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Elegantes y distinguidos
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César Campoy | 15-02-2017 | 12:48

Santero y Los Muchachos brindan una lección de rock clásico y meditado con su primer larga duración, un brillante y pulido Ventura

 

Miguel Ángel y Joseman Escrivá, Soni Artal y Marc Guardiola no podían haber elegido mejor tema que Abrácese quien pueda para abrir Ventura (Actúa Music), el delicioso larga duración que este cuarteto de curtidos e inquietos músicos ha tenido a bien marcarse. Sonidos elegantes, reposados, meditados, que beben de lo clásico; una imagen y puesta en escena dignísimos; textos de altura, ora agridulces, ora golfos; la emoción de la pieza que da título al disco, lo épico que emana de la recta final de Esté donde esté… Hace un par de años, un epé autoeditado, Buenos y malos, pareció avanzar que Santero y Los Muchachos habían llegado para quedarse. No obstante, de repente, alguien pareció pulsar la tecla de ‘pausa’, hasta ahora: «Efectivamente, este proyecto nació para quedarse. Nació de la necesidad de desarrollar algo de carácter más personal que con otros proyectos no podía desarrollar, y ha sido precisamente ese juego a varios balones lo que dejó esto algo rezagado. De puertas hacia fuera hemos aparentado un parón, pero en la sombra le hemos dado forma, y prueba de ello es el disco que ahora presentamos. Un repertorio más extenso que, creo, nos dará el público que necesitamos para convertir esto en prioridad absoluta», aclara Miguel Ángel, alma del proyecto.

 

El relax de los vaqueros, por Daniel Sánchez

Tan convencido está el combo de que aquellos primeros temas siguen teniendo vigencia que, de hecho, han sido recuperados (algunos, vueltos a grabar) para formar parte de un trabajo que ha sido registrado, prácticamente en su totalidad, en los estudios Elefante Musice, junto a Paco Morillas: «Elefante Musice, en 2015, abría sus puertas en unas instalaciones realmente atractivas. Una sala de grabación estilo Studio Two de Abbey Road que no hay en toda la ciudad, y nos sedujo desde el primer día, como también su buena microfonía y backline técnico en general. Además, con Paco Morillas y su socio Alberto Díaz compartimos códigos similares a la hora de hablar de sonido retro, algo que también buscábamos para ciertas cosas».

No obstante, para dar forma a una de las criaturas, Dani Boy, Miguel Ángel y los suyos optaron por contar con otro viejo amigo, Carlos Soler, una especie de ‘quinto santero’. ¿La razón? «Con Carlos tan sólo hicimos, de cabo a rabo, una canción, pero no una cualquiera: Dani Boy tiene un desarrollo poco usual, una estructura y progresión que Soler no sólo iba a comprender, sino a disfrutar también. Hay mucha admiración hacia él y, aunque la canción ya estaba producida, queríamos que le diera sonido y más alma, si cabe. Grabamos también algunas pistas de Homenaje y Oaxaca, y en las tres piezas fue divertido pasarnos las guitarras y el bajo como una litrona, unos a otros, de tal modo que, en una misma pista, puede haber más de uno tocando el mismo instrumento. Carlos es un gran músico y ejecuta de lo lindo, con mucha precisión y estilo», confiesa un Miguel Ángel que, hoy por hoy, parece haber llegado a la conclusión de que el Santero, más que nunca, necesita de sus Muchachos. Tan sólo esto explica la mayor importancia que va adquiriendo el resto de la banda en esta aventura: «Con los años, uno sabe lo que quiere, y cree poder hacerlo todo. Las demos estaban muy avanzadas en mi casa y te echas al ruedo con el resto de músicos con algo de recelo por si proponen o cambian demasiado las cosas… Pero ellos no sólo saben lo que yo quiero, sino que también buscan los mismo, así que, dentro de esos parámetros, potenciaron más el aire de nuestro repertorio. Con esas referencias claras te das cuenta de que más personas en el proyecto son más colores y matices que dan sorpresas para bien; a mí el primero».

 

 

Y, para sorpresas, las que Escrivá y una de las aventuras más sonadas en las que se ha embarcado suelen proporcionar al personal. Sí, hablamos de una La Pulquería que, tras editar disco en 2016 (Lobo de bar) y sumergirse en una sonora gira, de nuevo, parece haber echado el freno de mano: «La Pulquería siempre fue impredecible para todo. Ahora, con la salida del último disco, después de la gira de presentación y de cara a la gira de verano, decidimos cesar de nuevo la actividad. Hay motivos de carácter personal, como también un último semestre algo frenético de involucración que ha llevado al frenazo repentino. No seríamos sinceros si continuáramos sin ganas. Comparaciones no creo que las haya, porque opinamos que no tiene mucho que ver lo que hacemos en Santero y Los Muchachos que, precisamente, nace de un viraje personal y la búsqueda de otros modos de expresión. Lógicamente, hay una relación de trayectoria en el curriculum. Si la encuentran en las composiciones no sólo será bueno sino lógico».

Mientras tanto, sigue sonando un Ventura que será desgranado el próximo 3 de marzo, en la Sala Russafa de Valencia. Grande Amigo infiel, Homenaje, Dani Boy, Buenos y malos… y sigue oliendo a mucho de melancolía, de trago agridulce… Estimamos que esa filosofía tan sólo puede surgir de crear y trabajar las canciones desde una actitud más meditativa. De hecho, no tan sólo los temas recuperados de aquel epé vienen de largo, ¿no es así? «Con La Pulquería aprendí a no tener fronteras compositivas. Nos ficharon en Sony por un estilo que creamos para pasarlo bien, con estructuras y pasajes lejos de lo usual, de lo establecido como comercial, y así fue hasta el último disco. Una canción es lo que ella te va pidiendo, algo así como una retroalimentación donde lo mental está en cómo resuelves los finales y le das coherencia al mensaje, pero lo visceral y esencial, lo fresco, la chispa que te da el impulso, está en el esbozo primero, donde marcas tu personalidad y naturalidad. Si no hay de eso no me pongo a componer sin más. Respecto a la melancolía, no creo que parta de cómo te encuentras una mañana o una noche al empuñar la guitarra, pero sí porque al hacerlo te ha salido una melodía que te lleva a ponerte melancólico, a rebuscar más entre tus tripas y experiencias personales. Efectivamente, Gusano la hicimos mi hermano Joseman y yo cuando teníamos unos 18 años, aunque la letra es actual. La melodía de Esté donde esté es de 2003, y toda la primera parte musical de Dani Boy tiene su origen en composiciones de mi padre de finales de los 80».

 

 

Su padre, señoras y señores, no es otro que Pepe Escrivá, miembro de una de las bandas pioneras del rock en esta tierra, Los Top-Son. Auténtico pilar de nuestra música contemporánea. Constantes escuchas de Ventura nos hacen pensar que, tal vez, el patriarca (que, incluso, llegó a colaborar en el proyecto) ha influido a la hora de definir el aspecto más elegante de Santero y Los Muchachos (esas transiciones, las voces tan trabajadas…). ¿Suele aconsejar o dar su opinión? «Así es. Si bien en la práctica ya hace años que funcionamos solos, muy cierto es que el prisma con el que analizamos las composiciones de otros nos viene dado por él. De alguna manera, eso se refleja en las nuestras propias. Es lo que veíamos cuando él componía en casa también. Siempre nos hizo mirar detrás de lo que es una sencilla melodía. Además ‘las voces son mucho’, en referencia a los coros, es una de las frases que aún nos dice», confiesa un Miguel Ángel que, como el resto de pilares de esta aventura, lleva desde mediados de los 90 del siglo pasado en esto de la música, transitando por varios estadios que les convierten en voces autorizadas para evaluar el mágico, pero voluble momento que vivimos: «Internet ha facilitado las cosas. Existir y darse a conocer es posible a todos los niveles y, a su vez, puedes nutrirte de una gran variedad de estilos y propuestas sin que nos sometan a la escucha monopolizada de las cuatro radios de turno. Eso ilusiona a muchos en todos los estratos de la música. Este mismo mes de presentación nos encontramos con situaciones similares como Pastore, Copa Ilustrada Band, Capitán Booster, Corazones Eléctricos… Eso sólo en Valencia y, en cuestión de un trimestre, además de muy variados entre sí en todos los mencionados hay un denominador común, la autoedición, el ‘háztelo tú mismo’; un pequeño sello y a volar. Además las salas de conciertos programan de seguido, locales de ensayo, los festivales abundan… Claramente hay muy buena actividad. Es palpable».

 

La banda, en reposo, por Daniel Sánchez

Absenta, Mafarka, La Pulquería, Santero y Los Muchachos… Todo ello forma parte de la historia de la música valenciana, pero, ¿también de una evolución lógica profesional y personal, o cada uno de esos proyectos hay que analizarlos por separado? «Mi padre nos permitió, y hasta animó, a ir a extremos sonoros menos melódicos porque entendió que el músico debe buscar su intensidad en diferentes etapas y de forma diferente. Creo que no le puedes decir a un chaval de 16 años que el trash-metal o el punk no es música, que no tiene melodía… Afortunadamente, hemos pasado por muchas etapas, y, aunque parezca mentira, escuchar incluso a Motörhead, Rancid, Sex Pistols, además de The Beatles y todo lo obviamente melódico, es algo muy nutritivo para alguien que debe evolucionar. Todo aquello nos dio nuestra formación, ni peor ni mejor, pero ya que lo preguntas te diré que fue necesaria para estas canciones, aunque recurramos a muchas más cosas de la vieja escuela y el rock and roll más primitivo».

Tantos elementos que se han ido desarrollando en todos estos años… Uno de ellos, adivinarán los seguidores de estos artistas, México, su olor y sus sonidos. Querencia perenne. Amor infinito: «México nos dio un motivo por el que empezar a cantar en castellano; a cantarle al amor y a la muerte a pecho descubierto. Nos dio una sonoridad, iconografía y recursos para crear un estilo y unas canciones. Después fuimos allá hasta en cinco ocasiones y terminamos de interiorizar su sabor e idiosincrasia. Ha sido inevitable nombrarlo en alguna canción de Santero, más cuando tiene esa connotación desenfadada que va tan bien a las canciones», reconoce un Miguel Ángel que no descarta volver a cruzar, ahora con los Muchachos, el océano: «Ya nos escriben del otro lado, aunque, de momento, sólo entra dentro de las ganas de la banda», sentencia.

 

 

Los discos de la semana

 

vineWaltz

I can see it (Hall of Fame, 2016)

El año pasado, Julio Fuertes dejó claro, con su sorprendente epé de estreno, que vineWaltz era mucho más que una simple diversión al margen de su (imprescindible) militancia en Johnny B. Zero. Con esta segunda referencia, por si todavía quedaba algún despistado, y con el concurso de (ojo al dato con la banda) de su inseparable Juanma Pastor, Juan Salvador Izquierdo y Pablo Pérez Soriano (el mago del saxo), Fuertes abofetea nuestros sentidos con esta tremendamente adictiva lección de buen funk, repleto de elementos externos (disco, rock, blues, ¿esporádico reguetón?) que le confieren un poder atrayente insultante, ayudados por una producción, un empaque y unas voces de alto nivel. Incluye, además, dos sorprendentes revisiones de Anderson .Paak (Put me thru) y Nina Simone (una penetrante, dolorosa y sensual Fine and mellow). Algo más que una buena anécdota.

 

Llum

Marieta Ganduleta (Malatesta Records, 2016)

A partir de un proyecto de estimulación lectora para los más pequeños, desarrollado por Eva González y Jesús Sáez, este último, junto a sus Llum (donde se dan cita músicos de, evidentemente, Polar y The Standby Connection, además de Polonio o Arthur Caravan), decidió dotar de un universo musical coherente, compacto y sumamente atrayente a una aventura que, al final, ha ampliado su público potencial. De esta manera, pop tradicional, country, algo de sonido fronterizo e, incluso, cierta dosis de psicodelia espacial, dan forma a esta suerte de fábula repleta de fantasía y espíritu didáctico, que entra a la primera empujada por una dosis de optimismo digna de agradecer.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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