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Jesús Trelis

Historias con Delantal

Diez tentaciones gastronómicas de Begoña Rodrigo

EL FINDE DE MR COOKING

Tres historias con Estrella
 
#elListódromo: Las diez tentaciones gastronómicas de Begoña Rodrigo
#Confidentials:  ¿Está lista Valencia para recibir más estrellas Michelin?
#CookingTerapia: Los chicos que pintan el lienzo

 

Begoña Rodrigo. Valencia, 15 de agosto de 1975.  Leo, según las estrellas. Nació el mismo día que Bonaparte. Napoleón. Azares de la vida. Como los que le llevaron a ponerse a trabajar en un despacho de panadería, a estudiar Ingeniería Industrial, a buscarse la vida más allá de las calles y las ciudades que le ataban desde que era una cría. Azares son sus días desde que se marchó a Amsterdam y, diciendo que sabía hacer tapas españolas de maravilla –mentira piadosa para ganarse la vida-, se metió de lleno en la cocina y ya no salió de por vida. Amsterdam, Londres, Reus… No dejó ya los fogones, a los que sigue unida, ni siquiera cuando después de ser madre -a los pocos días- acudía a La Salita para seguir haciendo grande su aventura. Para seguir con su travesía. Hoy abrimos la Galería de las Tentaciones a la niña que nunca soñó -o quizá sí-  que acabaría apareciendo en las marquesinas de los autobuses en fotografías que anuncian su restaurante. Divina y exultante, como es ella en la cocina y fuera de ella. Divina, con un bogavante como collar y una mirada cómplice como el arma que nadie le podrá desarticular. Picante y dulce a la par. Selvático animal. Lima limón, según la veas. Mujer de estrella. Con permiso de Michelin.

 

COOKINGζRETRATO

Imagen realizada a partir de fotografía de Damián Torres/LP

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LAS DIEZ

TENTACIONES

Tenía en el cajón esperando sus respuestas a este cuestionario más diabólico de lo que parece.  😈   Y éste era el momento de ventilarlas. Un fin de semana con mucha gastronomía en el que debe tener su protagonismo esta mujer que está entre las que más ha hecho mover los cimientos de nuestra cocina en los últimos tiempos. La Galería de las Tentaciones  se abre hoy a Begoña Rodrigo.

 1-Un producto. Las hierbas frescas.

2-Un plato.  El all i pebre

Su all i pebre con plancton. De 2014. Foto Irene Masilla.

3-Un vino. Los borgoñas, me encantan.

4-Una bebida. El vino.

5-Un postre. Un cítrico. Un lima limón.

6-Un cocinero. Ángel león

7-Un restaurante: Además de A poniente…  De Librije en Zwolle. (En concreto, creo que le fascina la anguila de Johnny Boer; una anguila ahumada que iba acompañada de un caldo de vaca y encurtidos).

8-Compañero de mesa: Jorne (su marido).

9- Un libro. ‘La elegancia del erizo’.

     Una película: Comer beber amar.

     Y un cuadro: Cualquiera de los platos de Eneko. (Son como lienzos… y esto lo comparto y mucho).

Uno de los hermosísimos platos de Eneko (2015) Foto J. Trelis

10-Un sueño. Cumplir los sueños que tengo y que mi hijo sea feliz.  Al menos, la mitad que él me hace a mí.

 

Ilustración realizada a partir de fotografía de Jesús Signes

 

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CONFESIONES DE

SALITA

El dramaturgo Francisco Nieva, que falleció hace unos días, escribía en el prólogo de “Mujer de verso en pecho”: “Me es fácil y me es difícil escribir de Gloria Fuertes, a quien admiro y quiero mucho”. Cuando me preparé para diseccionar a Begoña Rodrigo en esta Galería de las Tentaciones prensé que había escrito mucho de ella, que me sabía y sabían su vida, y que necesitaba, para ir más allá de sus andanzas, sacar lo lleva dentro. Entender lo que lleva dentro. Llamé a la puerta de mi querida musa Gloria (Fuertes), que tanto me inspira y me insinúa. Como a Nieva, a mí también me es fácil y me es difícil escribir de la señora de La Salita, porque también la admiro y porque, quizá más que querer, le respeto. Respeto mutuo creo. Quizá cariño.

Recuerdo cuando me metí -a lo ‘outsider’ total- a esto de ser gastro-espía, que la buena gente me decía si había ido a probar su cocina. “Te monta un tendedero con su comidita que está genial”, me contaban conocedores de que a Mr  Cooking se le va la pinza y con esas cosas es fácil ganarle la partida. Recuerdo también que una buena noche fui, que hablamos algo  -“qué bueno ponerte cara, más allá de la voz”, me dijo al conocernos- y  que empezamos a establecer lazos. Discretos, suaves, sin más. Sin intercambio de nada. Sin contrapartidas. Sólo con la sinceridad entre los platos, porque Begoña, como la Fuertes, es de verso en pecho. Y lo demás, puro reverso. Una mujer danzante que, como una cometa, se deja llevar por el viento. Libre.

Ella es como un poema de esos que no te deja respirar. Como un puñado de palabras abiertas en canal, dejando su corazón a la vista, sus sensaciones, sus pasiones, sus decepciones, sus vísceras que te hablan de su verdad. Es puro lima limón. Sin tapujos ni cartón. Es como el poema de Gloria: “Al revés pero derecho”:

Unas veces disfrazando
Mi cordura de locura
Otras al revés.
Unas veces mi cordero de lobezno
Otras veces al revés. (…)
 
Ed. Cátedra. Letras Hispánicas.
 
 

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LIMA, LIMÓN

Begoña es la Cenicienta que ha roto el hechizo y ha ganado libertad. Es un cuchillo utilizado como un abanico. Uno puñado de dedos largos que se manejan frente a un plato como si fuera un cuadro. Ella es lemon grass, es galanga, es aquel tataki de atún rebozado con sésamo… y  la anguila, y la sardina, y la espuma del Mediterráneo. Es un árbol por el que fluyen petits fours: bombones de pasiones, crujiente de emociones, picantes insinuaciones, el tartar de la ilusión. Una mujer que nunca deja de soñar. Una casa junto al mar, una masía donde cultivar, un restaurante donde gritar: “puedo más, quiero más”.

Begoña es una sacudida que igual da y que le dan. A quien le importa un carajo Donald Trump. Es la señora que si la buscas está, quien bebe café en una taza que le dirá “hoy es un buen día para sonreír” y ella, si se tercia, sonreirá. Es quien ha ido por el túnel en soledad y de pronto se ha encontrado, al otro lado del espejo, su particular País de las Maravillas, en el que se ha rodeado de gente con la que cree y que le da tranquilidad. Es su carrito de las chuches. La berenjena ahumada, yema en salmuera, polvo de salazones. Una corola con pétalos de más de una flor, pero al tiempo la espina de un rosal. Porque la vida le ha dado cuerpo para saber morder si hay que morder, besar si hay que besar. Hasta el fondo. El fondo del mar.

 

 

Ella es el Mediterráneo pero al tiempo el océano. Es la ola cuando crece y se desboca. Y es la espuma cuando llega a la arena y se filtra bajo como una extensión del plancton que tanto le enamora. Es una sirena de tierra, un pez, una anguila resbaladiza que baila de puntillas –dehors, demi-plie, battement-tendú-. “¡Sean todos bienvenidos a La Salita! Es la Caperucita que se comió al lobo, quien aún llora cuando nadie la ve, una chupa de cuero con tacones (bien altos si puede ser). Es quien resucita en cada plato, quien se deshace cuando hace la ensalada del abuelo Paco, quien no tiene horas porque un día se marcharon. Es la misma joven que una mañana llamaba desde una cabina de Amsterdam a su madre diciendo: “voy con pijama y nadie me está mirando”. Es la misma niña, con unos años más, a la que ahora le han salido alas. Y las alas le han dado libertad.

AUTOBIO
Me dijeron:
-O te subes al carro
O tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé,
Me senté en la cuneta
Y alrededor de mí,
A su debido tiempo,
Brotaron las amapolas
 
Gloria Fuertes. De ‘Mujer de verso en Pecho’
 
 

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EN CINCO TRAZOS Y UNA FOTO

Si fuera un libro, la ‘Elegancia del Erizo’. Lo eligió ella. Y lo comprendo.  “Días tras día, recorremos nuestra vida como quien recorre un pasillo.” (Un nuevo corazón. Pag 259 -De Muriel Barbery).

Si no fuera cocinera, sería bailarina. Hubiese sido un torbellino vanguardista danzando sobre el escenario. Como aquel arroz anárquico que hizo en su tiempo de Top Chef.

Si fuera un animal, ella me dijo que sería sirena. “Además son guapas”, recalcó. Yo la veo más como una centáuride  corriendo frente al mar.

Si fuera un plato, aunque no lo he probado, la ensalada de su abuelo Paco. La he visto emocionarse al hablar de ella. La ensalada. Y he visto emocionada a gente que la ha probado. La ensalada del abuelo Paco, quien si saberlo le abrió la puerta de la jaula de sus sueños.

Si fuera una bebida, aunque ella no beba sería una parte de ginebra bien seca, una porción de lima intensa, un poco de tónica para refrescar  y una piel muy florentina de limón para decorar.

Si fuera una fotografía, sería ésta de Irene Marsilla. Viendo cumplir sus sueños. En la barra de su restaurante a Bego y Jorne, después de repasar juntos su libro de Montagud Editores y hablar de proyectos. Proyectos que ya llegaron. Y llegarán.

Foto Irene Marsilla.

Y ésta es su historia y su Galería. Nosotros volveremos con nuevas tentaciones y nuevas travesías. Cosas de la gastrosofía. #YoSoydeMisterCooking. 

 

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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