>

Blogs

Jesús Trelis

Historias con Delantal

FIESTA ITALIANA EN L'ALQUIMISTA

LA RUTA ITALIANA

L’Alquimista: El Gran Festín

El Pomodoro: Vicios Italianos

PREPÁRATE.

EMPIEZA EL VIAJE.

EMPIEZA EL FESTÍN.

 

Cuando pinché el último ravioli, mi memoria se fue de paseo por la vía Cavour y el aliento de la nostalgia se apoderó de mí. Los superagentes del país de la Gastrosofía en el fondo somos así: unos debiluchos sensibleros capaces de vendernos por un plato de raviolis. Eso sí, un plato que tenga magia. Y aquel lo tenía. Mucha. Raviolis con espinacas y salvia, bien serenados y armonizados con su suave salsa de mantequilla… Magia, te dije. Alquimia. No sé si ponerme a llorar ya o es demasiado pronto…

La magia de un plato de pasta de L’Alquimista es capaz de producirte esas sensaciones. Por eso se llama así. Sus creaciones son explosiones de sabor, aromas y matices que juegan contigo y te fascinan. Y aunque cuando llegues al restaurante pienses que estás en una casa de comidas anclada en el pasado, con el tiempo descubrirás su bendita verdad. Que estás en un lugar donde el fuego es capaz de cocinar conjuros y brebajes dispuestos a devorarte el alma.

Estarás feliz -si no te toca la silla que está junto a la puerta y que deja que se filtre el viento frío 🙂 del exterior- y te imaginarás que una signora italiana se postra ante ti y te mira con sus ojos negro aceituna y te lanza besos tan sensuales como Anita Ekberg bañándose en la Fontana de Trevi en La Dolce Vita. O bueno, perdón, te imaginarás que el chico Martini se te queda mirando mientras pasa el dedito por el labio inferior y te dice: ‘è molto bella, signora‘.

 

A mí ya me habían advertido de que eso era así (Jose Forés, Sergio Adelantado, Germán Carrizo… ¡hasta mi primo Pepe me dijo que tenía que ir!). Y claro, ya sabes que el superagente Cooking no se lo piensa dos veces. Así que cogí mis habituales bártulos de espía culinario y, con el estómago dispuesto a enfrentarse a los más desconcertantes hechizos, me marché hasta allí. El epicentro: la calle Luis Santángel, junto a la avenida Reino de Valencia. Allí me esperaba una belisima signorina. Una dama que se me iba a presentar a veces vestida de salvia, a veces con salsas confitadas. Una donna perfumada con trufas y semillas de amapola, romero y tomillo, orégano y limónY tras ella, haciendo posible la magia, Mario Tarroni, que puso en marcha el local junto a su madre Angelina -ya de regreso a Italia-,  Nicola Sacchetta y el resto de su equipo…. Un equipo hechizado por la diosa Gastronomía y bendecido por la esencia de la cocina italiana.

EMPEZÓ LA FIESTA

  • Primera Alquimia: LA CASITA DONDE SE CUENCEN QUIMERAS. Sólo cinco mesas. Maravillosamente agobiantes. Su colección de libros. Los carteles que hablan de las maravillas de Ravena, la ciudad de origen de sus cocineros. Un corazón de fieltro rojo vuela suspendido ante la cocina. Allí trabajan la pasta. Y hierve. Botes de especias, el instrumental, restos de harina…  Nicola me da la bienvenida. Me doy entonces cuenta de que el microchip que me colocaron con el traductor italiano-español cuando me convertí en espía  no funciona. Sólo le entendía una cuarta parte de lo que me decía. Pero daba igual. Me sentía bien. Veía cosas especiales. Distintas. Auténticas. Sensaciones que flotaban por mi mente y que me hablaban de magia. Me dejé llevar: “il menu degustazione, per favore”.

  • Segunda Alquimia. PIADINA EN VERSO. “Oh, qué maravilla“, pensé. Nicola llegó hasta la mesa y me trajo una grata sorpresa de bienvendia. En esta ocasión, sorpresa vestida de Piadina. Dos, en concreto (creo que una de ellas se denominaba de otra manera pero ya sabes que mi traductor estaba averiado). La de acelgas y mozarella, simplemente maravillosa. La de carne, brutal. “Es porqueta, un jamón típico de nuestra tierra”, me explicó. La carne, que se deshacía en boca con extremada facilidad, estaba  muy especiada. Y claro, cuando la saboreabas, los matices volvían loco el paladar que parecía haberse instalado en una herboristería (romero, orégano, tomillo y el toque delicado del limón ¿ralladura de limón?). “Esto es la Dolce Vita”, le dije a Fellini que me grababa desde las alturas. Eran dos poemas apasionados metidos en una masa sobre la que hay escritas historias auténticas de la Emilia-Romaña .

Imagen de la Dolce Vita. Federico Fellini (1960)

 

  • Tercera Alquimia: CLÁSICO DE AGUACATE Y ENSALADILLA DE ARTE. Nicola apareció de nuevo. No paraba. Iba de una mesa a otra. Sin pausa. Sin esperas. En ese instante, mis ojos contenían la emoción. Las piadinas estaban sencillamente maravillosas. Hacía frío, eso sí. Ya te lo dije. Se colaba por la puerta. Pero ya casi me daba igual. El ajetreo en el local crecía. Un sorbo de vino. Otro. Y el alma me dio un vuelco al ver entrar -nunca mejor dicho- los entrantes. “Éste es un clásico de nuestra carta“, me explicó Nicola. Era un timbal de aguacate, con piñones, pasas, un aceite de oliva que se podía cortar, el crujiente de las láminas de sal…“Vamos bien”, me dije.

  • La segunda entrada era puro espectáculo. Mejor dicho, puro arte culinario trazado y cincelado con un equilibrio excitante: pollo de corral en su punto, verduras escabechadas (sin matar el resto de sabores), el aceite de nuevo dándo vida y brillo al plato, la fiesta del pimentón agridulce que iba colándose entre los bocados y  los crujientes de maíz que jugueteaban de manera pluscuamperfecta con el paladar. Y también con mi cerebro, que intentaba descifrar toda esa avalancha de sensaciones.

Y así es como descubrí que aquello era arte. Bocado a bocado. Arte culinario que rezumaba magia….

Quizás un Olidón Redón. Quizás un Chagall. Sí. Como un cuadro de Chagall que te hace volar….

  • Dos entrantes que te hacen soñar. Como un Chagall.

 

Desató mi imaginación, que ya iba loca. Y viendo el plato descubrí que aquello era en verdad  un sueño….

…Un mar dorado, tomado por el coral.

Una isla.

Una ilusión.

  • Cuarta Alquimia: LA SIGNORINA DE RAVENA. Un mar dorado, el coral, una isla… El llanto de un bebé que jugueteaba en el restaurante me despertó del ensueño y me puso de nuevo en el contexto. La algarabía in crescendo, Nicolla de un sito a otro, el ruido de los platos y el cascarrillo de los vasos. Una risotada, un aplauso y el niño. Llorando. “Esto es pura Italia”, penséEl incontenible encanto del caos. Recordé entonces aquel local de Roma que tanto pervive en mi memoria. La Osteria de la ‘Suburra, donde mientras comes puedes observar láminas de pasta secarse sobre las mesas o rodar de un lado y otro…

    Foto Osteria della Suburra

    Y mientras recordaba todo aquello, apareció Nicola con mi signorina de Ravena: un plato -¡primer plato fuerte!- que era tan auténtico como todo lo que me rodeaba.

 

  • Un guiso servido en sartén donde chapoteaban las alubias (tiernas y ricas), pasta artesana totalmente desmenuzada, trozos de panceta, el queso parmeggiano que lo cubría… Pura cocina italiana. Sin contemplaciones. Sí, me sentí… me sentí paseando por los escenarios de Amacord. Pasenado por Rimi (la ciudad natal de Fellini). Deambulando por la Emilia-Romaña de la que proceden precisamente la gran familia de L’Alquimista.

Imagen de archivo de la Estanquera de Amacord. También se pasó por L'Alquimista para saludar. FOTO LP

  • Quinta Alquimia. DONNA DE VERDE Y SALVIA. Te lo decía al principio: Cuando piché el último ravioli mi memoria se fue de paseo por la vía Cavour y el aliento de la nostalgia se apoderó de mí. Nicola me había traido la segunda pasta del menú degustación. Y me lancé a por ella con cierta ansiedad. Aquella pasta rellena de espinacas, con la intesidad de la salvia dándole un frescor intenso, fue una explosión de sabor que iba del paladar al cerebro a la misma velocidad que un Cinquino (Fiat 500) de los 60. O sea, pasito a pasito. Saboreando.”Mister Cooking, te estás comiendo una joya. Una bela signorina italiana…”, me soltaron mis neuronas.

  • Era una mujer con forma de ravi0li que transmitía esencia. La salvia me despertaba los recuerdos de mi primer viaje a Roma y atizaba los sueños. Y con ella del bracillo viajé hasta allí. Y entre las luces amarillentas que iluminaba el atardecer en la via Cavour llegué hasta el Albergo Rosetta, un lugar no apto para turistas pijoteros, en el que las habitaciones las comparte un puñado de colegas y el aseo nunca sabes dónde está. Un lugar a la romana donde empezar a fascinarte por la Italia más auténtica. Con sus blancos y con sus negros. La Roma decadente y la que sobrevive, la descosida y la bien atada, la divina y la olvidada. Como la maravillosa La Grande Bellezza de Paolo Sorretino. Como la Roma de Gep Gambardella, el rey de los Mundanos.

 

  • Sexta Alquimia. EL GRAN FESTÍN. Y flotando, la fiesta se desató. Nicola preguntó: “¿Un poco más de pasta, mister Cooking?”. Y como a veces pierdo la noción de lo que como, dije que sí. Más bien movido por la ansiedad; por esa sensación de que la fiesta romana había estallado y no podía parar. La alquimia había hecho su trabajo. Ya todo era posible. Hasta esa papardella con ragú de potro que me hizo flotar

 

La gran fiesta ITALIANA ya está desencadenada….

Ya nada me sorprendía. Estaba de paseo por las nubes:

Buon pomeriggio, señor Visconti.  Bella giornata, Federico…¡suono musica! ¡Qué suene la música!“.

  • Séptima Alquimia. DULCE Y MELANCÓLICO FINAL DE MASCARPONE.  Y cuando después de la fiesta se encendieron las luces, desperté de nuevo del hechizo y me sobrevino la nostalagia. Nicola fue el responsable de ello: Tarta de manzana, espléndida; tarta de chocolate, también espléndia; crema de mascarpone, sublime. Con su galleta de café cantándote una aria final. Como si estuviera rellena de alma de María Callas. Los dulces siempre me hacen volver a la niñez…. En L’Alquimista, también.

 

El regusto del café me acompañó aquella tarde de regreso a mi casa en el país de las Gastrosofías. Paso a paso fui pensando en todo lo que había vivido y disfrutado en ese pequeño local que nunca, cuando entras puedes imaginar lo que esconde. Es como cuando vas a la  iglesia de San Luis de los Franceses en Roma, y casi sin esperarlo te encuentras con uno de los más hermosos cuadros de Caravaggio. La Vocación de San Mateo. Y podrías quedarte, viendo los clarosocuros de la obra del maestro, durante horas, durante días, durante toda la vida. En L’Alquimista pasa igual. Como al cuadro de Caravaggio, irías a visitarlos todos los días.

LA FACTURA

Para curiosos: éramos cuatro (dos niñas) y nos gastamos unos 76,30 euros. Todos comimos menú degustación. Las peques además con pasta especial. Au, curiosos! que queréis saberlo todo. 😉

 

TABLÓN DE ANUNCIOS.

Nos vamos.La semana que viene más. Mister Cooking creo que se va a la biblioteca. No sé. Por cierto, grande el Almanaque Gastronómico de la Comunitat Valenciana editado por Ángela Pla con la colaboración de Guillermo y Juan Lagardera. Ya os contaré.  Tranquilos. Y grande también el libro Sabor a Mar de Ángeles Ruiz, con colaboración del maestro Antonio Llorens y prologado por el gran Quique Dacosta. Ya os contaré…. Y remato semana felicitando a Cuchita Lluch reelegida, como no podía ser de otra manera, presidenta de la Academia Gastronómica de la Comunitat Valenciana. Un brindis por todos ellos.

Seguimos soñando y comiendo juntos.

 

 

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


enero 2014
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031