CUCHITA Y ECHANOVE, AMOR ENTRE PLATOS | Historias con Delantal - Blogs lasprovincias.es

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Jesús Trelis

Historias con Delantal

CUCHITA Y ECHANOVE, AMOR ENTRE PLATOS

 

Cuchita Lluch y Juan Echanove. Un cuatro manos de altura con una pareja que cimentó su historia (de amor) entre manteles, platos y largos sorbos de lunas. Ellos toman Historias con Delantal por partida doble. En el periódico papel (domingo, 21 de diciembre), mister Cooking te lleva al teatro para disfrutar de una conversación repleta de complicidades y confianzas. Y en este post, os dejo una versión algo peculiar (más extendida y cookiniana) del encuentro. Una historia aliñada con un buen puñado de guiños y sonrisas, entresijos y bambalinas, alrededor de una pareja que es un revoltijo de sentimientos, pasiones y honestidades. 

¡Señoras y señores, les desvelamos una historia apasionante!

 

“LO NUESTRO SE FRAGUÓ EN UN chino DE MADRID

😉

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El reportaje fotográfico es de IRENE MARSILLA. (Grandísimas fotos, gracias!)

Llamé a la puerta de su casa, me abrieron y, casi de puntillas, me metí en el escenario. Entre bambalinas, escuché la voz poderosa de Juan Echanove. «Has de freír los ajos y luego añadir la carne», explicaba a alguien en la cocina.  Mientras curioseaba por aquella casa repleta de arte que invita a soñar, por un largo pasillo apareció Cuchita Lluch, la presidenta de la Academia de Gastronomía Valenciana. Radiante. Como las actrices. «De rojo, voy de rojo», exclamó con su contagiosa carcajada. Tras ella, llegó el actor. El Echanove de Cuéntame, de Conversaciones con Mamá, de un País para Comérselo… Iba con un traje azul, como los príncipes de los cuentos. «Exigencia del guión», imaginé. Nunca lo había visto así.

 

Ante un impresionante ventanal que miraba a la Valencia más esplendorosa y junto a un busto de Napoleón, al que se le había corrido el rímel azul de los ojos y el carmín de los labios, los dos unieron sus manos y empezamos la función. Juntos íbamos a revivir una historia de amor que se fraguó hace poco menos de un año en un restaurante chino de un barrio obrero de Madrid. Una fugaz travesía repleta de pasiones, complicidades y duros mazazos –Cuchita Lluch ha perdido a su padre y Juan Echanove a su hermano hace apenas unas semanas–. Una historia que ahora encara su tramo final: «El año que viene nos casamos». 😆

 

 ¡¡¡¡Me supermola ese Napoleón travestido que les observa envidioso!!!!

PRIMER ACTO/ 

Mary Poppins y el titiritero enamorado

«¿A qué obra vamos a asistir?», les pregunté. «Vas a ver una historia de dos personas cuya mirada habla de continuidad», adelantó Echanove. «¡Mejora esto, presidenta!», añadió mirándole con una amplia sonrisa. Yo cogí el testigo. «Si tú eres algo así como la Mary Poppins de la gastronomía valenciana, ¿qué personaje sería Juan?», le pregunté a ella. «Juan es el rey… el rey de copas, de bastos, de espadas». El actor, dominando la escena, se hizo de inmediato con el guión de la obra. «Si pensara en mí, diría que soy un tío que vive con una maleta colgando. No creo que pare nunca de viajar».

(El último amanecer de Echanove, viajando de Tortosa a Tarragona. Como los viejos comediantes…) Foto de Juan Echanove

Como los viejos comediantes, Echanove es un nómada. Un trotamundos que lleva toda la vida recorriendo este país de un lado a otro. Asomándose a sus teatros, a sus escenarios… A sus cocinas. No en vano, eso es lo que les ha unido: la gastronomía. Porque los dos ven en ella la más pura y visceral representación de la vida. «Es la primera vez que hablamos los dos, que pensamos y hablamos juntos en una entrevista», confesó el actor. «Anoche, comentando esto, nos decíamos que si algo de bueno tenía el mundo de la gastronomía que es tan expuesto y tan abrasivo, es que nos ha permitido conocernos el uno al otro». La anfitriona del escenario tomó la palabra. «A mí, la gastronomía me ha traído al hombre de mi vida», afirmó.

Cuchita es así. Pura emoción. Pasión. Optimismo.  Ella esconde bajo esa piel que rezuma vitalidad, el motor que ha logrado (junto a su equipo) impulsar la gastronomía valenciana más allá de la Comunitat. Darle el empujón necesario para que sea un activo de futuro. «Nos conocimos en una comida hace tres años, aunque yo ya sabía de Cuchita, mejor dicho, sabía cómo se escribía Cuchita Lluch, pero no conocía quién era. A partir de ahí, nos fuimos cruzando hasta que un día, en un restaurante chino, me atacó… ¡me atacó por la espalda!», exclamó feliz Echanove. «Damos la imagen de que lo nuestro debería haber empezado en un restaurante de tres estrellas Michelin, pero fue en un tres mandarines… ¡Eso sí, el mejor chino de Madrid!».

SEGUNDO ACTO/

Invitados y platos para una fábula

Un foco iluminó una mesa lista para el festín. A su alrededor, ellos dos sentados y dos sitios vacíos. «¿A quién invitarías?», les pregunté. La presidenta de la Academia fue rauda y, de nuevo, emotiva: «Sentaría a mi padre, a quien acabo de perder. Él me ha enseñado todo lo que soy y todo lo que sé», subrayó. «Sí, a mi padre», repitió hasta seis veces. «Si echo algo de menos es que no se hayan podido conocer más», explicó cogiendo con ternura la mano de su rey de copas, y de bastos, y de espadas…

Cuchita con sus padres. Foto de Cuchita Lluch

Echanove, con esa sutilidad que tienen los reyes de la escena, logró dirigir la mirada del público hasta el otro lado de la mesa. Y anunció que en su silla vacía sentaría a un padrazo de la alta cocina. «Para mí, hay una persona que está por encima de todo; me gusta escuchar sus enseñanzas, escucharle contar sus historias… Siempre le digo: ‘Paco cuéntame otra vez tu historia, desde que te fuiste a Francia’.  Paco Torreblanca descubre que todo esto no es gastronomía, que es, como dices tú, gastrosofía. No importa cómo llamamos a las cosas sino qué tratado de entendimiento, qué ciencia del conocimiento establecemos a través de los distintos actores de esta gran comedia».


Foto de RTVE

Juan, convertido ya en el titiritero enamorado, se entusiasmó hablando de Torreblanca y empezó con su envidiable habilidad a hacer grande la fábula. «Esa mesa es una escena acotada por la luz, con estas cuatro personas, pero a partir de ese momento se van descubriendo otras muchas mesas y mesas y mesas llenas de gente de continentes muy distintos, que comparte y convive y bebe de una manera distinta…. Esas personas, los cuatro, Chuchita, su padre, Torreblanca y yo, estamos deseando parar de comer para pasar a otra mesa, y a la siguiente, y a la siguiente… para seguir aprendiendo». Mi piel de superagente sensible se me puso de gallina. Floté y vi el busto de Napoleón que corona la casa de Cuchita guiñándome el ojo. «Qué historia más chula te está marcando este tipo del Cuéntame», me soltó el impresionante cabezón. Y sí, me emocioné. E incluso volé, como la avioneta de este cuadro que me bombardeaba con emociones mientras ellos me hablaban…

«Bueno, bueno pero ¿quién nos sirve el menú?», les pregunté todavía atrapado en el sueño del artista. «Nosotros nos complementamos muy bien con esto de la comida. Mi plato favorito es el arroz al horno y el de Juan, la merluza frita», me desveló la anfitriona del encuentro. Juan le miró y le auguró entre risas repletas de ternura que, aunque no le guste, acabará sabiendo cocinar. Y entonces, entre los dos, de nuevo la escena nos trasladó hasta un sueño maravilloso. «En esa mesa habría un plato enormemente luminoso, ligero, que tenga que ver con el Mediterráneo, que seguramente lo cocinarían a cuatro manos Quique Dacosta y Ricard Camarena, que son las manos que Cuchi siempre quiere tener cerca dentro de la gastronomía valenciana; yo aportaría una liebre royal de Martín Berasategui… Y creo que a partir de esos platos, saldría todo un árbol genealógico del que brotaría Aduriz, Josean Alija, Eneko Atxa, Sant Celoni, Germán Carrizo, Carito Lourenço, David Diverxo, los Roca…» Ellos y muchos más que fueron saliendo de su cabeza y llenando la conversación de su magia.

Una royal de Berasategui, fotografiada por el propio Echanove y tomada presetada 🙄 por Mister Cooking.

(Un inciso: Imagina un menú con estas dos joyas de Ricard y con las otras dos joyas de Quique. E imaginate las lágrimas que caen por tus mejillas de emoción… ¿Qué os parece pareja?)

1. Judias boby con tomates confitados, cebolla tierna a la brasa, gamba roja y jugo de tomate de Camarena

 

2. Trufa de morella, alcachofas del Edén y yema de huevo del Corralot de Camarena

 

3. Berberechos con kéfir de apio, eneldo y vodka

 

4. Arroz de guisantes y huevos de sepia

 

“Pero, Juan… ¿no nos vas a servir tus garbanzos con rape?”, pregunté recordando su receta que a la vez era la receta de un grande llamado Rafael Azcona. “Desde que falleció siempre la realizo una vez al año… Cuando viene el frío, el primer golpe de frío… en ese momento”. Y hablamos de Azcona y de los garbanzos…y seguimos hablando de la vida, que al fin y al cabo es un  buen guiso.

 

(Mira que joyita le he cogido prestada al maestro para el post. El propio Juan contando la receta)

 

TERCER ACTO/  

Confesiones, versos y la Argentinita
Entre platos, como quien degusta la vida, llegó el momento de las confesiones. Como en las buenas sobremesas. «Mi relación con Juan me ha servido para ver lo que hago en la Academia desde otro prisma», destacó ella. «Yo muchas veces me he refugiado en el trabajo a destajo, para no pararme a pensar en cosas que uno tiene que pensar como persona además de cómo actor. Y creo que a Cuchita con la Academia le pasa lo mismo. Quizá debemos replantearnos si ha llegado el momento de trabajar en lo que uno quiere, hacer por la gastronomía lo que uno quiere, y que no sea una obligación», reflexionó el actor. Y viendo al futuro, apuntó: «Hay que afrontar 2015 con ilusión y ganas de trabajar pero sin olvidar que somos personas y tenemos que desarrollar nuestras vidas y las de nuestros hijos. Tenemos hijos que tienen una edad en la que no es que nos necesiten a nosotros, sino que nosotros les necesitamos a ellos».

El último cumpleaños de Cuchita Lluch.
La confianza se había apoderado de la escena. La sinceridad danzaba ya por el escenario desnuda. Público y actores ya íbamos de la mano. «Ha llegado el momento de pensar qué cantaríamos o qué recitaríamos alrededor de la mesa, como en los buenos festines». De nuevo, el comediante cogió el guión de la historia. «Estando en la mesa, Vicente, el padre de Cuchita, que era un hombre que vivía de forma poética, seguramente le hubiese gustado escuchar algún verso de amor o de Campos de Castilla de Antonio Machado».

Por un camino  en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas cpon su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.

 

Y a Echanove le encantaría que Federico García Lorca La Argentinita le cantaran y bailaran algo popular. «Los cuatro muleros o Anda Jaleo», susurró. Y en mi imaginación sonó una gramola de la que, entre los surcos de un disco de pizarra, cantaban Lorca y la Argentinita:

En la calle de los Muros
han matado una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.
Anda jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

De su mano, de Lorca y de Machado, de Juan y de Cuchita, del Napoleón travestido y de la gloria gastronómica, llegamos hasta el amanecer…. El momento del día que más les atrapa. Y ahí se desataron las confidencias. «Para mí, éste será un año inolvidable en el que, en una parte de la balanza, tengo una fuerte corriente llena de dolor y que es muy difícil de olvidar y de evitar, pero evidentemente en la otra está Cuchita y eso es fantástico», argumentó Echanove con el dolor por la pérdida de su hermano aún vivo y el latido por la mujer que adora muy cerca de su corazón.

Foto de un amanecer en Barcelona, tomada por Juan Echanove. No hay amanecer que no fotografíe y nos lleve hasta su lado…
Creo que hubo un beso. O quizá me lo imaginé. Sí que recuerdo que Cuchita se levantó del sillón y le dijo: «¿Se lo contamos?». Fui raudo: «Claro que me lo cuentas». Y los dos a una, aseguraron: «el año que viene nos casamos». (Esto es más de programa rosa, pero bueno… me gustó que me lo contaran, la verdad) . Y de pronto, el telón bajó y todo se difuminó. «Llévame a la gloria, que le quiero contar a la Diosa de la Gastronomía que hoy he palpado la felicidad», le pedí a mi delantal volador. Y silbando aquella de «nos dieron las dos y las tres» de Sabina, volé al País de la Gastrosofía consciente de que llevaba conmigo un tesoro. Un hermoso compendio de sinceridades y confianzas…

 …y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
nos dijimos adios,
ojalá que volvamos a vernos…

PASE DE CUCHARA….CUCHARA DE PLATA DE CUCHITA

  • Bandera: La bandera roja.
  • España: Mi país.
  • Soledad: No existe. Para mí ya no existe.
  • Un éxito: Mis hijos. Y Juan. Los dos.
  • Tus hijos: Buenos, resonsables, generosos… Personas con mayúsculas.
  • Futuro: Juan (él dice: «qué pesada»). Pero es que es verdad.
  • Academia: Estoy contenta con el trabajo que se ha hecho, pero llega un momento en el que uno está trabajando y el listón está tan alto que hay que replantearse hacia donde vamos a seguir…
  • ¿Hay círculos acotados en el mundo gastronómico?: ¿Círculos? Nosotros no somos los sabedores de todo…
  • Tres cosas hay en la vida: Amor, amistad y familia.
  • El mejor final: Que nos casamos. (Risas)

PASE DE CUCHILLO… JUAN


  • Bandera: La pirata
  • España: Multicolor.
  • Soledad: El peor de los vicios.
  • Haciendo El Cerdo la vivías: Sí, hasta llegar al abismo.
  • Un éxito: Familia.
  • Familia: Después de todo es lo que queda.
  • Tu hijo: Una buena persona. Cómo me gustaría ser tan buena persona como él.
  • Futuro: Es el teatro y Cuchita. Ella me ha vuelto a mi verdad de actor. Me tomo más enserio mi trabajo.
  • Academia: Para nosotros dos en las academias es el momento de parar o hacer un 2.0.
  • Tres cosas hay en la vida: Salud, amistad y futuro.
  • El mejor final: Alguien va a servir más vino y pregunta si abrimos otra botella y los comensales dicen: «sí»

 Seguir a míster Cooking: @JesusTrelis

😛 GRACIAS a los dos.

Muuuchos Besos!

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


diciembre 2014
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