la paella el día después pasadita un poco por la sartén?

La verdad es que no debe ser muy ortodoxo decir que sí, pero lo que no le cabe ninguna duda a este espía es que la paella, con el arroz reposado, gana en enteros de manera trepidante. Incluso 24 horas después puedes descubrir en ella esos matices, esa magia, que quizá en el momento de tomarla no encontrabas.

Pero bueno, eso lo preguntaremos en la próxima edición del concurso internacional de paella de Sueca, que allí están los que saben. Sea como sea, la realidad es que, al igual que pasó con el puchero, en Conversaciones con Mamá logran a través de este plato concentrarte, meterte aún más en los personajes. Vivir muy de cerca la historia. Porque la paella especialmente, y el arroz de forma poderosa, tiene unos lazos de unión que compartimos todos. El arroz es sagrado, y la paella de los domingos algo así como un milagro colectivo.

El propio Echanove me recordó en una conversación que su preferida es “una paella de hígado de rape, ajos tiernos y colas de gambón que prepara mi amigo Germán Ros (un maestro); compartida entre amigos valencianos… muy críticos y exigentes”. La paella de la que llegan a hablar en esa cocina la mamá de 82 años y ese hijo de 50, es la paella que todos tenemos grabada en la memoria. La reina de la fiesta.

V. LA COCINERA

Y dicho todo esto, vamos acabando esta representación. Conversaciones con Mamá es una historia con delantal sobre todo por ella. Porque todos tenemos inundada la memoria y los sentimientos de lazos que unen ambas cosas. Madre y cocina. Incluso abuela. Y ojalá fuera más frecuente también el padre. Quizá con el tiempo eso cambie. Pero la madre lo es todo. Sus guisos son ese aliento cálido que necesitamos a menudo. Los macarrones de mamá, sus albóndigas, sus coca de llauna, el arroz con conejo, su sangueta… esa carne rollada hecha a su manera que nadie superará. Quizá, si te preguntara a ti, me hablarías de canalones, o quizá de tortillas de patatas, de marmitakos… Todos al recordar a mamá en la cocina, al recordar sus platos, dibujamos una sonrisa en el alma.

Foto David Ruano. Pentación Espectáculos

Y María Galiana lo borda. Logra transmitirte tanta ternura y tanta vitalidad y al tiempo tanta nostalgia y melancolía y bienestar… logra transmitirte tanto y de manera tan magistral, que te enamora. Yo me declaro totalmente rendido a sus pies. Escuchándola salto, salto… vuelo. Ella se convierte durante hora y media en la madre de todos.

 

VI. EL COMENSAL

Y luego está él. El que necesita esa sopa, ese puchero. Está él y estamos todos con él. Porque todos necesitamos en mitad de la jauría, llegar hasta aquella mesa en la cocina, sentarnos en ella y que nuestra madre, tu madre, aquella que te repeinaba y te regañaba y te mimaba y requetebesaba… que ella te sirva su consomé y con él entre en su interior toda la magia. Esa que te reconforta para seguir la batalla.

Foto David Ruano Pentación Espectáculos.

Todos en parte somos Jaime y sus problemas o alguno de sus problemas e inquietudes. Todos somos el hijo, el cincuentón, que acaba acurrucándose en los brazos de la madre. El comensal que llega a la mesa de la cocina para que le sirvan doble ración de cariño.

Echanove logra que te metas en su piel, o él se mete en la tuya, y te hace sentir bien y mal y triste y feliz, y al tiempo hambriento e inquieto y divertido e impactante y algo soñador y cansado…  Mil caras que son un poema. Eso es él. Un poema. Quizás de Alberti, quizás un Benedetti. Un García Montero…

Esta foto pertenece a Echanove.

Las palabras son barcos
y se pierden así, de boca en boca,
como de niebla en niebla.
Llevan su mercancía por las conversaciones
sin encontrar un puerto,
la noche que les pese igual que un ancla.
 
Luis García Montero

 

VII. EL RECUERDO

Queda al final el recuerdo. Como pasa con los buenos platos que siempre perviven en tu memoria. No puedes olvidarlo. Quedan de aquella tarde-noche de teatro, escenas, palabras, pensamientos. Aromas, sabores, luces, sombras. Conversaciones con Mamá que son como un buen puchero un día de lluvia en el que acabas empapado de añoranzas y ternuras. Eso es Conversaciones con Mamá, un buen puchero hecho con un poquito de gallina.

¡Viva el teatro! ¡Viva el teatro de la cocina! Bon profit

 

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Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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