Las Provincias

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Carmen Llombart, ¿consellera de Justicia?
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Rallo | 11-07-2014 | 01:40| 0

Carmen Llombart. /EFE

Carmen Llombart preside la Audiencia Provincial de Valencia y es vocal del Poder Judicial. Pero, en ocasiones, ‘ejerce’ también de consellera de Justicia. Se desconoce el motivo de semejante transformación.  Llombart excede el retrato de lo políticamente correcto.  Se sitúa un escaloncito por encima y, de ahí, que el pasado martes, durante su comparecencia ante los medios, se la hubiera podido confundir perfectamente con el conseller. El nuevo responsable, Luis Santamaría, seguro que agradeció el capotazo de la propia presidenta de la Audiencia.  Es más, le vino de perlas para disimular dos deslices de menor importancia, propios del recién aterrizado en el cargo.  Se llegó a dar una situación incluso cómica. Santamaría admitió los problemas de la Ciudad de la Justicia y Llombart, en cambio, presumió de edificio. Minimizó las deficiencias y lo solventó con una frase de las de manual: “como los de cualquier casa particular”.  Esto puede llevar a pensar que es frecuente que en las comunidades de vecinos de Valencia se caigan fragmentos de la fachada, que no funcione el ascensor, que la climatización sea un desastre -y que se pongan a repararla en pleno verano-, que los ordenadores no arranquen, que se haya tenido que cambiar el suelo porque las losetas saltaban o que el 20% de los baños no se puedan utilizar. Bueno, eso en la mayoría de fincas no pasa. Y como bien sabe Llombart, en la suya menos.

La anécdota del pasado martes es ilustrativa acerca de la posición que ha adoptado Llombart en las relaciones con la Conselleria de Justicia. Se trata de la tercera cara visible en Valencia cuanto a responsables judiciales se refiere. Por un lado, está el juez decano, Pedro Viguer. El más reivindicativo, sin duda. Tiene un buen discurso y no se corta. Goza de un apoyo unánime de sus compañeros. Abandonó la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura (APM) y eso todavía abrillantó más su imagen de ‘decano de todos’.  Desde hace años denuncia la carencia de medios humanos y materiales en la Administración de Justicia. La presidenta del TSJ, Pilar de la Oliva, llena un espacio más institucional. No se prodiga ante los medios y evita pisar en esos charcos. No obstante, sintoniza en esa línea de que hace falta que la Conselleria ponga más recursos. Se puede observar en alguno de sus contados discursos. Lo conoce de primera mano porque lo del TSJ es de traca. Y luego aparece Carmen Llombart, cuya elección como presidenta de la Audiencia estuvo impulsada por el entonces vicepresidente del Poder Judicial, Fernando de Rosa.  En la hemeroteca no se recuerda ninguna frase crítica contra la Conselleria.  En alguna reunión de la Comisión Mixta, alguno de los presentes se ha visto sorprendido cuando Viguer y la presidenta de la Audiencia no iban en la misma línea. Idéntica profesión, pero diferentes objetivos.

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Un mal trago en la Audiencia
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Rallo | 18-06-2014 | 18:53| 0

Los magistrados de la Audiencia de Valencia se reunieron hace tres años para unificar criterios. Esta misma semana lo han vuelto a hacer, pero en el sentido contrario al que lo hicieron en su día. Donde dije digo; digo Diego. Pero bueno, que lo de rectificar es de sabios. En 2011, la Audiencia consideró que era excesivamente duro condenar por circular ebrio y por negarse a realizar la prueba de alcoholemia. Decidieron entonces que sólo impondrían las penas por el más grave de los delitos: el de la negativa. En la práctica esto suponía una rebaja de la pena por muy duros que fueran los magistrados a la hora de elegir entre la horquilla de seis meses a un año de prisión y privación del derecho a conducir vehículos de uno hasta cuatro años, que es lo que marca el 383 del Código Penal. La presidenta de la Audiencia y hoy también vocal del Poder Judicial, Carmen Llombart, vendió esta unificación de criterios -no sólo el tema de las alcoholemias sino el conjunto de los acuerdos- como un éxito.

La Fiscalía, en cambio, se mantuvo en su postura. Consultó la cuestión a Madrid y siguió acusando por los dos delitos porque entendían que se trataba de dos acciones distintas y exigían, por tanto, su pena individualizada. De hecho, la noticia de 2011 sorprendió entonces a los responsables del Ministerio Público. Las asociaciones de víctimas de accidentes protestaron y pidieron que se volviera a la situación anterior. Pero la rectificación ha llegado a los tres años. Además, la unificación que adoptaron los magistrados era una excepción entre el resto de tribunales. Apenas una Audiencia más en toda España respondía de igual forma que la valenciana. Se dio la circunstancia pues de que resultaba más beneficioso para el condenado recurrir la sentencia de lo Penal conocedor de que la Audiencia sólo condenaría por uno. Incluso salía peor parado el infractor si se conformaba en la guardia. No eran pocos los abogados que, conociendo esta situación, aconsejaban a sus representados que no se conformaran y acudieran a juicio. Resulta complicado averiguar cuántos recursos por circular ebrio y negarse a realizar la prueba han resuelto las secciones de Penal.  En cualquier caso, sólo con uno sirve para la comparación. ¿Qué pasará ahora con los nuevos recursos? Es más, ¿y si algún letrado confiaba en apelar a la Audiencia y aconsejó durante los últimos meses no conformarse en la guardia? Peor no le puede haber salido la jugada. Habrá diferente trato para hechos idénticos.

Las alarmas volvieron a saltar, en determinados ámbitos judiciales, el pasado viernes. Una de las ideas que los magistrados iban a llevar a votación, tal y como publicó LAS PROVINCIAS, era la de no castigar la cesión de vehículo a un familiar para que este aprenda a conducir siempre que la situación no generara un riesgo para la seguridad vial.  Esto equivaldría, en la práctica, a consentir -sólo sería una multa- ciertas ‘practicas clandestinas’ en polígonos, aparcamientos y otras zonas con escaso o nulo tráfico.  Una circunstancia que incluso las autoescuelas han criticado en fechas más o menos recientes. Diferentes fuentes judiciales, – de fuera de la Audiencia, claro- calificaron de barbaridad esta interpretación. Consideraban que se trataba de un delito de conducción sin permiso y con esta iniciativa se establecía una clara injusticia respecto a otros que son cazados sin haber tenido nunca el permiso. Al fin y al cabo, ambos circulan sin poder hacerlo. Finalmente, no se llegó a votar. El punto se sacó del orden del día. En este caso, no hubo que esperar tres años.

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Blasco, siete veces conseller y una condenado
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Rallo | 28-05-2014 | 07:49| 0

Blasco, en el último día de juicio.

Rafael Blasco acaba de conocer su destino. Ocho años de prisión.  La noche habrá sido dura para todos.  La incertidumbre en la Fiscalía y los abogados de los acusados ha ido creciendo desde que terminara el juicio. Todos pensando en su suerte y la de sus clientes. Lo primero, sin duda, qué decidiría el tribunal y lo segundo, cuándo. Quizá más de uno no haya pegado ojo durante la pasada noche. Como el escolar que espera las notas de su curso, para ver cómo lo ha hecho. Salvando las distancias, claro. Porque aquí, en la escuela del TSJ, los suspensos te pueden llevar a la cárcel.

El siete veces conseller con todos los Gobiernos autonómicos menos con Alberto Fabra añade a sus 69 años de edad una nueva nota -la menos decorosa- a su curriculum vitae.  A estas alturas, si alguien debe actualizar su hoja de servicios, es porque recibe un premio o se jubila. Si no se da ninguna de las circunstancias anteriores, no será para añadir méritos. Todo lo contrario. Así que aquí cumple la máxima: condenado por desviar fondos de la Generalitat, destinados al Tercer Mundo, para el beneficio de su amigo Augusto César Tauroni, el cabecilla de la trama fuera de la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía.

Blasco recurrirá. Eso lo sabe cualquiera. Uno se puede jugar un brazo sin el menor riesgo a perderlo. Al otrora conocido como ‘Pitbull’ por sus ansias por salir en la televisión autonómica, prensa y radio ya se le van acabando las jugadas. Con la sentencia de hoy quizá termina el discurso de los trámites, una variante avanzada del ‘imputado contento’. Estas son dos herramientas que manejan los políticos con irritante indecencia. La primera de las modalidades consiste en que todo es mero trámite. Que investigan a tu conselleria por ayudas. Un trámite. Que terminas imputado. Otro trámite más. Que tras la instrucción te procesan. Pues oiga usted, de lo más normal. Que nadie se ponga nervioso. Lo dicho; un trámite más de la Administración de Justicia. Que te abren juicio… Pues eso, lo que tocaba. Nada por lo que preocuparse. Tranquilidad. El paso que ya todos conocían. ¿Que te rechazan todos los recursos? Pues más que previsible. Lo esperado. No se alteren. Y ahora, tras la condena, ¿qué pasará? Pues eso, otro trámite más porque el tribunal no ha entendido la defensa y, además, todo está viciado desde el origen. Al final, caeremos en el ridículo y entrar en una prisión a cumplir la pena será eso. Otro trámite.  Eso sí, este hace mal. Los anteriores lo único que te generan son titulares de prensa adversos. Y eso, para estos hombres curtidos en el fango, son picaduras de mosquito. En resumen, trámites asociados a los otros trámites. Y todo lo anterior sólo hasta la llegada de Alberto Fabra y su dichosa -y curvosa- línea roja para los imputados. Estos ahora son desalojados de los cargos públicos. Bueno, todos no. Algunos diputados ahí están. La doctrina Fabra ha terminado empujándolo al abismo. Tiene gracia que una propuesta propia se te vuelva en contra. Como el que se toma un antibiótico y enferma.

Blasco supo desde el primer momento que terminaría imputado. Aquí lo contamos hace algún tiempo. El título del post: ‘El conejo, atrapado’.  Lo que ahora reproducimos se escribió tras el levantamiento del secreto, en una época en la que Blasco vendía optimismo como el que tiene un puesto en el mercado y vende fruta.  “No hace falta jugar a ser juez instructor ni tener una cabeza prodigiosa para que, de una lectura del sumario, se concluya que ahí hay gato encerrado. O conejo, aplicado a la jerga Tauroni. Pero hay un hecho todavía más llamativo. Imaginemos que la juez considerara que no hay indicios de delito de Blasco, ¿lo normal no sería que lo hubiera citado como testigo, al igual que lo fueron otros trabajadores de la Conselleria, para que diera su versión de los hechos? Porque lo que resultaría inaudito, y más con las conversaciones que constan en el sumario, es que el máximo responsable del departamento no diera su testimonio acerca del presunto desvío de fondos. Si no le han citado como testigo en esta causa, ya se puede intuir lo que terminará siendo”. 

Y no tardó mucho en gozar de su nueva condición. Entonces llegó eso que comentábamos antes. Lo del diputado contento. Perdón, imputado. Los diputados imagino que siempre están contentos con el chollo de Les Corts. Se trata de una pirueta mortal para alimentar el hartazgo ciudadano. Luego nos extrañamos que Pablo Iglesias, el de Podemos y el de la coleta, saque más de un millón de votos. No, no estamos asustados ni avergonzados por vernos en un asunto de esta índole. Estamos felices de poder defendernos. ¡¡¡Viva la imputación!!! Este es el lema al que se suma la tropa. Sin complejos. A lo bruto.

Los fiscales Anticorrupción.

 

La Fiscalía se la jugaba con el Conejo. Sus últimas visitas al TSJ habían terminado en derrota. Salieron indemnes Ricardo Costa y Francisco Camps por la causa de los trajes. También quedó absuelto Jorge Bellver en el asunto de los Jardines de Monforte y la construcción de un aparcamiento. Y ahora llegaba Blasco, otra pieza gorda del núcleo pepero. ¿Cómo podrían justificar una tercera absolución en un asunto en el que ejercieron la acusación? Queda fuera lo del alcalde de Torrevieja, este sí que fue condenado a tres años de prisión. Blasco ya dejó claro que su defensa era nula cuando en una entrevista en una televisión madrileña -le costó su puesto en el grupo popular- utilizó este argumento para decir que hay no había nada. Como en el caso Cooperación se juntaban ambos responsables del Ministerio Público, él, en un análisis de gintonic después de la paella, concluía que su asunto terminaría como el de sus compañeros. Tauroni, en una entrevista con LAS PROVINCIAS, también apostó por esa vía con diferente titular: “Todo es una caza de brujas contra Blasco”.

Y, ¿qué paso con el desvío de fondos?. La realidad, y así quedo claro tras el juicio, es que ahí se repartían diez millones de euros con escaso control. Y en esto tenía razón Blasco y el resto de las defensas. Por suerte, ahora se habrán incrementado los controles. Porque si uno revisa todo el juicio -no recomendable ni para solteros en domingos de lluvia- aquello era una fiesta. Faltaba una vigilancia y una supervisión mayor para repartir esos buenos millones. Quizá por eso vio Blasco el coladero que podía ser para su amigo de Alzira, Augusto César Tauroni, seguidor de los pasos del conseller allí donde tocaba poder.  Te meto por aquí, te doy una subvención y te facturas el 25%. Luego ya veremos cómo me llega a mí este dinerito. Porque eso si que no ha quedado probado. No hay pruebas de que Blasco cobrara de la trama. Pero eso, tal y como aclararon los fiscales, no significa que no sea delito. El hecho de crear las condiciones y permitir que eso se produzca te conduce al ilícito. Blasco tenía pocos argumentos de defensa. Los técnicos de la Conselleria le dejaron de rodillas cuando admitieron las presiones a las que se vieron sometidos para dar ayudas sin cumplir los requisitos. Por el conseller y otros responsables que también se sentaron en el banquillo. Ojito al papel de su mano derecha, Tina Sanjuán, en toda esta historia. Un millón de euros se destinaron a la compra de pisos en Ausias March por parte del presidente de la Fundación Cyes, Marcial López.  Y gracias a este jugada poco hábil se descubrió toda esta historia tan sucia en la que un conseller quedó atrapado como un conejo.

 

 

 

 

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El lío del turno de oficio
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Rallo | 14-05-2014 | 20:36| 0
Mariano Durán

Mariano Durán

Serafin Castellano

Serafín Castellano



 

 

 

 

 

 

 

 

 

El turno de oficio es un problema crónico, especialmente grave en la Comunitat. Existen dos grandes males. Por un lado, los retrasos en los pagos, aunque esto ha mejorado considerablemente. El segundo es el malestar entre los letrados por el tijeretazo que hace más de un año -con Jorge Cabré al frente de la conselleria- se pegó a la asistencia gratuita.  La reducción fue aproximadamente de un 40% de media en los baremos. Una magnitud considerable si lo comparamos con otros sectores que también se han visto afectados por la crisis. El decano de los abogados de Valencia, Mariano Durán, suele exhibir un carácter tranquilo, comedido en las formas. Un motor diésel, alejado de reacciones virulentas. Pero la pasada semana se revolucionó. Insistió, por segunda vez en apenas unos días, en pedir la dimisión del director general de Justicia, Julián González, y del secretario autonómico, Antonio Gastaldi. Protagonizó, de esta forma, un hecho ciertamente extraño: por primera vez un conseller se salvaba de las críticas y estas apuntaban directamente hacia sus subordinados. Durán fue más que aro: “Hablar con ellos era como hacerlo con una pared”.  Así ponía

punto y final -al menos de momento- a su relación con los dos altos cargos responsables de la gestión del turno de oficio.

Sin embargo, a continuación, anunciaba que el lunes próximo (día 12) se reuniría con Castellano para desbloquear este asunto.   Llama más la atención si contextualizamos este hecho en que justo la semana anterior, tras una comparecencia de Gastaldi en Les Corts, Durán pidiera la cabeza de ambos. ¿Salió Castellano a respaldarlos? Pues no. Al día siguiente, los titulares cargaban contra ellos que supuestamente siguen las directrices de su jefe. “No sé lo que ocurre dentro”, contestó maliciosamente Durán al ser preguntado acerca de si estos dos jugaban por libre. La defensa del conseller únicamente llegó tras la rueda de prensa del decano con quien previamente ya había concertado la reunión del pasado lunes. “Están haciendo un gran trabajo”,aclaró el conseller a los medios sólo al ser preguntado. En el caso de Durán, por su forma de ser, sorprendió en ciertos círculos la dureza de las críticas. Puede deberse al hartazgo de la situación, sin duda. Otros apuntan a que el turno se ha convertido en su gran caballo de batalla, que existen grupos de presión que empiezan a hacer ruido y que censuran que el Colegio no defiende sus intereses. ¿Necesitaba Durán ese golpe en la mesa para defenderse del fuego amigo?

Julián González

Jorge Cabré y Antonio GastaldiTambién se puede hacer otra lectura. ¿Y si el que realmente necesitaba aquellos titulares era el propio Castellano? Conocido es por todos que cuando un conseller llega a su puesto, suele rodearse de su gente. Y más en el caso de Castellano. Ni González ni Gastaldi son de su grupo. Se trata de la herencia de la etapa de Cabré y sus predecesores. Gastaldi ya intentó jugar sus cartas para terminar de vocal del Poder Judicial. Pero no llevaba la mejor mano.

Bueno, ¿y qué deparó la reunión del pasado lunes? Pues poquita cosa. Del expediente electrónico se ha oído hablar desde hace casi dos años. Bueno, sí. Algo se logró. Se parió una fecha: los trabajos de la comisión para mejorar el turno estarán terminados antes del 1 de julio. Grande. Para ese viaje no se necesitaban alforjas.

 

 

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La jurado durmiente
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Rallo | 23-04-2014 | 20:55| 0

Los juicios con jurado son una lotería. La expresión es común entre fiscales y letrados cuando afrontan un proceso de estas características. Se refieren a lo imprevisible del veredicto. Lo mismo en un caso con suficiente prueba para un tribunal, el acusado sale absuelto que al contrario. De ahí que muchos prefieran siempre que su destino se encuentre en las manos de un juez. Especialmente si son inocentes. Pero la expresión, quizá tras lo ocurrido en el último juicio, pueda aplicarse también a los componentes del jurado. Una de las integrantes -en su descargo aclarar que era una persona mayor- disfrutó durante las sesiones de la vista de una reparadora siesta.  Al menos durante dos días se evadió de manera plácida ante los interrogatorios del fiscal y/o los del abogado defensor. Ni siquiera algún que otro codazo suave y cómplice de su compañero de tarea lograba despertarla de manera duradera. Un abrir y cerrar de ojos y, al cabo de unos minutos, de nuevo rendida en los brazos de Morfeo. También se utilizaron otras estrategias para mantener despierta a la jurado. Por ejemplo, alguna pisada más fuerte de lo habitual o un ataque de tos, sorpresivamente más poderoso que la media, para tratar de lograr una sacudida de la víctima.  Imagino que aquel que eligiera a la mujer como integrante -las partes pueden vetar hasta cuatro candidatos- estaría pensando qué mal ojo tuvo en esa ocasión.

La realidad es que en la mayoría de los casos ser jurado no suele ser una tarea entretenida. Existen excepciones, claro. Aquellos que llevan interiorizado el papel que se les atribuye. Son pocos, una especie casi en extinción. Vaya, como ocurre en la sociedad en general. De hecho, lo primero que uno trata de hacer cuando se entera de que ha sido seleccionado como posible jurado es la forma de escaquearse. Tampoco la gratificación económica que reciben estimula a ejecutar la tarea de la manera más eficiente posible. Algo más de 60 euros al día para un proceso que requiere cierta concentración y que se convierte en algo excesivamente pesado para gente de la calle. Y, para colmo, los dos años que tarda en pagar la Conselleria de Justicia. En este sentido, el juicio más pesado en la Comunitat fue el de los trajes de Camps. Más de un mes, incluso en sesiones de mañana y tarde, metidos en el TSJ, para ver si la muchachada de Gürtel  regaló trajes a Camps y Costa. Si algún jurado ha tenido derecho a dormirse, fue el de aquel proceso. Tostón terrible. Incluso a los periodistas nos costaba mantener la concentración a lo largo de toda la sesión.

Pero bueno, lo de que se duerma un jurado tampoco es tan importante en una Comunitat donde algunos diputados son capaces de cortarse las uñas en el pleno, dormirse, jugar con los móviles, hacer la lista de la compra o los deberes de francés. O incluso recoger firmas para que indulten a un compañero de bancada. Para eso sí que hay que estar despierto.

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Domingo Boscá cuelga la toga
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Rallo | 13-03-2014 | 15:38| 1

Domingo Boscá Pérez, (Llutxent, 1949) es  el presidente de la sección quinta de la Audiencia de Valencia, uno de los magistrados de mayor prestigio en la Comunitat. El próximo 25 de marzo se jubila, y se le rendirá un homenaje en el Hotel Westin. La sala, a buen seguro, se llenará. Domingo Boscá ha logrado algo que resulta poco frecuente: conseguir el reconocimiento unánime de compañeros, fiscales, letrados y funcionarios. A la hora de redactar este tipo de artículos siempre hay quien aprovecha para deslizar alguna crítica. En este caso, no ha sido posible. Todos aprecian a Bosca. En algún caso, incluso llegan a la admiración.

El magistrado siempre estuvo llamado a cotas más altas. Llegó, de hecho, a presentarse a la plaza de José Ceres -hoy instructor de Gürtel- para el Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, cuando comprobó que exigían un título de valenciano para acceder al puesto, desistió. Él, que es natural de Llutxent y habla un valenciano impecable, vio absurdo aquello de la acreditación cuando quizá sea uno de los magistrados que mejor domina la lengua. Cómo obtener un mérito a partir de algo que a él le venía de cuna, regalado. Así es Boscá. Su paternalismo -no confundir con debilidad- lo demuestra casi a diario. Esos consejos a los testigos, víctimas o incluso procesados.  ”No se preocupe usted. Esté tranquila, que todo irá bien…”. Como aquella acusada, quien después de que el magistrado le explicara el caso, susurró a su letrado: “Qué buena persona es este hombre”. 

Conjuga una amabilidad y una manera de ser que lo convierten en alguien entrañable. Algunos de los consultados para este post lo definen como “un genuino representante del carácter valenciano“. Otra de las costumbres que practica Boscá era la de si tenía que suspender un juicio y no había dado tiempo a completar la declaración de todos los citados, reunirlos y explicarles los motivos. Son detalles que perfilan una forma de ser especial en la que ocupa un lugar primordial el servicio al ciudadano. Fue de los primeros en introducir la citación escalonada. Que no todos estén en la puerta de la sala a las diez de la mañana. Detesta que la gente pierda el tiempo.

Él, de hecho, es de los que aprovecha cada minuto del día. “Se va un modelo de juez que, por desgracia, va perdiéndose”. “Trabajador incansable”, añaden otros. Imposible seguir su ritmo. Cuentan que llegó a ocupar el primer lugar en una clasificación del Consejo General del Poder Judicial por el número de resoluciones que impuso en un año. Y por aquel entonces no existía la productividad. Eso también dice mucho de la personalidad del magistrado. Otra muestra más de su colaboración desinteresada: es tutor de la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados y renunció a cobrar por ello.

Un buen número de condecoraciones trufan su curriculum. Recibió la Cruz de San Raimundo de Peñafort al mismo tiempo que otros ilustres de la Justicia valenciana, como el expresidente del TSJ Juan Luis de la Rúa -ya jubilado-  o el expresidente de la Audiencia Provincial Pedro Castellano. Fue finalista en 2005 del Premio Fundación por la Justicia. Las cualidades que lo situaron entre los selecionados fueron “su gran pericia jurídica, sentido del deber y entrega profesional, unido una extraordinaria bondad y unos elevados sentidos de equidad, caridad y justicia; con él, la Justicia penal se vuelve más humana y eficaz consiguiendo resoluciones de gran calidad técnica e intensa carga humanitaria”. También desde Proyecto Hombre quieren que se le reconozca en su homenaje el gran compromiso que mostró siempre el juez en ayudar a los delincuentes víctimas de las drogas.

Se retira a los 65 años de edad pese a que podía continuar hasta los 70. Quizá ya no se siente con fuerzas para mantener ese ritmo de trabajo que incluso para un recién llegado resulta complicado seguir. No se marcha a casa cuando termina de celebrar o a eso de las dos de la tarde, como suele ser habitual. Come todos los días en la cafetería de la Ciudad de la Justicia y después, de vuelta al tajo. La rutina hace que ya todos conozcan ese lugar como la “mesa de Domingo”. Allí son muchos los jueces que, bien porque terminan tarde o bien porque están de guardia, asisten a la sobremesa. En ocasiones, algunos incluso buscan consejo de “un hombre bueno”.

 

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Qué no hacer delante de un juez
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Rallo | 14-02-2014 | 20:25| 0

No hará más de dos meses, más de un centenar de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado recibieron un curso sobre cómo declarar en un juicio. El asunto parece sencillo. Pero luego llegan las complicaciones. La clave suele residir, como casi todo, en el sentido común. Por absurdo que parezca, una de las cuestiones más importantes es escuchar atentamente qué se pregunta. Son numerosos los casos en los que el empecinamiento es tal que la respuesta nada tiene que ver con la cuestión. En otros supuestos, la contestación sí responde al objeto de la pregunta, pero, a continuación, sueltan un ‘rollo’ irrelevante.  Otro consejo: el léxico. No conviene ir de erudito, pero tampoco expresarse de manera demasiado coloquial y mucho menos vulgar.  En algunos casos, el afán por ser exhaustivo, deja auténticas perlas. Como, por ejemplo, la de aquel policía que entró muy serio en la sala y comenzó su declaración con:  “El presunto individuo…”. El magistrado, irónico como pocos, le cortó. “¿Se trataba de un individuo o era un dibujo?”. El policía quedó descolocado.  Más recomendaciones: Ir lo que se dice ‘arreglao’. No es necesario el traje, pero sí se puede dejar en casa las zapatillas o las mochilas. ¿Las riñoneras desaparecieron ya, no?  Lo del chicle, mejor a la salida.

Bueno, este primer párrafo era para disminuir la crítica de lo que viene a continuación. Se trata del comportamiento de algunos testigos en el caso Blasco. El último, por ejemplo, fue el de un trabajador de la Conselleria. Ahorrramos todos los nombres. Empezó a interrogar el Ministerio Fiscal y al ver que estaban a su izquierda, se reclinó en la butaca, apoyó el brazo en el respaldo y se dispuso a contestar. Allí, tranquilo. Vamos, como si aquello fuera una reunión de colegas para hablar del último ligue.  Ahí sólo le faltaba el gin tonic premium -ahora si te tomas un Beefeater eres un mierda- y un cigarrito para darle a aquello un aroma peliculero. Terció rápido la presidenta del Tribunal, Pilar de la Oliva, para decirle que eso no eran formas, que se sentara correctamente.

Otro de los errores repetidos en el juicio Blasco es el tuteo. Cuesta ya encontrar a gente que se dirija de usted, pero qué menos que recurrir al tratamiento formal si se trata de un juicio, donde los acusados que tienes sentados detrás se enfrentan a penas de prisión muy elevadas. Algunos testigos, al parecer, ignoraban esta fórmula de cortesía. Debe ser que tampoco la utilizan en el día a día. Porque vamos, se me ocurren pocos escenarios donde sea más conveniente. Ahí se tuteaba al fiscal, a la abogada de la Generalitat y a todos los letrados de los acusados. También entró en este punto la presidenta De la Oliva. Al final,  parece que lo dio por imposible. Fueron varios los que repetieron este error. Un letrado, harto ya de esto, le llegó a decir a una testigo: “Por favor, no me tutee que parece que usted y yo nos conozcamos de algo y no nos hemos visto en la vida”.

Y quizá el último error fueran las risas. En este punto cabe destacar la actuación de la becaria de Nicaragua. Puede que fueran los nervios. La juventud. O el hecho de enfrentarse a los letrados de los acusados, alguno de ellos especializado en poner nervioso al más tranquilo de los mortales. Pero tampoco resulta muy serio que ante cada pregunta se te escape una sonrisita.

 

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La mujer de los 20 escoltas
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Rallo | 16-01-2014 | 19:35| 3

El juicio del caso Cooperación -o caso Blasco, como le gusta denominarlo a la coordinadora de las ONG- me ha recordado un personaje que también transitó por aquella conselleria -la del absoluto descontrol en el reparto de subvenciones-  sin que nadie sepa muy bien qué hizo.  De hecho, terminó siendo destituida. Se trata de la exsecretaria autonómica de Solidaridad y Ciudadanía, Gotzone Mora. La mujer de los 20 escoltas. Aclaro. No es que permanentemente llevara este servicio de seguridad sino que a lo largo de su periplo en tierras valencianas (2007-20011) hasta una veintena de profesionales fueron relevados de su vigilancia. Resulta difícil que olviden el nombre del perro de Gotzone,  ocupante ocasional del coche oficial camino del veterinario. Y algunas paradas en centros comerciales más o menos conocidos para diferentes ‘compritas’. O cómo, a veces, los policías iban como si fueran sardinas en lata en el coche tras el regreso de fin de semana. Cada domingo, parecía que hacía una mudanza, cuentan quienes fueron su sombra.

Este número de escoltas marcó un récord Guinnes en la Generalitat que se antoja muy difícil de superar. Dicen que llegó de la mano de Mayor Oreja, que le susurró a Camps su nombramiento y este se la colocó al conseller Blasco. Al principio, todo fueron sonrisitas y buen rollo. No pasó demasiado tiempo hasta que la situación se enfrió. A Blasco no le gustaba que Gotzone acaparara tanto protagonismo mediático y sí es cierto que, muy al principio de su mandato, tuvo algo de lustre en varios titulares.  Todo esto se difuminó con el paso de los meses.

Nadie de la Conselleria valoró su trabajo por el que todos le pagábamos más de 3.000 euritos limpios de polvo y paja.  Es más, se alegraron profundamente de su marcha.  Y muy especialmente su servicio de seguridad a los que prestaba un trato que no se puede calificar de cordial.  Los escoltas, sin perder el sentido del humor después de tanto tiempo, todavía recuerdan el número que ocuparon en el escalafón. Yo soy el cuarto, yo el octavo, yo fui el décimo quinto. O pedían el cambio o lo pedía ella. Aquello era una relación imposible. En alguna ocasión, incluso cuentan que algún cargo de la Generalitat le llamó la atención por el trato que dispensaba a estos profesionales. Los viajes a Madrid, a tertulias radiofónicas, corrían a cargo del Consell. Ella dijo en su día que era para ahorrar porque si se sumaba el billete del AVE de los escoltas, la factura a la Generalitat salía más cara.

Dos cositas de cola.

a) Este post no es para criticar que Gotzone tuviera escoltas sino el trato que les dio.

b) ¿Del asunto este de las ayudas, Tauroni y toda la muchachada, esta mujer no se enteró del jaleo que había montado?

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¿Se repetirá la polémica de Camps con Blasco?
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Rallo | 24-12-2013 | 11:01| 2




El juicio por el Caso Cooperación aguarda tras el final de la Navidad.  El 7 de enero comienza el jaleo, el lío, la jarana.  Desde de los trajes de Camps, el TSJ no alberga un juicio relacionado con corrupción y con personajes de cierto calado. Cierto es que los hechos en este asunto parecen de un nivel de indecencia infinitamente superior. Se trata del desvío de fondos destinados a paises del Tercer Mundo. En el primero de los supuestos, los protagonistas fueron el expresidente  Francisco Camps y el diputado del PP Ricardo Costa. En esta ocasión, la Fiscalía sienta en el banquillo de los acusados a Rafael Blasco. (El Conejo, atrapado). El exconseller ha sido miembro del Gobierno autonómico con todos los presidentes excepto con Alberto Fabra. Lleva meses, al igual que el resto de partes, preparando su defensa. Lo fuerte viene ahora tras alguna entrevista en televisión donde incluso utilizó los argumentos de este post. (Anticorrupción se la juega con Blasco). En resumen, que el mismo fiscal ya llevó el caso Bellver y perdió. Diminuto escudo para el reto que se le presenta. A buen seguro que algo más tendrá preparado para el tribunal. Ninguno de los protagonistas disfrutará de unas Navidades de reposo. Todo lo contrario.

La polémica se desató en el juicio de los trajes por la utilización de las dependencias del Consejo Valenciano del Colegio de Abogados por parte de los acusados.  Se trata de la sede de la institución, ubicada físicamente en el interior del edificio del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), pero fuera del control del órgano de los jueces. Camps y Costa las usaron como ‘refugio’ durante aquellas jornadas en las que el proceso se prolongaba mañana y tarde. Y claro, había que picar algo. La primera vez que subí allí, acompañado de El Francotirador, el entonces guardaespaldas del expresidente y chófer habitual, Pablo Landecho, salió al paso. “Qué queréis?”, soltó.

Camps, a la salida del TSJ.

 

 

La presidenta del TSJ, Pilar de la Oliva, había dado orden de que a las 14.30 horas, como sucede todos los días, se cerraba el chiringuito. Y nadie podía permanecer en el edificio. ¿Eso incluía la sede de los abogados? Pues no. Al igual que tampoco afectaba a los despachos de la Fiscalía. Pero, al parecer, como suele ocurrir en estas polémicas, fue el mensajero el que malintepretó las órdenes de De la Oliva. O eso sostiene una de las versiones del incidente. Y en este caso, el transmisor no era otro que un responsable de la Guardia Civil. El mismo que, según cuentan, saludó muy efusivamente a Camps cuando este fue absuelto. Hecho que sorprendió a no pocos de los presentes. Total, que el agente se plantó en la sede y dijo que todos fuera, que allí no podían estar. Órdenes de arriba. La respuesta de los responsables fue que de allí no se marchaba nadie. Al parecer, el guardia hizo varios viajes del Colegio al TSJ como en el juego este del teléfono loco. “Estos dicen que”, “Pues ahora le dices que…” La mañana había empezado ya calentita con la negativa a que los dos acusados entraran en coche al TSJ para evitar a los fotógrafos en la puerta. Juan Cotino, que además de presidente de Les Corts, hizo de chófer en algunas ocasiones para el presidente, dejó a Camps justo a la entrada.

Las dependencias, en principio, están destinadas a los abogados, pero se desconocía hasta ese día  que también lo estuvieran para los acusados. Y eso que Camps cumplía entonces con las dos condiciones. Ahora no habrá duda. Muchos letrados y sus defendidos tienen previsto ocupar los despachos de la institución si fuera necesario. El incidente motivó incluso alguna llamada de los abogados al Consejo General del Poder Judicial tratando de aclarar el contenido exacto de las órdenes que llegaban desde arriba. Hubo quien incluso se planteó una queja formal contra la presidenta, pero las aguas se calmaron con el paso de las horas. Que nadie descarte alguna polémica parecida durante el juicio. En Valencia, por suerte o por desgracia, nos va la marcha. Y el lío vuelve el 7 de enero.

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¿Dónde terminarán los trajes de la Gürtel?
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Rallo | 18-12-2013 | 20:24| 0


Betoret, en traje, acude al TSJ.

 Rafael Betoret, exjefe de Gabinete de Turismo, no tiene mucha suerte en esto de la Justicia.  En aquellos días de 2011 se vio atrapado entre la indecisión de declararse culpable de haber recibido regalos de la trama Gürtel o llegar a juicio, defenderse y tener algo de suerte.  Los jurados, salvo excepciones, suelen ser una lotería. Finalmente, claudicó y reconoció los hechos: que había recibido trajes pagados por la muchachada de la Gürtel. Lo mismo hizo Víctor Campos, exvicepresidente de la Generalitat, en los días frenéticos entre los cuatro implicados cuando el cruce de llamadas y los nervios fueron constantes. Campos explicaría posteriormente en el juicio, al que acudió como testigo, que aceptó la pena para terminar con una situación que comenzaba a pasarle factura a la salud. No fueron pocos los que durante las vistas de los trajes tuvieron que recurrir a vitaminas para soportar el tostonazo. Por cierto, que el jurado que absolvió al expresidente Francisco Camps y al diputado Ricardo Costa cobró las dietas casi dos años después del proceso. Más vale tarde que nunca. (Dos años para cobrar un juicio).

Betoret, posteriormente, se llevó la monumental sorpresa de que tanto Camps como Costa irían a juicio. “Joder, estos me han dejado tirado”, debió pensar. Y quizá el asombro fue todavía mayor al comprobar meses más tarde el veredicto del jurado popular. Fue entonces, cuando suspiró aquello de:  ”A pagarlo, pocarropa”.  

En realidad, no es que tuviera poca ropa. Tenía bastante. Un fondo de armario interesante para algunos, quizá arriesgado para otros. No hay que olvidar que había sido jefe de protocolo de la Diputación. Presumía de elegancia, en su caso, peculiar. Betoret llevó al Tribunal Superior de Justicia once trajes,  tres americanas, dos abrigos y un pantalón -se supone que todo limpio- para reducir algo la multa económica. Campos, en cambio, argumentó que no tenía las prendas que le atribuían las acusaciones.  De tal forma que fue el exjefe de Turismo, el que quedó como el único de los cuatro acusados que realmente admitió los hechos y demostró tener la ropa. Más claro, agua. La pela es la pela. Esta ropa continúa hoy, más de dos años después del juicio, en las dependencias judiciales. Con el estado actual que presenta el TSJ a nadie le extrañaría que acumularan más polvo que otra cosa. O que hubieran sido pasto de las polillas.

Juan Climent trasladará ahora a las partes qué hace con los modelitos. Una posibilidad es destruirlas. Otra, sin duda más solidaria, sería entregarla a la beneficencia. A Cáritas o alguna oenegé que pueda hacer buen uso de ellas. El presidente del jurado de los trajes no podía iniciar este trámite hasta que el proceso no quedara liquidado en el Tribunal Supremo. El órgano judicial confirmó la absolución de los dos populares y de paso condenó al PSPV al pago de las costas a mediados de este año.  (PSPV, condenado).  Ahora preguntará qué hace con las prendas de ‘pocarropa’.  Y recuerdo aquí lo que escribió @Ramon_Palomar: “Esos once trajes once no podrán ornar las vitrinas de un museo porque nacen de una aventura cutrona. Tanto traje y ningún chándal, qué finos éramos”.  El problema es que quizá seguimos con la misma tontería a cuestas.

 

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