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Domingo Boscá cuelga la toga

2014 marzo 12
por Rallo

Domingo Boscá Pérez, (Llutxent, 1949) es  el presidente de la sección quinta de la Audiencia de Valencia, uno de los magistrados de mayor prestigio en la Comunitat. El próximo 25 de marzo se jubila, y se le rendirá un homenaje en el Hotel Westin. La sala, a buen seguro, se llenará. Domingo Boscá ha logrado algo que resulta poco frecuente: conseguir el reconocimiento unánime de compañeros, fiscales, letrados y funcionarios. A la hora de redactar este tipo de artículos siempre hay quien aprovecha para deslizar alguna crítica. En este caso, no ha sido posible. Todos aprecian a Bosca. En algún caso, incluso llegan a la admiración.

El magistrado siempre estuvo llamado a cotas más altas. Llegó, de hecho, a presentarse a la plaza de José Ceres -hoy instructor de Gürtel- para el Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, cuando comprobó que exigían un título de valenciano para acceder al puesto, desistió. Él, que es natural de Llutxent y habla un valenciano impecable, vio absurdo aquello de la acreditación cuando quizá sea uno de los magistrados que mejor domina la lengua. Cómo obtener un mérito a partir de algo que a él le venía de cuna, regalado. Así es Boscá. Su paternalismo -no confundir con debilidad- lo demuestra casi a diario. Esos consejos a los testigos, víctimas o incluso procesados.  ”No se preocupe usted. Esté tranquila, que todo irá bien…”. Como aquella acusada, quien después de que el magistrado le explicara el caso, susurró a su letrado: “Qué buena persona es este hombre”. 

Conjuga una amabilidad y una manera de ser que lo convierten en alguien entrañable. Algunos de los consultados para este post lo definen como “un genuino representante del carácter valenciano“. Otra de las costumbres que practica Boscá era la de si tenía que suspender un juicio y no había dado tiempo a completar la declaración de todos los citados, reunirlos y explicarles los motivos. Son detalles que perfilan una forma de ser especial en la que ocupa un lugar primordial el servicio al ciudadano. Fue de los primeros en introducir la citación escalonada. Que no todos estén en la puerta de la sala a las diez de la mañana. Detesta que la gente pierda el tiempo.

Él, de hecho, es de los que aprovecha cada minuto del día. “Se va un modelo de juez que, por desgracia, va perdiéndose”. “Trabajador incansable”, añaden otros. Imposible seguir su ritmo. Cuentan que llegó a ocupar el primer lugar en una clasificación del Consejo General del Poder Judicial por el número de resoluciones que impuso en un año. Y por aquel entonces no existía la productividad. Eso también dice mucho de la personalidad del magistrado. Otra muestra más de su colaboración desinteresada: es tutor de la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados y renunció a cobrar por ello.

Un buen número de condecoraciones trufan su curriculum. Recibió la Cruz de San Raimundo de Peñafort al mismo tiempo que otros ilustres de la Justicia valenciana, como el expresidente del TSJ Juan Luis de la Rúa -ya jubilado-  o el expresidente de la Audiencia Provincial Pedro Castellano. Fue finalista en 2005 del Premio Fundación por la Justicia. Las cualidades que lo situaron entre los selecionados fueron “su gran pericia jurídica, sentido del deber y entrega profesional, unido una extraordinaria bondad y unos elevados sentidos de equidad, caridad y justicia; con él, la Justicia penal se vuelve más humana y eficaz consiguiendo resoluciones de gran calidad técnica e intensa carga humanitaria”. También desde Proyecto Hombre quieren que se le reconozca en su homenaje el gran compromiso que mostró siempre el juez en ayudar a los delincuentes víctimas de las drogas.

Se retira a los 65 años de edad pese a que podía continuar hasta los 70. Quizá ya no se siente con fuerzas para mantener ese ritmo de trabajo que incluso para un recién llegado resulta complicado seguir. No se marcha a casa cuando termina de celebrar o a eso de las dos de la tarde, como suele ser habitual. Come todos los días en la cafetería de la Ciudad de la Justicia y después, de vuelta al tajo. La rutina hace que ya todos conozcan ese lugar como la “mesa de Domingo”. Allí son muchos los jueces que, bien porque terminan tarde o bien porque están de guardia, asisten a la sobremesa. En ocasiones, algunos incluso buscan consejo de “un hombre bueno”.

 

Qué no hacer delante de un juez

2014 febrero 14

No hará más de dos meses, más de un centenar de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado recibieron un curso sobre cómo declarar en un juicio. El asunto parece sencillo. Pero luego llegan las complicaciones. La clave suele residir, como casi todo, en el sentido común. Por absurdo que parezca, una de las cuestiones más importantes es escuchar atentamente qué se pregunta. Son numerosos los casos en los que el empecinamiento es tal que la respuesta nada tiene que ver con la cuestión. En otros supuestos, la contestación sí responde al objeto de la pregunta, pero, a continuación, sueltan un ‘rollo’ irrelevante.  Otro consejo: el léxico. No conviene ir de erudito, pero tampoco expresarse de manera demasiado coloquial y mucho menos vulgar.  En algunos casos, el afán por ser exhaustivo, deja auténticas perlas. Como, por ejemplo, la de aquel policía que entró muy serio en la sala y comenzó su declaración con:  “El presunto individuo…”. El magistrado, irónico como pocos, le cortó. “¿Se trataba de un individuo o era un dibujo?”. El policía quedó descolocado.  Más recomendaciones: Ir lo que se dice ‘arreglao’. No es necesario el traje, pero sí se puede dejar en casa las zapatillas o las mochilas. ¿Las riñoneras desaparecieron ya, no?  Lo del chicle, mejor a la salida.

Bueno, este primer párrafo era para disminuir la crítica de lo que viene a continuación. Se trata del comportamiento de algunos testigos en el caso Blasco. El último, por ejemplo, fue el de un trabajador de la Conselleria. Ahorrramos todos los nombres. Empezó a interrogar el Ministerio Fiscal y al ver que estaban a su izquierda, se reclinó en la butaca, apoyó el brazo en el respaldo y se dispuso a contestar. Allí, tranquilo. Vamos, como si aquello fuera una reunión de colegas para hablar del último ligue.  Ahí sólo le faltaba el gin tonic premium -ahora si te tomas un Beefeater eres un mierda- y un cigarrito para darle a aquello un aroma peliculero. Terció rápido la presidenta del Tribunal, Pilar de la Oliva, para decirle que eso no eran formas, que se sentara correctamente.

Otro de los errores repetidos en el juicio Blasco es el tuteo. Cuesta ya encontrar a gente que se dirija de usted, pero qué menos que recurrir al tratamiento formal si se trata de un juicio, donde los acusados que tienes sentados detrás se enfrentan a penas de prisión muy elevadas. Algunos testigos, al parecer, ignoraban esta fórmula de cortesía. Debe ser que tampoco la utilizan en el día a día. Porque vamos, se me ocurren pocos escenarios donde sea más conveniente. Ahí se tuteaba al fiscal, a la abogada de la Generalitat y a todos los letrados de los acusados. También entró en este punto la presidenta De la Oliva. Al final,  parece que lo dio por imposible. Fueron varios los que repetieron este error. Un letrado, harto ya de esto, le llegó a decir a una testigo: “Por favor, no me tutee que parece que usted y yo nos conozcamos de algo y no nos hemos visto en la vida”.

Y quizá el último error fueran las risas. En este punto cabe destacar la actuación de la becaria de Nicaragua. Puede que fueran los nervios. La juventud. O el hecho de enfrentarse a los letrados de los acusados, alguno de ellos especializado en poner nervioso al más tranquilo de los mortales. Pero tampoco resulta muy serio que ante cada pregunta se te escape una sonrisita.

 

La mujer de los 20 escoltas

2014 enero 15
por Rallo

El juicio del caso Cooperación -o caso Blasco, como le gusta denominarlo a la coordinadora de las ONG- me ha recordado un personaje que también transitó por aquella conselleria -la del absoluto descontrol en el reparto de subvenciones-  sin que nadie sepa muy bien qué hizo.  De hecho, terminó siendo destituida. Se trata de la exsecretaria autonómica de Solidaridad y Ciudadanía, Gotzone Mora. La mujer de los 20 escoltas. Aclaro. No es que permanentemente llevara este servicio de seguridad sino que a lo largo de su periplo en tierras valencianas (2007-20011) hasta una veintena de profesionales fueron relevados de su vigilancia. Resulta difícil que olviden el nombre del perro de Gotzone,  ocupante ocasional del coche oficial camino del veterinario. Y algunas paradas en centros comerciales más o menos conocidos para diferentes ‘compritas’. O cómo, a veces, los policías iban como si fueran sardinas en lata en el coche tras el regreso de fin de semana. Cada domingo, parecía que hacía una mudanza, cuentan quienes fueron su sombra.

Este número de escoltas marcó un récord Guinnes en la Generalitat que se antoja muy difícil de superar. Dicen que llegó de la mano de Mayor Oreja, que le susurró a Camps su nombramiento y este se la colocó al conseller Blasco. Al principio, todo fueron sonrisitas y buen rollo. No pasó demasiado tiempo hasta que la situación se enfrió. A Blasco no le gustaba que Gotzone acaparara tanto protagonismo mediático y sí es cierto que, muy al principio de su mandato, tuvo algo de lustre en varios titulares.  Todo esto se difuminó con el paso de los meses.

Nadie de la Conselleria valoró su trabajo por el que todos le pagábamos más de 3.000 euritos limpios de polvo y paja.  Es más, se alegraron profundamente de su marcha.  Y muy especialmente su servicio de seguridad a los que prestaba un trato que no se puede calificar de cordial.  Los escoltas, sin perder el sentido del humor después de tanto tiempo, todavía recuerdan el número que ocuparon en el escalafón. Yo soy el cuarto, yo el octavo, yo fui el décimo quinto. O pedían el cambio o lo pedía ella. Aquello era una relación imposible. En alguna ocasión, incluso cuentan que algún cargo de la Generalitat le llamó la atención por el trato que dispensaba a estos profesionales. Los viajes a Madrid, a tertulias radiofónicas, corrían a cargo del Consell. Ella dijo en su día que era para ahorrar porque si se sumaba el billete del AVE de los escoltas, la factura a la Generalitat salía más cara.

Dos cositas de cola.

a) Este post no es para criticar que Gotzone tuviera escoltas sino el trato que les dio.

b) ¿Del asunto este de las ayudas, Tauroni y toda la muchachada, esta mujer no se enteró del jaleo que había montado?

¿Se repetirá la polémica de Camps con Blasco?

2013 diciembre 24
por Rallo




El juicio por el Caso Cooperación aguarda tras el final de la Navidad.  El 7 de enero comienza el jaleo, el lío, la jarana.  Desde de los trajes de Camps, el TSJ no alberga un juicio relacionado con corrupción y con personajes de cierto calado. Cierto es que los hechos en este asunto parecen de un nivel de indecencia infinitamente superior. Se trata del desvío de fondos destinados a paises del Tercer Mundo. En el primero de los supuestos, los protagonistas fueron el expresidente  Francisco Camps y el diputado del PP Ricardo Costa. En esta ocasión, la Fiscalía sienta en el banquillo de los acusados a Rafael Blasco. (El Conejo, atrapado). El exconseller ha sido miembro del Gobierno autonómico con todos los presidentes excepto con Alberto Fabra. Lleva meses, al igual que el resto de partes, preparando su defensa. Lo fuerte viene ahora tras alguna entrevista en televisión donde incluso utilizó los argumentos de este post. (Anticorrupción se la juega con Blasco). En resumen, que el mismo fiscal ya llevó el caso Bellver y perdió. Diminuto escudo para el reto que se le presenta. A buen seguro que algo más tendrá preparado para el tribunal. Ninguno de los protagonistas disfrutará de unas Navidades de reposo. Todo lo contrario.

La polémica se desató en el juicio de los trajes por la utilización de las dependencias del Consejo Valenciano del Colegio de Abogados por parte de los acusados.  Se trata de la sede de la institución, ubicada físicamente en el interior del edificio del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), pero fuera del control del órgano de los jueces. Camps y Costa las usaron como ‘refugio’ durante aquellas jornadas en las que el proceso se prolongaba mañana y tarde. Y claro, había que picar algo. La primera vez que subí allí, acompañado de El Francotirador, el entonces guardaespaldas del expresidente y chófer habitual, Pablo Landecho, salió al paso. “Qué queréis?”, soltó.

Camps, a la salida del TSJ.

 

 

La presidenta del TSJ, Pilar de la Oliva, había dado orden de que a las 14.30 horas, como sucede todos los días, se cerraba el chiringuito. Y nadie podía permanecer en el edificio. ¿Eso incluía la sede de los abogados? Pues no. Al igual que tampoco afectaba a los despachos de la Fiscalía. Pero, al parecer, como suele ocurrir en estas polémicas, fue el mensajero el que malintepretó las órdenes de De la Oliva. O eso sostiene una de las versiones del incidente. Y en este caso, el transmisor no era otro que un responsable de la Guardia Civil. El mismo que, según cuentan, saludó muy efusivamente a Camps cuando este fue absuelto. Hecho que sorprendió a no pocos de los presentes. Total, que el agente se plantó en la sede y dijo que todos fuera, que allí no podían estar. Órdenes de arriba. La respuesta de los responsables fue que de allí no se marchaba nadie. Al parecer, el guardia hizo varios viajes del Colegio al TSJ como en el juego este del teléfono loco. “Estos dicen que”, “Pues ahora le dices que…” La mañana había empezado ya calentita con la negativa a que los dos acusados entraran en coche al TSJ para evitar a los fotógrafos en la puerta. Juan Cotino, que además de presidente de Les Corts, hizo de chófer en algunas ocasiones para el presidente, dejó a Camps justo a la entrada.

Las dependencias, en principio, están destinadas a los abogados, pero se desconocía hasta ese día  que también lo estuvieran para los acusados. Y eso que Camps cumplía entonces con las dos condiciones. Ahora no habrá duda. Muchos letrados y sus defendidos tienen previsto ocupar los despachos de la institución si fuera necesario. El incidente motivó incluso alguna llamada de los abogados al Consejo General del Poder Judicial tratando de aclarar el contenido exacto de las órdenes que llegaban desde arriba. Hubo quien incluso se planteó una queja formal contra la presidenta, pero las aguas se calmaron con el paso de las horas. Que nadie descarte alguna polémica parecida durante el juicio. En Valencia, por suerte o por desgracia, nos va la marcha. Y el lío vuelve el 7 de enero.

¿Dónde terminarán los trajes de la Gürtel?

2013 diciembre 18


Betoret, en traje, acude al TSJ.

 Rafael Betoret, exjefe de Gabinete de Turismo, no tiene mucha suerte en esto de la Justicia.  En aquellos días de 2011 se vio atrapado entre la indecisión de declararse culpable de haber recibido regalos de la trama Gürtel o llegar a juicio, defenderse y tener algo de suerte.  Los jurados, salvo excepciones, suelen ser una lotería. Finalmente, claudicó y reconoció los hechos: que había recibido trajes pagados por la muchachada de la Gürtel. Lo mismo hizo Víctor Campos, exvicepresidente de la Generalitat, en los días frenéticos entre los cuatro implicados cuando el cruce de llamadas y los nervios fueron constantes. Campos explicaría posteriormente en el juicio, al que acudió como testigo, que aceptó la pena para terminar con una situación que comenzaba a pasarle factura a la salud. No fueron pocos los que durante las vistas de los trajes tuvieron que recurrir a vitaminas para soportar el tostonazo. Por cierto, que el jurado que absolvió al expresidente Francisco Camps y al diputado Ricardo Costa cobró las dietas casi dos años después del proceso. Más vale tarde que nunca. (Dos años para cobrar un juicio).

Betoret, posteriormente, se llevó la monumental sorpresa de que tanto Camps como Costa irían a juicio. “Joder, estos me han dejado tirado”, debió pensar. Y quizá el asombro fue todavía mayor al comprobar meses más tarde el veredicto del jurado popular. Fue entonces, cuando suspiró aquello de:  ”A pagarlo, pocarropa”.  

En realidad, no es que tuviera poca ropa. Tenía bastante. Un fondo de armario interesante para algunos, quizá arriesgado para otros. No hay que olvidar que había sido jefe de protocolo de la Diputación. Presumía de elegancia, en su caso, peculiar. Betoret llevó al Tribunal Superior de Justicia once trajes,  tres americanas, dos abrigos y un pantalón -se supone que todo limpio- para reducir algo la multa económica. Campos, en cambio, argumentó que no tenía las prendas que le atribuían las acusaciones.  De tal forma que fue el exjefe de Turismo, el que quedó como el único de los cuatro acusados que realmente admitió los hechos y demostró tener la ropa. Más claro, agua. La pela es la pela. Esta ropa continúa hoy, más de dos años después del juicio, en las dependencias judiciales. Con el estado actual que presenta el TSJ a nadie le extrañaría que acumularan más polvo que otra cosa. O que hubieran sido pasto de las polillas.

Juan Climent trasladará ahora a las partes qué hace con los modelitos. Una posibilidad es destruirlas. Otra, sin duda más solidaria, sería entregarla a la beneficencia. A Cáritas o alguna oenegé que pueda hacer buen uso de ellas. El presidente del jurado de los trajes no podía iniciar este trámite hasta que el proceso no quedara liquidado en el Tribunal Supremo. El órgano judicial confirmó la absolución de los dos populares y de paso condenó al PSPV al pago de las costas a mediados de este año.  (PSPV, condenado).  Ahora preguntará qué hace con las prendas de ‘pocarropa’.  Y recuerdo aquí lo que escribió @Ramon_Palomar: “Esos once trajes once no podrán ornar las vitrinas de un museo porque nacen de una aventura cutrona. Tanto traje y ningún chándal, qué finos éramos”.  El problema es que quizá seguimos con la misma tontería a cuestas.

 

Golpe de Estado en el Twitter de los fiscales progresistas

2013 octubre 22

Hoy en día si no estás en Twitter parece que eres invisible. Particulares, profesionales, empresas y medios de comunicación se han lanzado a la conocida red de microbloging como alma que lleva el diablo.  En internet, por norma general, de cada perfil interesante tropiezas con cien que se esfuerzan en exhibir precisamente lo contrario.  Esta circunstancia le resta valor, pero no anula por completo su utilidad. También diferentes organizaciones  se apuntaron a esta carrera loca de cuantos más  followers mejor, como llaman los pijos a sus seguidores. Las asociaciones de fiscales se subieron a lomos del pajarito con diferentes estilos y, a la vista de los resultados, con distinta suerte.  A título particular, en Valencia, la presencia de responsables del Ministerio Público es testimonial. Los perfiles  se pueden contar con los dedos de las manos. La mayoría de los fiscales on line las utilizan como medio de consulta. Apenas tienen actividad. Y los que sí escriben con cierta asiduidad no tratan precisamente de cuestiones jurídicas. Uno de los más activos, por ejemplo, opina de fútbol. Y todo lo anterior resulta más que lógico.  Incluso recomendable. Hay alguno que incluso tiene limitado el acceso a quienes quieren leer sus mensajes.  No hay que olvidar que si en algo coinciden todos los que  algo saben algo de Twitter es en el peligro que encierran los atractivos 140 caracteres. Un calentón -verbal, se entiende- te puede meter en un buen lío.

    

Cabecera de las cuentas de las asociaciones

Caso aparte son las asociaciones que agrupan a los profesionales. La Unión Progresista de Fiscales (@UPFiscales) cuenta con una buena legión de seguidores en la red. Gana por goleada a los conservadores de la Asociación de Fiscales (@AFiscales).  Los progresistas presumen de más de 5.000 seguidores, mientras que sus compañeros apenas superan el medio millar. La derrota es abrumadora, como tradicionalmente ocurre en estos asuntos. La izquierda siempre manejó mejor lo de la comunicación. Sin embargo, este ascenso tuitero no ha salido gratis. Algunas voces han manifestado su malestar por las formas, el estilo -definido por algunos como radical- utilizado en los mensajes de la organización.  Se comentó que no dejaban en muy buen lugar al propio Ministerio Público en algunos supuestos. Era habitual que trufaran sus mensajes de cierta sobredosis de carga ideológica. Perjudiciales para la institución, opinaban los críticos. Y, al final, estas quejas -al parecer se desconoce su origen- llegaron a la directiva de la asociación. Hasta esa fecha, la cuenta de Twitter la manejaban varios miembros de la organización, un grupo de fiscales que no superaba la decena. En esa comitiva de mensajeros on line figuraban tres fiscales destinados en Valencia. La UPF acordó suavizar la ‘intensidad’ de sus tuits tras la llegada de esas misteriosas quejas. No ha sido esa la única consecuencia del cambio de rumbo. Por el camino, en la nueva estrategia comunicativa -más sosegada- se quedaron fuera los fiscales de Valencia. Un buen día, allá por el mes de septiembre, comprobaron cómo se les había denegado el acceso. Desde la asociación habían cambiado las claves sin avisar. Evidentemente no les comunicaron las nuevas. A veces, en aquellos lugares en los que por definición se intuye que más se deberían cuidar las formas, se actúa de manera despótica. Al estilo de patada y portazo. En @AFiscales deben de disfrutar viendo los toros desde la barrera. Ellos no se meten en problemas. La realidad es que son conscientes de que su cuenta resulta poco atractiva. Una especie de BOE tuitero.

 

 

 

Lo que no se vio del Año Judicial

2013 octubre 9

Nadie espera la Apertura del Año Judicial dando saltos de alegría. Suele convertirse en un acto de esos a los que muchos asisten por compromiso, por dejarse ver o por necesidades del cargo. Pero son sitios en los que se debe estar, como los bautizos, bodas y, sobre todo, entierros. Un poco de vida social con togas. Para los periodistas sirve de excusa para tomar alguna nota curiosa, como ocurrió hace unas semanas. Llamó la atención la presencia de la nueva secretaria autonómica de Organización, Esther Pastor. Algunos ojos se dirigían de manera indisimulada hacia ella, nada habitual en jaleos de este tipo. Y menos cuando ocupó un lugar más visible que el propio conseller de Justicia, Serafín Castellano, agazapado en segunda fila, si la memoria no falla.

Esther Pastor abandona el TSJ.

En la otra bancada, los togados. Por allí estaban el exfiscal Antidroga, Luis Sanz, y la fiscal jefa Teresa Gisbert. No los vi saludarse. Tampoco me extraña. Uno se despidió de su puesto tras más de 22 años diciendo que estaba harto de trabajar solo en la sección y su jefa respondió, también a través de LAS PROVINCIAS, que él sabrá cómo había trabajado los últimos años. A la mayoría de fiscales no gustó ni la despedida con portazo de Sanz ni la contestación de Gisbert. Otros se alegraron del intercambio dialéctico. Los primeros son los que consideran que estas ‘cositas’ se resuelven dentro de casa. Y ahora todavía más cuando la sustituta de Sanz, propuesta por la propia Gisbert, está planteando más problemas de los esperados, que eran pocos o ninguno. Por allí también estaba Fernando Cabedo, habitual en juras y aperturas, acompañado de otros responsables del Ministerio Público. Fue ‘rival’ de Gisbert en su renovación al frente de la Provincial. Las malas lenguas dicen que tras salir elegida Gisbert él era el segundo fiscal más feliz del mundo. Precisamente por no haber salido. Ojalá todas las derrotas fueran siempre tan dulces. Que se lo digan a Pedro Castellano, que también ocupó su puesto en la apertura, o al magistrado Tomás y Tío, con sus candidaturas a presidir en su día el TSJ.

 

Luego llegaron los discursos. El de Pilar de la Oliva, con formas en algún caso excesivamente paternalistas, tuvo buen nivel. Comparado con los anteriores de Juan Luis de la Rúa, fue toda una bendición. Los speech del expresidente equivalían por aquel entonces a un potente somnífero. Si no fuera por la incomodidad de los bancos de la sala -es difícil crear algo más doloroso para la espalda- alguno se hubiera desplomado no hace muchos años. El discurso de la presidenta de la Audiencia, Carmen Llombart, para agradecer la concesión de la Raimunda no se puede decir que fuera bueno. Y lo anterior siendo generoso. La magistrada se ha presentado como vocal al Consejo General del Poder Judicial. Y no son pocos los que en la Audiencia ya comentan las consecuencias de la maniobra. Si saliera en la Comisión Permanente su puesto quedaría libre y  ahí entraría la sombra alargada de Fernando de Rosa, que no le haría ascos a ocupar el puesto de Llombart. De Rosa, en una entrevista con LAS PROVINCIAS, no rechazó esta posibilidad. “Sé que los rumores están ahí”. El magistrado es consciente de que en la Audiencia, órgano al que regresa tras su paso por Madrid, varios le esperan y no con los brazos abiertos. Son los mismos corrillos en los que se comenta la relación que puede tener este galardón con el posterior cambio de cromos. También asistió Gabriela Bravo. La otra vocal del consejo que termina su etapa en la capital del España. Ella dijo en su día, a principios del mes de septiembre, que volvía a la Fiscalía de Valencia. Pese a su declaración, lo que parece que ya está hecho es que seguirá en Madrid, en la Fiscalía de la Audiencia.

Llombart, escoltada por De Rosa y Bravo.

Un ‘marroncito’ en Fiscalía

2013 septiembre 25




Un ‘marroncito’ sobrevuela Fiscalía desde hace un par de meses. Un asunto de esos inesperados que tarde o temprano, salvo sorpresa mayúscula, caerá en la mesa de algún fiscal. La golosina no es agradable. Más bien puede resultar indigesta. Se trata del futuro juicio del caso Terra Mítica. Quizá el primer sarpullido de corrupción de aquellos tiempos gloriosos, cuando Eduardo Zaplana mandaba en la Comunitat. El método de fraude, diseñado en su día por la anterior cúpula directiva, no destaca por su originalidad. Es, por desgracia, común en este tipo de asuntos. Facturitas por servicios que nunca se hicieron…Y dinero a la saca. En total, se perdieron 4,4 millones. De todos, claro.

La fiscal Carmen García se encargó de la instrucción, cuestión recientemente finiquitada. Una investigación que ya sólo por el tiempo transcurrido no podría calificarse de modélica. Bien es verdad que la responsabilidad no fue suya. La sorpresa fue conocer que la responsable del Ministerio Público había pedido el traslado a la Fiscalía Anticorrupción de Madrid. Y del asombro al problema, que llegó cuando le dieron el ok. No hizo mucha gracia en Valencia la decisión de la fiscal. Lo habitual, en casos de la magnitud de Terra Mítica, es que el mismo que lleva el caso se encargue posteriormente del juicio. No es este un asunto de esos que se controla en una tarde, ni en dos ni en tres. Pese a no ser excesivamente complejo, sí resulta muy voluminoso.

García, consciente de que su marcha iba a suponer un regalito envenenado a alguno de sus compañeros, llamó a la calma. ‘No os preocupéis que volveré para hacer el juicio’, transmitió. Muchos lo dudan. No tanto por ella –que puede que también– sino por el lógico discurrir de los acontecimientos. Parece complicado que si te vas un año a Madrid,  a una sección ya de por sí sobrecargada –esto es España– es más que probable que no te autoricen a regresar un mes a Valencia para encargarte de Terra Mítica. Un asunto que por la capital de España debe sonar casi a chino. Total, que partiendo del razonamiento anterior, el ‘marroncito’ coge fuerza. Lo lógico es que el asunto aterrice en la sección de Económicos y por allí, los nuevos y los recién llegados, ya ponen caritas de “por favor, a mí no” o huyen cuando alguien susurra acerca del parque temático. Algunos tienen más papeletas para este sorteo pese a que no las han comprado.

El regreso de Carmen García sería visto como una salvación, el milagro que todos esperan. No se descarta, pero no es lo más probable. Al final, esto terminará como el marido voluntarioso que se compromete un día a colgar un cuadro. Y pasan los días, y los meses… Y el cuadro allí sigue, en tierra. Suele colocarlo el vecino.

La Fiscalía se la juega con Blasco

2013 junio 4

Hasta la fecha, los juicios celebrados en el TSJ han terminado con victoria del Partido Popular frente a la Fiscalía Anticorrupción. De los tres diputados de Valencia que se han sentado en la etapa más reciente en el banquillo, los tres solventaron el trámite airosos. En este marcador inicial, abierto en la etapa de mayor corrupción que se recuerda en esta Comunitat, queda fuera el alcalde de Torrevieja. Este sí fue condenado a tres años, pero no tiene el pedigrí de los siguientes protagonistas.

El primer gol al Ministerio Público llegó de la mano del concejal Jorge Bellver, hoy portavoz del PP en Les Corts. El que postulaban como sucesor de Barberá salió absuelto de la prevaricación de la que le acusaba la Fiscalía. Y además, el juez Flors, instructor de la causa de los trajes y ponente de la sentencia en el caso de los Jardines de Monforte, le mandó un dardito de regalo al fiscal. Así, como quien no quiere la cosa, para resolver la petición de las partes de que se condenara en costas a la acusación pública -algo que no permite la ley-deslizó el siguiente párrafo:  “La ley no contempla que, en caso de absolución del acusado, pudieran imponerse las costas a la acusación pública, puesto que el legislador no ha podido representarse como posible que, atendidos los principios que deben regir la actuación del Ministerio Fiscal, éste pudiera actuar temerariamente”.  ¿Necesario eso de ‘no ha podido representarse como posible’? No hizo ninguna gracia en la Fiscalía.

Jorge Bellver

 

 

 

 

 

 

 

 

El partido grande, de esos que llaman del siglo -aquí no es como en el fútbol donde todos los años se producen varios- llegó con la causa de los trajes. El expresidente de la Generalitat Francisco Camps y el exsecretario del PP Ricardo Costa, acusados de cohecho pasivo por aceptar regalos de El Bigotes, ahora rebautizado como El Barbas. En cualquier caso, con más o menos pelo en el rostro, al parecer, sigue teniendo la misma jeta.  En aquel caso, tres fiscales, dos de Madrid y el delegado Anticorrupción de Valencia, no lograron que el jurado declarara probados los hechos que sostenían. Teorías conspiratorias al margen acerca del veredicto -hay varias y alguna es realmente graciosa- también se hizo cierta autocrítica. Tal y como se llegó a reconocer después, la acusación se orientó en exceso hacia la documental. Quién sabe si desde otro enfoque hubiera variado el resultado. Quizá tampoco. La sorpresa de la decisión del jurado, no obstante, fue mayúscula. Algún peso pesado llamó desde Madrid minutos después de la decisión para averiguar cómo había sucedido aquello.

Camps, feliz. Costa, serio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora, presumiblemente tras el verano, llega otra de las citas fuertes en la agenda de tribunales, una parte del caso Cooperación -con permiso de Gürtel y Fitur-. Blasco, dinosaurio de la política y habilidoso en el debate parlamentario, no ha demostrado la misma astucia para esconder la basura de su Conselleria y no verse salpicado en este turbio asunto. Y, además, como protagonista principal, en la cúspide de la trama, apodado el Conejo.  Nada de eso de “pasaba por allí”.  Se da la circunstancia de que en la acusación pública repetirán el fiscal de Bellver y el de los trajes de Camps. Dicen todos que el exconseller lo tiene complicado. Está bien “pillado”, concluyen diversas fuentes. Alguna incluso muy atrevida desliza que salvo milagro… Pero digo yo, que al encargado de los milagros no le debe hacer mucha gracia lo de distraer dinero destinado a los que más lo necesitan. Presuntamente, claro.  

Rafael Blasco, pensativo.

A desahuciar con un bolso de Carolina Herrera

2013 abril 17

Los detalles, en demasiadas ocasiones,  terminan siendo esenciales. Resultan tan definitorios que no puedes escapar de aquello de que no habrá segunda oportunidad para causar una primera buena impresión, la biblia de los comerciales.

Ocurrió el pasado lunes.  Nueve y media de la mañana. La comisión judicial se presenta en un domicilio de Ruzafa.  Se trata de un desahucio, algo tan común que, por desgracia, cada vez es menos noticioso. Ya saben, lo que deja de ser novedad… Junto a los funcionarios,  se presenta ella, rubia -lo añado como un detalle descriptivo sin segundas lecturas-, taconazos, pantalón y bolso. El complemento no es precisamente discreto. Dos son los motivos. Uno, el color rosa chicle que quebrantaría cualquier código de discreción. El otro son dos grandes letras, la ce y la hache que adornan el bolsito de marras. El tamaño de las iniciales permitía conocer la firma desde varios metros de distancia. Alguno casi diría que arrastra un cartel publicitario.  Y no es que la mujer, bauticémosla como Carolina Herrera,  se comportara de manera improcedente o hiciera algún comentario fuera de tono.

No. Fueron eso, los detalles. ‘Carolina’ era la habilitada del procurador del banco.  Vamos, para resumir, la que viene en nombre de la caja. Para colmo  se trata de una de ingrato recuerdo para los valencianos. La víctima del desahucio, que tiene que cuidar de un hijo enfermo, imagino que bastantes problemas llevaba encima para fijarse en que con aquel bolso a buen seguro que ella solventa una letra de esa hipoteca que ahora no puede pagar.

Habrá alguno que ya esté pensando en que esto es demagogia. Pues no. Vaya por delante que no critico las marcas. Cada uno se gasta el dinero en lo que le da la gana, que su esfuerzo le cuesta o debería costarle. Hay quien lo dedica a bolsos, a ropa, a coches, a casas, a hacer deporte, a irse de fiesta o a viajar al extranjero. De lujo. Ahora bien, lo que no me parece de recibo es que a semejante escenario se acuda con ese despliegue económico. Es como si a una boda te presentas en chándal y deportivas. No pega. Eres el bicho raro.  Pues tampoco el bolsito es un invitado agradable. ¿Dónde queda el pudor? Luego surge otro problema. Al ser el representante de la entidad bancaria te conviertes en su imagen. No dejas un buen recuerdo en los domicilios a los que acudes. Te ven como el poderoso y quizá incluso como el prepotente.

¿Y si fuera falso? Pues casi diría que es todavía peor. Querer aparentar en un lugar como aquel no entra en mi cabeza. Cada uno que se compre lo que se pueda permitir. Es mucho más digno.  Por lo menos, seamos auténticos.