Entiendo que esto te sorprenda. A mí, en principio, también. Una noche de insomnio, unos libros sobre la mesa, los zombis paseando por la ciudad, los ángeles despertando para celebrar el día de Todos los Santos y el superagente Cooking soñando con gastrolocuras como éstas…
“Los sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén, les decía adiós con un pañuelo”. Esa noche quedé dormido leyendo a Eduardo Galeano. Su Libro de los Abrazos. Era consciente de que mi cabeza no iba a parar de soñar. Lo que no esperaba es que sería con tanta intensidad. En mitad de la madrugada, una pesadilla me sobresaltó. La mano fría de Mary W. Shelley -la madre literaria del mismísimo doctor Frankenstein– tocaba mis mejillas mientras leía con una voz que parecía de ultratumba su historia que, sinceramente, me estremecía:
“Una siniestra noche del mes de noviembre pude por fin contemplar el resultado de mis fatigosas tareas. Con una ansiedad casi agónica, coloqué al alcance de mi mano el instrumental que iba a permitirme encender el brillo de la vida en la forma inerte que yacía en mis plantas…”
Una tímida vela iluminaba mi habitación. Ella me miraba. Su mano derecha acariciaba mi mejilla. Su libro, en la izquierda. “Vuelve a dormir y sueña, míster Cooking. Sueña con el menú de Frankenstein. Necesito que tu cerebro sueñe con el menú de Frankenstein…”, me insistía, susurrando, con su voz dulce. Tanto que casi era terrorífica. “¿Un menú para Frankenstein?”, me repetía yo acongojado. SuperCooking siempre fue algo gallina.
“Era la una de la madrugada, la lluvia repiqueteaba lúgubremente en las calles y la vela que iluminaba la estancia se había consumido casi por completo. De pronto, al tenebroso fulgor de la llama mortecina, observé cómo la criatura entreabría sus ojos ambarinos y desvaídos. Respiró profundamente y sus miembros se movieron convulsos“.
“¡Lo tengo!”, le interumpí. Ella dejó el libro y gritó un bravo silencioso. Una dama como Mary no podía gritar un bravo a la española. “Dime, dime”, me dijo. Le propuse platos sublimes con sangre, tripas, carne cruda, pieles y hasta huesos. Delicioso. Y ella volvió a soltar un bravo. Este sí, a la española. “¡Bravísimo!”.
EL TERRORÍFICO MENÚ DE FRANKENSTEIN
ENTRANTES
PLATO PRINCIPAL
No tengo la foto del arroz con bacalao. Si Kiko Moya me la pasa la cambio, mientras le he cogido prestada ésta de su Facebook. Campo de arroces.
POSTRE
Mary W. Shelley cogió el menú, me dio un dulce beso a los labios (que sinceramente le agradecía porque sabían a mandarinas recién cogidas) y se dispuso a marcharse. Le dije que me había emocionado su visita y ella sonrió como una muñeca. “Quédate con los ángeles”, me dijo antes de desaparecer como un fantasma. Y de inmediato llegó él. Un ángel, sí. Un ángel llamado Q. Q de Barella.
UN ÁNGEL LLAMADO Q
“¡Dios mío!”, grité. ” Quique, ¿qué haces aquí, en mi sueño, vestido de ángel, con un delantal más blanco que las sábanas de los anuncios de Colón?”. Me explicó el maestro cocinero que había fichado por el paraíso y que había montado un restaurante que era… una divinidad. Quique me llevó hasta allí. Hasta Q de Barella. La cita con la cocina de la sencillez, de la sutilidad, de los sabores medidos y sin estridencias, limpia en presentaciones y sincera en la elaboración. Una cocina honesta donde todo parece que está medido con un dispositivo de alta precisión: El corazón de Q.
Cuando entras en el reino de Quique Barella y de Elsa Fullerat (su esposa y responsable de sala) se hace un silencio que apacigua el alma y elimina los malos espíritus (estamos muy de Halloween). Uno deja en la puerta las malas vibraciones y le asalta de pronto un toque de felicidad contenida. Dos niños y un simio, que parecen sacados de una película de Spielberg, te dan la bienvenida. Quique no lo sabe, pero el mono no para de hablar, de recitar poemas… A mí se me acercó y me empezó a susurrar uno de Christina Rosetti:
“De la mañana a la noche/ gritan los duendes a troche y moche./ “Nuestros frutos comprad, venid, venid comprad/ membrillos y manzanas,/ limones y naranjas,/rollizas cerezas/ melones y fresas…/”
(‘El Mercado de los Duendes’)
Pero voy a ir al grano. Basta de barroquismos. Entra en el paraíso y flota:
Cuando con la barriga bien nutrida me fuí a Q. para pagarle, el mono del cuadrito dichoso me volvió a insistir con sus extrañas chanzas. “¿Conoces a Yongui-Bongui-Bò?“, me preguntó. Y ante mi cara de perplejidad, de nuevo se puso a recitar…. ¡Ahora a Edward Lear!
“En la costa de Coromandel/ donde las primeras calabazas verás mecer,/en medio de la arbolada/ el Yongui-Bongui-Bò tiene su morada…”
Dejé al mono. Fui hasta Q. Le di las gracias por todo y le pedí sus alas para llegar a casa cuanto antes y despertar de mi sueño. Pero, claro, los ángeles no dejan sus alas así como así. Menos a bribones. Pagué y me marché al País de las Gastrosofías pensando en si a Frankenstein le habría gustado el menú, preguntándome si Elsa consiguió entrar en el club de los ángeles creando esa torrija de horchata y, sobretodo, dándole vueltas a lo de las alas. ¿Quique se las quitará para dormir? De pronto, el alba rompió la noche con unos versos de Michel Houellebecq y desperté:
Huellas de la noche./
Una estrella brilla, sola,/
preparada para lejanas eucaristías./
Los destinos se reúnen, perplejos,/
Inmóviles./
Nos dirigimos, lo sé, hacia extraños amaneceres.
(Llega el momento Phil Collins y Another Day in Paradise. Para que no nos olvidemos de esos otros paraísos).
LA FACTURA
Q de Barella, calle Finlandia, 7 (Valencia). Tel. 963 936 300
TWEETS AL AJILLO
Como la cosa se está haciendo grande, cada vez somos más en la Comunidad de Historias con Delantal, pues te ponemos un tablón de anuncios para decirnos cosas. Aquí van algunas cazadas esta semana en twitter.
1. Ricard Camarena recibió esta semana el premio Valencianos para el Siglo XXI que otorga Las Provincias. Y allí quien estuvo pudo saber que Ricard es tan grande como todos sospechábamos.
2. Nuestra amiga Belén de La Pitanza vuelve a saltar al ruedo con Diez Arroces Bravos. Vertical a lo grande. Diez. Pienso ir y os lo pienso contar.
3. Felicidades a la buena gente de @gastrouniversia. Esta semana ha arrancado un Máster en Dirección de Restaurantes y F&B Hotelero que promete convertirse en todo un referente en Alicante. Antonio Llorens detrás.
Esto es todo. Gracias por seguir hasta aquí. Os dejo con Frankenstein 😉 Au!