CAP1.- ARROCES DE LUJO, TACOS Y ASTRONAUTAS
Tenía tantas ganas de comerse el verano que le salió una chicharra tragona y… se lo zampóMicro Cuentos by Mister Cooking
Un lugar donde los arroces los sirven al cuadrado…
…y son una extensión del Paraíso.
Un cocinero que fue a la Luna, y al mar, a la tierra…
…y ahora su vida es una espiral metida en un museo.
Una taquería en la que te sacan la lengua, y el cordero…
y los camarones te hacen llorar… Llorona
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Llevo mucho tiempo por las nubes, pero me da que este verano te vas a despeinar si sigues mis pasos. Mi rastro. Pienso volar más rápido. Sin parar. Y te diría que más alto. Muy alto. Aunque por las mismas me da por ir por lo bajo, muy bajo. Tengo ganas de experimentar, de vivir, de disfrutar, de sentarme ante una mesa y dejar que las saetas del reloj se desplomen de pereza al ver que de allí no me mueve ni las cinco, ni las seis, ni el dichoso hechizo de medianoche que le dejó sin carroza a Cenicienta. Zapatitos de cristal.
Tengo ganas de besar servilletas, de acariciar manteles, de conquistar cebiches y tartares y arroces siderales, de enamorarme de sirenas entre sorbos de olorosos y de recitar cantares o cuentos de Monterroso:
“Dios todavía no ha creado el mundo; Sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso”Tengo ganas de despertar a la chicharra que llevo dentro, de desplegar mi delantal -el supersónico, el de neopreno, el que les robé a Lucas y Adrián, crea-magias del pespunte-; tengo ganas de volar entre cielos de mil azules y las noches del dragón. Ganas de compartir manjares con esos amigos que siempre estuvieron, que siempre están; de llenar los postres de recuerdos, de soltar carcajadas que destierren las tensiones, de derramar lágrimas cuando afloren las emociones. Ganas de descubrir qué me depararán mis sueños de verano (a lo Shakespeare versionado): qué arroces probaré, qué locales descubriré, qué decepciones me llevaré, qué Historias con Delantal trazaré embriagado de mediaslunas y soles desbocados.
Tengo tantas ganas de libertad que te abro mi diario de par en par para contarte las aventuras de esa chicharra que cuando llega el verano nace en mi interior. Una chicharra devoradora de ilusiones, zampasueños, tragalunas. Intrépida criatura con pajarita imaginaria, chistera estrafalaria y el delantal como única arma.
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La chicharra que llevo dentro me cantaba ya queda menos: “estás en la cuenta atrás, atrás, atrás, atrás”. Necesitaba sacar mi delantal a pasear. Volar lejos. Pero antes de partir, tenía algunas cuentas pendientes por resolver. Visitar a una llorona, investigar a un tal Rice y acompañar a un astronauta que aterrizaba en el MuVIM (Conocido como Museo de la Ilustración). Así empieza este diario…
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PRIMERA PARADA
Sábado, 19 de julio. Taquería La Llorona. Pintor Salvador Abril, 29 (Valencia). Mi primera cita, una vez más, era en el barrio de Ruzafa. Tendrán que ponerme al final una calle o una plaza. (Avda. Mister Cooking –apunte, sr. Ribó-) Era la una y media y, para evitar que mi misión se truncara con el pretexto de “no nos queda mesa”, me coloqué bien pronto en la puerta de La Llorona.
Una taquería -¡viva México! (estilo Ikea personalizado con mucho guiño ‘ándale’)– con encanto. “Noto cierto hechizo en sus maderas”, me dijo mi chicharra. “¿Qué quieres tomar?”, me preguntó amable y simpática una sirena que por allí andaba. “Lo que tú consideres”, contesté haciéndome el interesante (a lo Cooking camuflado). “¿Te dejas llevar?”, me insistió. Moví la cabeza diciendo sí, parco en palabras, para que no se notara demasiado que estaba allí para espiar lo que ocurría en ese local que llaman La Llorona por lo mucho que disfruta el comensal. Y he de decir que yo también lo hice. Disfrutar. Casi tanto como Speedy González correteando por aquel México de los dibujos animados.
1. Un cóctel de camarones que he de reconocer que se ha quedado instalado en mi memoria: sus camarones, su cebollita tierna, su cilantro controlado, el pepino, el aguacate… y una sala de los tres chiles que ándale, ándale, ándale. Maravilloso. Hizo cantar a la chicharra.
2. Llegaron después tres tacos. Uno de lengua de ternera, simplemente delicioso; otro de cordero, que era esencia de recuerdos con sabores intensos; y un tercero, perfectamente ejecutado, de solomillo, en el punto, jugoso, empapando de alegría mi alma aventurera. Con su pimiento, su cebollita, su salsita juguetona…
3. Para acabar, por eso de hacerles pasar por la prueba final, un postre. Un postre en una taquería. Y la verdad, valía la pena. Refrescaba y me traía a la memoria todo un pasado repleto de esos sabores que me encantan: manzana, avellanas, mouse con connotaciones de galletas, crujientes, dulces… Tan rico que tienes la sensación de estar pecando al comértelo.
Todo esto, con dos cervecitas mexicanas, unos 25 euros. Me fui feliz y cantando, claro…
Yo soy como el chile verde, Llorona Picante, pero sabroso
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SEGUNDA PARADA
Martes, 21 de julio. Rice. Urbanización Sierra Cortina (Benidorm). Había marcado en mi agenda: llamar a Kiko Moya. Ese día abría sus puertas un tal RICE. En Benidorm. “¿Benidorm?“, te preguntarás. Sí. En Sierra Cortina Resort. Allí han aterrizado, casi como llegados de otro mundo, los arroces al cuadrado. “¿Al cuadrado?“, volverás a preguntarte extrañado. Si, al cuadrado. Esos arroces en ‘llauna’ que en manos de Kiko Moya parecen bendecidos.
Arroz x Arroz= Arroz2
Rice promete placeres extra-arroceros de dimensiones interplanetarias. Kiko Moya y Alberto Redrado -los capos de L’Escaleta– son los culpables (junto a alguine más… es lo que tiene ser espía) de tal convulsión gastronómica en el corazón más ardiente del turismo a orillas del Mediterráneo.
“¿Qué llevas entre manos que la vas a liar?“, le pregunté a Kiko una hora antes de que empezara la primera función en su nuevo restaurante. “Queremos darle un aire diferente a los arroces”, me fue explicando. Rice suena potente. Habla de turismo, de raíces, de ir más allá de la tradición, de frescura y desenfado. “Quizá queremos hacer algo bien difícil, como poner una bandera en un lugar en el que el arroz es ya protagonista. Pero lo queremos hacer con respeto, sin competir. Ofreciendo otra forma de hacer el arroz, sin provocaciones, sólo intentando transmitir sensaciones…“, confesó. Y a mi eso de Rice me sonó que es un primer paso, que quizá pronto llegue, como los arroces. RICE AL CUADRADO.
Escuchándole recordé la primera vez que probé un arroz en ‘llauna’ de Kiko Moya. Fue uno de los momentos en los que más me he emocionado en esta vida de espía tomando un arroz. Es cierto que luego mis viajes con el delantal me han hecho disfrutar de muchas otras propuestas. Y muchas realmente excitantes. Pero aquella fue como… como la primera vez. Placer extremo. (Llévelo hasta el límite que usted quiera). Fue un arroz de caza. Luego vinieron otros. Pero éste…
En su carta de RICE (Adelantado me ha echado un cable en mi misión como espía) leo, entre otros, el de conejo y caracoles y el de ortigas de mar. Y el de sepia y arroz negro (este también lo he probado) y el de bacalao (tengo pendiente el de tripas). Eso sí, hay pescado y carnes y entrantes… ¿Qué tal un carré de cordero asado con berenjenas a la llama y miel?
Alberto Redrado es un volcán de sabiduría (a mí me fascina escuharle) y Kiko Moya uno de los mejores cocineros de este país, sin más. Sin exagerar un ápice. Él, su cocina y su montaña son mi pura debilidad. No lo puedo (ni debo) ocultar. Suerte Mister Rice.
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TERCERA PARADA
Miércoles, 22 de julio. Museo del MuVIM. Valencia. Inauguración de #PaisatgesTransformats. La plataforma de aterrizaje de este astronauta de la cocina que ha sabido a través de sus creaciones trasladarnos, en cada una de sus propuestas, a su galaxia.
La exposición del MuVIM tiene mucho de eso: de viaje sideral. Porque por medio de ella te metes en el laberinto paisajístico de la cocina de Dacosta. Beatriz García, de QB Arquitectos, de donde partió la idea de realizar la muestra, asegura que ha sido entrar en una espiral a través de la cual se han ido trazando, entrelazando, todo. Como su nudo de navajas, que adoro. Cómo no.
Lo cierto es que la muestra es divertida, repleta de guiños, con destellos de genialidad. Una muestra que es simpática, apetecible de ver, de devorar, de comer… Interactiva y emotiva. Paco Torreblanca y familia ha hecho las recreaciones de los platos en azúcar-cristal (trepidantes) y una muestra fotográfica de Sergio Coimbra se mete en cada plato.
Una rosa que parece que se va a quebrar, un cubalibre de foie hecho fantasía, un salmonete que es un homenaje a Mark Rothko, una ostra Guggenheim que es pura elegancia. (Para hacer sonar las alarmas y llevártela a casa) y hasta un arroz cenizas que huele a tierra quemada, a origen, a historia…
Un flash, dos flashes, tres flashes… durante las dos horas que duró la inauguración el chef no se cansó de acceder a una, dos, tres mil fotografías. Amigos, colegas, familia, su gente… y más gente. Y hasta espías. Vi en mitad de la multitud, un buen puñado de conocidos. Hablé con Javier Andrés (La Sucursal), saludé al siempre admirado Ricard Camarena y Mari Carmen y a Luis Felipe (que luego dirá que no lo cito ), me emocioné con Vicente Patiño (feliz con la cocina que ahora hierve en su Saití), salude a Lucas y Adrián (Siemprevivas power), conocí a Sol, vi a la familia Torreblanca, departí con Cesar Marquiegui y la bloguera Fámita García, salude a otros espías gastros y escuché las explicaciones de Beatriz García sobre cómo empezó todo esto. Y hasta pude abrazar a Nazario Cano, recién llegado de Xàbia donde sigue conquistando mares en El Rodat. De todo un poco en ese lleno hasta la bandera en el que no me sentí demasiado merluzo. O sea, que me moví como pez en el agua. (¿Me estaré haciendo mayor?)
(Una de las muchas fotos, en este caso con la familia Torreblanca)
Por cierto, para la sección de moda, Quique, como siempre, impecable: azul mar, de pies a cabeza, puro Mediterráneo, muy accesible, feliz. Se le veía muy feliz. 😆 Lo merece. Eso es así. No le faltó ni su pañuelo en la solapa. (Ganas de ver el catálogo)
Al salir del Muvim (la muestra está de entrada hasta el 29 de septiembre), las calles estaban mojadas después del gran diluvio. El verano también tiene esto. Era ya noche casi cerrada. Alguna estrella asomaba en un cielo que se dormía. A su alredor vi sirenas. Sí, de verdad. Y creo que algún dragón. Los síntomas estaban claros. Necesitaba mis vacaciones chicharra. Todo estaba listo y la aventura debía empezar.
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VOLVER A EMPEZAR
Viernes, 24 de julio. Saqué mi delantal. El de neopreno, sí. “Vamos. Ha llegado el gran día”, le dije a mi chicharra tragona. No aguantaba más. Abrí la ventana y empecé a gritar: “Tengo ganas de almuerzos como Dios manda, de pan de verdad, de olivas, de vino de la casa, de un bocadillo con queso blanco, tomate y mojama. Tengo ganas de aterrizar en Azurmendi, de vivir a Eneko, de explorar Nerua, de descubrir el Rice de Benidorm, de Dacosta si se tercia, de conquistar El Rodat de Nazario, de volver a besar a Audrey’s, de ir al sur y saborear el norte, de mar y de montaña, de reencontrarme con mis arroces ansiados, de tapear de un lado a otro sin más, sin menos. Un gazpacho, un melón, una mazorca tierna, un trozo de carne vieja, ¡un helado de regaliz! Quiero disfrutar de una interminable sobremesa en la que acabar rompiendo olas y chocando copas mientras reímos gestas y recitamos aquellos versos que nunca me atreví a escribir.
Una mesa hechizada, una sobremesa con alas; cucharas con lunas, texturas de soles; sirenas y dragones cortejando tus sueños…
En próximos capítulos de…
Diario de Una Chicharra Tragona
Las andanzas de Mister Cooking en un lugar llamado Bilbao. No te cuento más.