Las Provincias

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La especialización como estrategia en la búsqueda de empleo
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Amalia López Acera | 17-11-2015 | 12:00

Cuando decidimos hacer un curso de formación o aprender una nueva habilidad lo hacemos convencidos de que así vamos a aumentar nuestras oportunidades profesionales. Pero no siempre es así y veamos un ejemplo.

Si soy administrativo y llevo la contabilidad de una empresa, hacer un curso de FacturaPlus o NominaPlus me puede servir para especializarme en esa parcela concreta. En este caso, la formación y la experiencia van todas en la misma línea y se sirven de refuerzo unas a otras. Pero pongamos el caso de que soy un ingeniero de caminos y decido hacer un curso de manipulador de alimentos. Lo hago creyendo que así voy a ampliar mi campo de búsqueda de empleo ya que podré optar a trabajos de hostelería y de ingeniería (este es un caso real de un usuario). Aunque esta persona esté convencida de que esa estrategia de ampliación de conocimientos es buena, la experiencia nos dice que no suele dar buen resultado.

Una de las claves que estamos observando en el mercado laboral es que aquellas personas que apuestan por la especialización suelen tener más éxito que las que optan por ser más “generalistas”. La especialización además no es sólo exclusiva de perfiles profesionales o niveles formativos altos, sino que se da en cualquier profesión y oficio, y generalmente con el mismo éxito.

Un ejemplo de especialización lo viví con una persona a la que atendí hace unos años en la oficina de empleo, y que me mostró como apostar por la especialización puede ser una buena estrategia en la búsqueda de empleo.

Este señor tenía alrededor de 50 años y durante toda su vida había sido fontanero, pero no tenía un título de FP (el actual grado medio), sino que había aprendido el oficio a fuerza de trabajar, y no le había ido nada mal hasta que llegó la crisis. Además, como era muy “manitas”, también tenía conocimientos de electricidad y soldadura según me contó. Llevaba casi dos años en paro y me decía que fontaneros como él “había a patadas”, y no sabía bien qué hacer para salir de esta situación. Si esta persona hubiera tenido 25 años le hubiéramos planteado la posibilidad de hacer un grado medio de fontanería, lo que le permitiría por ejemplo firmar “boletines”, y tendría más posibilidades que otros que no lo tuvieran. Después de ver varias opciones se fue a su casa, y los “deberes” que se llevó fue dar vueltas para ver cómo en su caso podría especializarse.

Al cabo de dos semanas volvimos a tener una cita, esto es muy habitual cuando trabajamos en orientación en los servicios públicos de empleo, ya que no hay recetas únicas ni rápidas, sino que tanto la persona desempleada como el orientador trabajan de forma conjunta durante un tiempo para encontrar una estrategia de búsqueda de empleo que mejor encaje con él y termine consiguiendo su incorporación al mercado laboral.

Me cuenta que había empezado a estudiar alemán. Recuerdo que pensé “este hombre está loco”, pero me explicó cuál era la idea que había tenido. Él sabía que fontaneros como él había muchos, y que si continuaba así, como no sonara la flauta no iba a conseguir trabajo. Había visto en la televisión una noticia sobre la cantidad de alemanes que viven en la Comunitat Valenciana, y se puso a buscar en internet información sobre en qué poblaciones residían, si había inmobiliarias especializadas en la zona, etc… y también puso si había “fontaneros que hablen alemán”. Es más, pensó que sería mejor escribirlo en alemán, así que cogió el traductor de Google y puso “fontaneros que hablen alemán” (Installateure , die Deutsch sprechen), y vio que no aparecía nada.

Durante dos días se fue a visitar esas localidades para ver si había tiendas de alemanes, urbanizaciones, inmobiliarias, incluso preguntó en un bar si había muchos alemanes en esa zona y si estos hablaban más alemán que español. Con toda esa información había tomado la decisión de estudiar alemán, pero no como lo haría una persona que lo que le preocupa es tener un título, sino como alguien que necesita “hablar alemán”. Se había hecho una lista con la ayuda del traductor de Google con los nombres de las palabras más habituales y que sabía que iba a utilizar en su trabajo como cuarto de baño, grifo, rotura de agua… e incluso frases hechas como “¿dónde está la llave de paso?”.

Lo que hicimos a partir de ese momento es definir su estrategia: su aprendizaje del alemán lo acompañaría con cursos gratuitos online que hay en internet (aulafácil, alemansencillo…), se apuntó a los que teníamos en el SERVEF  y además buscaría un profesor particular algunas horas para reforzar. Reelaboraría su curriculum y lo adaptaría para diferentes perfiles: persona de mantenimiento de edificios y residencias con alemán (para cuando fuera a urbanizaciones u hoteles), fontanero con alemán (para dejarlo en edificios)…. Además haría el curriculum en alemán para poder entregarlo y carteles ofreciendo sus servicios para dejarlos en los tablones de anuncio de edificios y conserjerías y en las tiendas donde acuden los alemanes (el profesor de alemán podría además ayudarle a redactar los textos).

Esta persona no dejó de seguir buscando como lo había hecho antes, no se trata de optar sólo por una opción, sino que además se había especializado para un colectivo concreto (alemanes) y en un ámbito geográfico concreto (dónde viven) en el que sabía que había poca o ninguna competencia, por lo que sus posibilidades se habían incrementado.

Poco después le perdí la pista, algo que nos ocurre en la mayoría de los casos, y no nos permite seguir la pista de estas personas pero creo que el suyo es un buen ejemplo de cómo podemos especializarnos sin renunciar a ser generalistas. Cada uno debemos ver dónde puede estar nuestra especialización: pueden ser idiomas, una habilidad, una zona geográfica, un público determinado… algo en definitiva que nos diferencie del resto y dé un valora añadido a lo que sabemos hacer.

Sobre el autor Amalia López Acera
Responsable de comunicación y redes sociales del Servicio Valenciano de Empleo y Formación (SERVEF)