Las Provincias

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RAICES PROFUNDAS (Y LEJANAS)
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Fernando Mulas | 25-03-2017 | 07:44| 0

     Recuerdo con nitidez distintos pasajes de esta película que vi a los 12 años en el cine colegial de los domingos por la tarde. Posiblemente las imágenes se hayan mantenido en mi retina por las veces que durante mi vida he visto Raíces profundas, película de George Stevens (1953), que obtuvo un óscar a la mejor fotografía.

     Sin embargo no es la reiterada visión de algo lo que deja más impacto, sino la percepción que queda cuando uno experimenta sensaciones por primera vez y alguna de ellas le deja huella. Ese recuerdo que deja impronta es como el primer beso, que nunca se olvida. La memoria remota queda silente muchos años hasta que reaparece por un recuerdo afín, y recobra toda su fuerza aquella sensación primaria que se vive como un presente sorprendente.

     Se trata de un “western” de culto pero no es la clásica película del oeste que en mi niñez entretenía tanto a niños como a adultos. Tal vez fuera así porque todo lo que sonaba a americano era deseable, o simplemente porque la industria cinematográfica había encontrado su filón e inundaba las salas de cine. El hecho era que estas películas por aquellos tiempos tenían gran aceptación en pleno apogeo franquista, pues además no tenían contenido político y generalmente acababan bien ya que los malos y los indios siempre perdían.

     Pero Raíces profundas a pesar de tener todos los típicos ingredientes de la película del oeste, incluyendo una música inolvidable, era diferente. Tal vez por eso impactase mas a los ojos de un bachiller de entonces. Estaban presentes el hombre duro, el bueno que había sido malo, el malo que aparentaba ser bueno y el malísimo de verdad, el mismísimo Jack Palance, que mataba por dinero, el mercenario, ese tipo de personaje que sigue tan de actualidad.

 

 

     En las películas del lejano oeste, como en la vida misma, no podía faltar la chica, una criatura dulce y sumisa que aportaba un cándido componente morboso en las miradas de soslayo que lanzaba al forastero apuesto, nada menos que a  Aland Ladd. Pero para mí el verdadero protagonista de la película era el niño, Joey, seguramente porque todos los chavales nos identificábamos con él.

     Las miradas del crío lo decían todo, y su empatía y agilidad en percibir lo que pasaba en cada momento son merecedoras de una reflexión aparte. Hay miradas que matan y otras que despiertan la curiosidad como las que, al comienzo de la película, lanzaba el niño observando al venado que pastaba a su aire. También había miradas muy sugerentes como cuando a hurtadillas se percataba el niño de la sintonía de su madre con el galán de la película, o contemplando a escondidas los mandobles y el duelo de pistolas que su ídolo mantenía con los malos de la película.

     Ganaderos contra agricultores, blanco contra negro, el yin o el yan, son escenas de la vida real que se trasladan al lejano oeste para mostrar unas posiciones encontradas junto a otras solidarias y generosas. Atrae la actitud decidida del forastero de rehacer su vida en otro ambiente y la del duro padre de familia, agricultor, que se echa a sus espaldas la agresividad de los ganaderos y mantiene el pulso de su colectivo.

     El desenlace, como en las buenas películas del oeste, va llegando sin pausa a una situación límite donde el imprescindible duelo final resuelve la cuestión. Aunque como casi siempre al final gana el bien sobre el mal, la película acaba con un sabor agridulce al decidir el galán abandonar el  lugar tras resolver la papeleta a la maleable colectividad.

     Precisamente este final es lo que definitivamente salva a la película. El hombre bueno tiene que irse aceptando su destino vital de vagabundo, al quedar en evidencia su condición de turbio pasado pistolero, que además para mayor conflicto atrae sin quererlo a la madre del pequeño protagonista. En tiempos contemporáneos probablemente el guión hubiera acabado por otros derroteros, menos mal que no fue así.

     El niño sí que se  deja llevar por sus sentimientos y trata en vano de que “Shane” se quede. Incluso como último recurso le grita en la lejanía, con su emotiva voz infantil: mi madre te aprecia.. La escena sigue mostrando a Alan Ladd en su caballo, alejándose muy poco a poco en la penumbra. Shane vuelve.., vuelveee.. y el eco se apaga en un final épico y conmovedor, aquel que hace que el recuerdo de algo vivido intensamente persista y conmueva para siempre.

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EL MAYOR ENIGMA DEL NEURODESARROLLO INFANTIL
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Fernando Mulas | 25-03-2017 | 00:58| 0

Cuando entra por la puerta Eric, de 3 años y medio, se muestra poco interesado en los juguetes que tiene a su alcance repartidos por la consulta. Aunque a veces los mira parece que no los ve. Sutilmente roza alguno, sin cogerlo, y si lo hace se lo lleva a la boca o mueve las ruedas del cochecito con el índice, sin ponerse a rodarlo por el suelo.  Está receloso y aunque le cuesta separarse de sus padres muestra una evidente tendencia a escapar del despacho.

Es un chico con la cara muy agradable, incluso guapo, que en el primer año y medio de vida se comportaba como los demás niños, aunque su lenguaje mostraba un lento desarrollo. Pero todos esperaban, incluso sus médicos, que poco a poco cogería el ritmo de los de su edad. Chocaba que hasta los dos años apenas respondía a su nombre y sospecharon que podía tener problemas de audición, pero fue descartado.

Pensaron en su familia que en la guardería infantil mejoraría su carácter especial, pues con el buen aspecto que tenía creían que solo era tímido o reservado. Era el primer niño de la pareja y aunque algunos allegados insinuaban cosas sobre su comportamiento, nadie les dijo abiertamente que hicieran algo más. A veces Eric se mostraba irascible sin motivo, parecía no entender bien las indicaciones, aunque cuando quería algo concreto usaba la mano de sus padres para mostrar su interés por ello.

La escuela infantil puso más en evidencia sus actitudes peculiares, entre las que destacaba la escasa relación con otros niños con los cuales no compartía apenas juguetes ni intereses y decían que iba mucho a su aire. Como no molestaba iba pasando el tiempo hasta que sugirieron a los padres que fueran a su pediatra, el cual ante un problema en su desarrollo madurativo lo remitió al neuropediatra. Tras la valoración neurológica y las pruebas oportunas, médicas y neuropsicológicas, se confirmó la sospecha de Trastorno del Espectro Autista (TEA), derivándose tempranamente para una específica terapia psicopedagógica y del lenguaje.

El TEA es el paradigma de los Trastornos del Neurodesarrollo y tiene un evidente origen neurobiológico principalmente relacionado con una base genética. La etiología es todavía enigmática, denominándose “primario” si no se encuentra asociado, por ahora, con la disfunción neurológica que siempre está subyacente. La genética y el estudio del genoma humano está abriendo muchas puertas relacionadas con los TEA y el consejo genético, pero aún queda mucho camino por recorrer.  

Se denominan “sindrómicos” a los TEA asociados con distintas anomalías: neurológicas (discapacidad intelectual, epilepsia, trastornos de coordinación motriz, fenotipos especiales, etc), anomalías neurofisiológicas (hasta un 60% con anomalías electroencefalográficas), anomalías neuroquímicas (alteraciones en receptores neuronales, neurotransmisores, etc), anomalías neuroanatómicas y neurofuncionales (volumétricas, Resonancia magnética cerebral funcional, PET cerebral) y genéticas (heredabilidad, alteraciones citogenéticas, genes específicos, epigenética). Por todo ello es muy evidente e ineludible que, siempre y a cualquier edad que se sospeche, se tiene que comenzar por una valoración neuropediátrica, sin exclusión de otros especialistas.

En España se refiere una morbilidad en los TEA de al menos 1 por cada 100 niños

Desde el punto de vista sanitario y social existe una grave preocupación por la alarmante incidencia de estos Trastornos, denominándose en plural ante la gran variabilidad clínica y pronóstica. Hace unas décadas se consideraba al autismo una enfermedad rara, refiriéndose al autismo clásico de Kanner en personas con graves problemas de retraso e integración social. Pero ahora los TEA se describen en 1 de cada 60 niños en USA e incluso menos en Japón. En España se refiere una morbilidad en los TEA de al menos 1 por cada  100 niños, lo que hace pensar en un cuadro epidémico mundial bajo el concepto de encontrarse una incidencia claramente superior a la prevista y en aumento.

Esta preocupante situación exige planteamientos urgentes y consensuados para el mejor diagnóstico temprano y la cualificada intervención inmediata, pues el futuro coste económico y social se incrementará exponencialmente de no atenderse adecuadamente la misma. Nos tememos que las previsiones a largo plazo no son una de las mayores cualidades de la política, por lo que la sociedad civil, los profesionales y las familias afectadas debemos manifestarnos preventivamente en beneficio de los niños con TEA y sus familias.

Últimamente se ha estado confeccionado un protocolo de actuación sobre los TEA por la consellería de sanidad sin contar con el concurso de los representantes de los neuropediatras, que en su asamblea general reivindicaron por unanimidad su oportuno papel en el mismo. Se han hecho alegaciones que hasta ahora no han sido atendidas, seguramente porque la coordinadora del protocolo tiene una visión condicionada como  psiquiatra. Pero el consenso tiene que ser real de lo contrario seguirá siendo denunciable, esperando oír la voz de las asociaciones de padres de niños con TEA que conocen mejor que nadie la realidad.

Denominar al TEA como trastorno mental supone una categoría excluyente y crea estigma

Ya nadie duda que el TEA es un trastorno del neurodesarrollo en el que están implicados por igual los facultativos y todos los especialistas con un carácter interdisciplinar. Pero dar prioridad al concepto de trastorno mental es inclinar la balanza hacia la psiquiatría y hacernos sentir fuera de contexto a los neuropediatras. La denominación preferente de TEA como trastorno mental supone un categoría excluyente y crea estigma. No es de recibo defenderlo porque esté en el manual estadístico DSM5, pues aparte de que en el mismo se cita claramente al TEA como un trastorno del neurodesarrollo, también están por ejemplo las dificultades del aprendizaje y la discapacidad intelectual que no deben considerarse como trastornos mentales, aunque en su evolución los TEA puedan presentarlos.

Los neuropediatras han venido demostrando su buen hacer y eficacia asistencial por lo que deben atenderse sus consideraciones de forma representativa, que es la más objetiva. Hace  décadas que venimos difundiendo y dando formación sobre los trastornos del neurodesarrollo y TEA en nuestra Comunidad Valenciana, como se refleja el 19º “Congreso Internacional sobre Trastornos del Neurodesarrollo” celebrado recientemente en el Colegio de Médicos de Valencia. Si hay pocos neuropediatras que se adecuen las plantillas a la realidad de la demanda asistencial, pero no se soluciona el problema obviándolos y mirando hacia otro lado.

Legislar sin intereses particulares y de forma consensuada, pensando en lo mejor para estos pacientes y su futuro, es el mejor bagaje político que se les puede dar a los niños como Eric y a sus familias. Mire a su alrededor y aunque usted o su familia no estén afectos ahora, implíquese solidariamente en sintonía con la irremplazable y necesaria atención del neuropediatra en la valoración inicial de los trastornos del neurodesarrollo, como son los Trastornos del Espectro Autista. 

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FELICITACIONES
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Fernando Mulas | 27-12-2016 | 11:27| 0

El aluvión de “wasaps” que se reciben en los últimos días y comienzos de cada año se ha convertido en algo cotidiano y en muchos casos agobiante. Con los reenvíos de copia y pega me han llamado desde Pepe hasta Luisa y, un colega, amor mío.. También llegan iconos dispares e inimaginables que no sé de donde los sacan, frases profundas o mayestáticas y otras tan simples que parece mentira que los que las mandan no sientan vergüenza ajena, pero las que no digiero son las cursis como sacadas de una telenovela.

Sobre los vídeo clips uno no puede imaginarse como la mente desarrolla tantos y tan variados y, aunque reconozco que algunos son muy creativos, estamos ya de copitas, cohetes y de arbolitos hasta la coronilla. De vez en cuando llega alguno “hot” y divertido, lo que tiene un pase, aunque los mejores son otros chistosos, graciosos y ocurrentes, pero que cuando son largos se hacen reiterativos e inacabables.

Es nostálgico contemplar como cada vez con mas frecuencia  las clásicas tarjetas navideñas o las misivas con frases y buenos deseos personalizados, son sustituidos por los mensajes preconcebidos por otros o por los citados clips, pero son las servidumbres de la sociabilidad encorsetada que condiciona la globalización mediática.

Muchas personas expresan la tentación de borrase de algunos chats o del WhatsApp de una vez por todas, pero no lo hacen puesto que hoy día si uno no se está en esa onda parece que no existe. Además hay quienes apenas utilizan el teléfono para hablar, comenzando en algunos casos por los que nos rodean y los propios amigos.

Me gustaría acabar predicando con el ejemplo y nunca mas mandar  mensajes enlatados a nadie, puesto que por otra parte los conocidos saben de sobra nuestros buenos deseos e intenciones de siempre, pero eso es ya una entelequia inevitable, así que: ¡¡Felices fiestas y próspero año nuevo!!.

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TRANSEXUALIDAD: PRIMUN NON NÓCERE
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Fernando Mulas | 07-11-2016 | 12:51| 0

Los neurocientíficos, y no solo ellos, se esfuerzan para encontrar en el cerebro las bases de la conducta y del comportamiento humano que permitan deducir con acierto las mejores directrices que posibiliten el óptimo desarrollo del anhelado equilibrio psicológico y social. Tal es la complejidad de la funcionalidad del sistema nervioso que los logros se van alcanzando con limitadas evidencias, siendo habitual el hecho de que se describa un paso adelante seguido por dos pasos atrás, con la desazón añadida de lo mucho que queda por aclarar.

Con este panorama es arriesgado establecer paradigmas mandatarios de carácter  universal pues el devenir de los hechos puede llegar a demostrar lo contario y de consecuencias imprevisibles. Por tanto antes de adoptar posturas maximalistas de difícil retorno, muchas veces de carácter ideológico y sin evidencias contrastadas, debería ejercitarse una prudencia preventiva en evitación de males mayores. Debe tenerse en cuenta que la prudencia no es una reacción básica como la ira, el miedo o el asco, sino la consecuencia de una serie de condicionamientos aprendidos por el cerebro para dar la respuesta mas adecuada frente al entorno o determinados planteamientos.

Un inadecuado manejo de la prudencia puede ser la consecuencia de una inapropiada asertividad que hoy día todos buscan afianzar, entendiendo la misma como una habilidad social que potencia los sentimientos propios que pueden ser muy lícitos pero que de forma torticera pueden implicar el extremo de imponer a los demás nuestras propias consideraciones de manera forzada, aunque sea por la mínima.

Por tanto antes de tomar decisiones de difícil retorno y de complejidad inequívoca, como ocurre con la transexualidad en la infancia donde el niño indefenso es el que mas riesgos corre, debemos ejercer otra función cerebral superior como es la función ejecutiva que facilita la mejor planificación contemplando todas las posibilidades y consecuencias futuras, sin tratar de ser por todos los medios los abanderados de toda la razón para contrarrestar una imagen de debilidad política que a todas luces siempre se quiere evitar.

El refranero español, y seguramente en todos los lugares del mundo, siempre tiene referencias para todo viniendo al pelo en este caso el dicho que recuerda lo de “zapatero a tus zapatos” pues la idea de marginar a los profesionales sanitarios, con la intención apriorística de que la problemática de la transexualidad se quiere “despatologicar”, no es en absoluto de recibo. Debe contarse en primer lugar con los pediatras que son los más relacionados con el niño y su desarrollo, con los endocrinólogos pediátricos al igual que necesariamente no puede obviarse la valoración psicológica y psiquiátrica.

No tiene sentido ningunear a los profesionales de mas experiencia en este campo pues son los que pueden realizar mejor que nadie una valoración individualizada en los menores, identificando los casos cuestionables en los que la prudencia aconseja un compas de espera hasta que el desarrollo madurativo adecuado configure la personalidad del sujeto. El desarrollo está determinado por la adquisición de patrones de conducta en el niño hasta llegar a configurar, hasta bien pasada la pubertad, los rasgos inequívocos de su personalidad, que puede no llegar a estar definida hasta la segunda década de la vida.

Adoptar determinaciones que pueden incluir, entre otros, procesos quirúrgicos irreversibles puede tener consecuencias trágicas para el futuro equilibrio emocional del sujeto, sin que estas limitaciones en todo caso deban representar menoscabo alguno para los casos inequívocos de transexualidad, cuya asistencia tiene que depender de la prestación pública sanitaria consecuente como cualquier otro proceso médico.

Los logros ciertamente positivos de aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones facilita que en los casos de dudosa transexualidad real puedan aplicarse medidas contraproducentes y además de alto coste económico y social, cuando por otra parte quedan sin resolver muchas de las prestaciones completas de otras dependencias. Precipitarse en estos casos tiene un riesgo añadido cuando la personalidad de un niño no ha completado de formarse, entendiéndose la misma como el patrón o conjunto de características relacionadas con los  sentimientos, emociones y pensamientos que van ligadas al comportamiento.

Los padres deben asumir igualmente un papel fundamental en todo el proceso de decisión, pero obligadamente deben estar antes asesorados por un equipo sanitario que objetive las características particulares de cada caso, siendo incuestionable que éstos actuarán siempre en favor del menor, en evitación de males mayores y de alarmismos contraproducentes.

Seamos por tanto muy cuidadosos y sensibles con las determinaciones y legislaciones que hagan de los asuntos profesionales médicos una cuestión de opinión que se decida en los estrados parlamentarios y sin contar con los especialistas cualificados y experimentados. De seguir en la línea que se avecina en el ámbito político la toma de decisiones traspasará los límites de la objetividad ocupando su lugar medidas que podrán ser muy populistas pero que para nada benefician la salud del usuario. Especialmente en lo referente a la transexualidad en la infancia ello puede tener consecuencias muy perjudiciales, con implicación directa negativa sobre el principio básico de la medicina que es “primun non nócere”, lo primero no dañar. 

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LA SEGUNDA OPORTUNIDAD (POLÍTICA)
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Fernando Mulas | 06-06-2016 | 10:35| 0

Como candidato al senado por Ciudadanos (C´s) considero oportuno hacer partícipes a todas las personas sobre estas reflexiones relacionadas con las elecciones, permitiéndome por ello reproducir mi tribuna de opinión del diario Las Provincias. Solo se ama lo que se conoce.

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     La vida es tan larga, aunque nos parezca a menudo muy corta, que es difícil no encontrarnos ante situaciones que el azar nos brinda y se repiten durante la misma, para errar de nuevo o subsanar con éxito determinadas experiencias previas.

     Bien es sabido que el ser humano tiene una aparente desventaja respecto a los animales que es la posibilidad de que sus múltiples aferencias sensoriales, moduladas por un lóbulo cerebral frontal con capacidad inhibitoria racional, le permiten crear mecanismos de respuestas distintas e imprevisibles, lo que le posibilita el dudar y fallar ante la repetición de una prueba. Esto no suele ocurrir en los seres irracionales, pues su memoria implícita es asumida inconscientemente por su cerebro y difícilmente comenten el mismo error. Por otra parte la propia epigenética hace que esos aprendizajes queden grabados en los códigos genéticos de memoria de los animales y sean asumidos por sus descendientes.

Es sorprendente como las aves cubren miles y miles de kilómetros en sus migraciones para alcanzar destinos remotos a los que llegaron sus predecesores. Los salmones remontan río arriba desesperados al encuentro con su muerte, a la vez que logran su descendencia. Más chocante resulta a veces el comportamiento de las ballenas, siendo noticia cuando alguna bandada embarranca en una tranquila playa al perder inexplicablemente sus referencias orientativas, como ocurre con los documentos no guardados cuando apagamos el ordenador.

     Los humanos nos esforzamos en buscar ejemplos para corregir errores de experiencias posteriores, pero es bien conocido el dicho de que “el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra”. Efectivamente ello no ocurre nuca con aquel burrito ornamentado que, al filo del precipicio y por la ladera escarpada, sube al sufrido turista amedrantado que va pensando si el animal dará o no algún traspiés fatal.

     Un ejemplo de la segunda oportunidad se popularizó en España en los años 1977-78 con un programa de televisión española que se titulaba como el encabezamiento de esta tribuna. Los distintos capítulos fueron repuestos muchas veces, dirigidos por el prolijo Fernando Navarrete, presentados por Paco Costas, muy conocido en el mundo del motor, y contaban con la intervención arriesgada de un gran especialista en cine, el francés Alain Petit. Se trataba de la conducción de coches, un bien muy apreciado en aquel entonces que había que conservar de la mejor forma posible, puesto que los impactos eran muy espectaculares y los coches siempre quedaban destrozados.

     El planteamiento era muy simple, se veía una secuencia con una conducción imprudente exagerada y también de inmediato el fatal accidente con las funestas consecuencias para el conductor y sobre todo para su vehículo. A continuación venia “la segunda oportunidad”, siendo entonces la conducción impecable o no temeraria, sorteando en las imágenes de cabecera el enorme peñasco situado en el medio de la calzada. De esta manera los televidentes se quedaban estupefactos de como se podría haber evitado el horrible accidente de haber tenido una segunda oportunidad.

     Todo lo anterior viene al hilo de la situación política en que nos encontramos desde hace cinco meses ante la tesitura, y ya la evidencia, de tener que repetirse las elecciones generales en nuestro país, pues todos los partidos políticos disponen de una segunda oportunidad para tratar de emendar sus propios errores o de sacar a la luz los del contrario y sus contradicciones.

     Por lo que respecta a la política su complejidad viene dada porque difícilmente pueden verse de inmediato las consecuencias de una equivocada decisión por parte de los electores. Sería muy ejemplarizante disponer de una maquina del futuro, como la de la célebre película producida en 1985 por Steven Spielberg, que nos permitiese ver las consecuencias de tal o cual elección, posibilitando así corregir de antemano la  decisión equivocada.

     Pero nuestro cerebro humano como sabemos es demasiado complejo para actuar siempre con la coherencia y racionalidad debida. Hay decisiones que se toman por principios, sin atender a la sensatez de las evidencias que deberían orientan hacia una u otra decisión. Ya pocos se extrañan de que sin un raciocinio equilibrado previo, algunos congéneres lleguen a inmolar su existencia por una cuestión de principios y bajo un concepto ideológico, con  consecuencias destructivas sobre su vida o la de los demás,

     Deberíamos por tanto ejercitar mejor nuestras funciones ejecutivas de planificación y pensar con más interés en  las consecuencias de lo que suponen nuestros votos sobre la vida futura de nuestro propio entono, y de los que nos rodean. Tendríamos que trascender de nosotros mismos pensando mas en las consecuencias para nuestras familias y amistades, así como en las consecuencias para el oportuno equilibrio social y económico de los ciudadanos.

     Cuando vote no lo haga por un impulso inconsciente que no controla bien de donde proviene. No lo haga por costumbre o tradición familiar, sino meditando las consecuencias de su voto. Dele la importancia debida, aunque tienda usted a infravalorarlo, pues un voto aislado unido a muchos miles más, pueden ser decisorios en su vida y en la de sus hijos.

     Piense en el programa de televisión al que nos hemos referido y póngase en el  lugar de una situación irreversible de consecuencias imprevisibles. Dispone usted de una segunda oportunidad para votar, y ante todo no se abstenga de hacerlo. No deje que decidan los demás por usted, ya que es igual de responsable con los resultados, vote o no vote.

     Aproveche la opción que tiene y recapacite si debe de dejar de comportarse como muchos de los seres humanos, aquellos  que acaban tropezando en la misma piedra, pues ahora tiene su “segunda oportunidad”.

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SENTIMIENTOS
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Fernando Mulas | 27-05-2016 | 06:57| 0

      Hay funciones cerebrales que son muy ostensibles como la rabia o el placer, pero otras apenas las percibimos por mas importantes que realmente sean. Ejemplo de ello es el transpirar, así de simple. No es imaginable un funcionamiento normal  del cuerpo humano sin la función de la transpiracion, pues gracias a las glándulas sudoríparas, productoras de sudor, podemos regular la temperatura corporal, siendo una función que fundamentalmente está controlada por el sistema nervioso.

      En el cerebro hay unas cien mil millones de neuronas, perfectamente jerarquizadas anatómicamente y funcionalmente, siendo éste nuestro real y gran universo por descubrir, por más que ahora sepamos que hay tres planetas nuevos en los que es posible una forma de vida. Todas las funciones cerebrales controlan nuestras actuaciones como persona individual, especialmente diferenciadas en el ser humano, que tiene la distinción del raciocinio inteligente y que además podemos cultivar y potenciar.

     Muchas funciones de nuestro cerebro humano se van descubriendo poco a poco gracias a los neurocientíficos e investigadores que, junto con la neuropsicología de alta cualificación, describen las áreas en las que radican las funciones cerebrales superiores. Sabemos donde están por ejemplo las funciones ejecutivas, el placer, las emociones o el control inhibitorio del impulso. Estos conocimientos dan pie a modificar ciertas manifestaciones clínicas indeseables mediante fármacos que modulan determinadas funciones bioquímicas, como ha confirmado la medicina de la evidencia.

     Todavía sin embargo se nos escapan muchas funciones cerebrales de gran diferenciación, sobre las que desearíamos precisar aún más su localización y fundamentos. La mayoría de ellas se expresan además de forma innata, formando parte de nuestra forma de ser y configurando nuestra personalidad. Una de las funciones mas características de los humanos son los sentimientos, que no nacen del corazón, como uno parece que siente, sino del cerebro. Los sentimientos desarrollan su función a través del llamado sistema límbico cerebral, en cuyas estructuras se incluyen el hipocampo y la amígdala, no la de la orofaringe, áreas asociadas con la memoria, la felicidad y la socialización.

     Los sentimientos íntimos brotan de cada ser sin una explicación concordante. La  mayoría de  las veces están muy condicionados por el entorno, influencias externas y los aprendizajes, siendo precisamente muy positivo el hecho de que se puedan educar. Todos conocemos sujetos que definimos como que tienen buenos o malos sentimientos, aunque sin conocer la causa o el porqué. Los que tienen buenos sentimientos son fácilmente reconocibles por la mayoría de su entono, y  coloquialmente se les califica como “buena gente”.

 

     Si nos detenemos en los sentimientos mejor considerar los que son positivos. Estos se relacionan a veces con el aspecto físico o facial, aparte de por la conducta propia de cada uno. Un conocido refrán popular dice que la cara es el espejo del alma, aunque no siempre eso es  fiable. Además como neuropediatra debo puntualizar que muchas más veces la cara es el espejo.. del cerebro. Efectivamente algunos fenotipos particulares definen concordantemente como están desarrolladas las estructuras cerebrales en determinados cuadros síndrómicos.

      Existen personas que irradian buenos sentimientos sin quererlo. Tienen una empatía favorable que hace que sean rápidamente aceptadas por los demás y son generadoras de una proxemia positiva. Los niños son especialmente hábiles en percibir a estas personas y responden de forma muy positiva ante las mismas. También hay personas con aspecto externo especialmente agradable, aunque no necesariamente atractivas por lo físico, que además por su forma de comportarse o de hablar generan sentimientos positivos.

      Por tanto hemos de admitir que en algunas zonas recónditas de nuestro universo cerebral se encuentran áreas de las que hay que tratar de descubrir su función y en todo caso potenciar. Igual que nos ejercitamos en el correr o en el fortalecimiento de nuestra musculatura en el gimnasio, deberíamos poner énfasis en encontrar nuestras habilidades de producir sentimientos positivos y sobre todo en el modo de practicarlos.

     Una actitud negativa produce generalmente un rechazo y comportamiento hostil en el interlocutor. Sin embargo un comportamiento afectivo y atento con nuestro prójimo, haciendo esfuerzos por sintonizar positivamente con el mismo, mostrándole nuestra cara afable con el ánimo de transmitirle nuestros mejores sentimientos, provocará una óptima respuesta positiva para ambos.

     Aprendamos a ejercitar nuestros mejores sentimientos empezando por nuestra familia, los hijos y seres queridos, que así lo tendremos más fácil, aunque desafortunadamente muchas veces ello se olvide. Pero siga con su vecino de escalera, sonríale en el ascensor, continúe cuando llega a su destino o siga así con el compañero de mesa que compite con usted en su horario de trabajo.

     Sobre todo mire a su entorno y vea a los niños que le rodean. Practique con ellos el expresarles sus mejores sentimientos y aprecie también como sus hijos o los de sus amigos le llaman a través de su candidez y cariño espontáneo. Aprenda con ellos a responderles en mayor medida y también practique esas sensaciones positivas con todo el mundo. Seguro que así será más feliz percibiendo mejor los buenos momentos y sentimientos que le ofrece la vida.

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TICS
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Fernando Mulas | 13-05-2016 | 10:23| 0

     Muchos síntomas nos acompañan a lo largo de la vida sin apenas percibirlos hasta que se hacen más relevantes y se manifiestan clínicamente de forma ostensible, condicionando la denominación de enfermedad. Todo puede ser relativo, incluso hasta el propio concepto de lo patológico, pues siempre hay detractores y voces renovadoras que prefieren emplear términos más sutiles.

     Ejemplo de ello es de la nominación de trastorno, hoy día muy empleado para afecciones considerablemente problemáticas con tal de no llamarlas enfermedades. También el de diversidad para referirse a determinados procesos crónicos o estados diferenciales respecto a la mayoría de los congéneres. Un extremo sería denominar a los tumores como procesos proliferativos de las células habituales del organismo, que, aunque ello sea cierto, parece que trata de quitar leña a la cuestión y simplificarla ingenuamente.

     Refiriéndonos a situaciones que nos acompañan durante la vida podemos encontrar ejemplos en mucho gérmenes saprofitos de nuestro organismo, como los virus o las bacterias que forman parte del ecosistema de nuestro cuerpo humano. Ante situaciones particulares pueden reactivarse como en el caso de algunas infecciones en la piel, como el virus del herpes que siempre está al acecho, despertándose en ocasiones y provocando desde un simple herpes labial hasta una letal menigoencefalitis herpética.

     Algunos síntomas clínicos aparecen y desaparecen, como el río Guadiana que estudiamos en el colegio, siendo además bien visibles aunque pasen muchas veces desapercibidos. Así son los tics, definidos como movimientos musculares involuntarios que pueden acompañarse de vocalizaciones peculiares y comienzan preferentemente alrededor de la primera década de la vida, entre los 5 y 15 años. Son frecuentes y por tanto podría decirse que son normales, lo que en efecto se corrobora en la mayoría de los que los padecen por su favorable evolución en muchos casos. Pueden estar presentes en cortos períodos de tiempo y luego desaparecen sin rastro, dando ello pié a relacionarlos con algún acontecimiento circunstancial o emocional de éstas personas.

     Los tics son cuatro veces más frecuentes en los niños y tienen una gran variabilidad clínica, siendo los más expresivos los motores poco relevantes, como guiños y parpadeos, muecas o movimientos del cuello, considerándose entonces como tics simples. Seguramente los aprecian antes los propios sujetos, aunque tiendan a ignorarlos, siendo más habitual que les llame la atención a los familiares y a los amigos. En ocasiones se justifican por molestias en la garganta, como cuando aparecen en forma de un carraspeo, o con un picor en los ojos cuando presentan los guiños característicos, motivando en éstos casos una consulta innecesaria a su oftalmólogo.

     Más problemáticos son los tics cuando se presentan en forma de movimientos alarmantes, como propulsión de un brazo, sobresaltos evidentes u otras manifestaciones motoras peculiares. Además pueden asociarse a vocablos bruscos inmotivados, incluso con palabras malsonantes, socialmente inapropiadas, todo ello bajo la denominación de tics complejos. La referida coprolalia llama mucho la atención, aunque solo está presente en la décima parte de los casos.

     El mayor problemas de los tics es su cronicidad pues su persistencia durante más de un año, aunque sea con fases de intermitencia, condiciona el llamado síndrome de Tourette, descrito en 1885 por el neurólogo francés Georges Gilles de la Tourette. El síndrome tiene una base neurobiológica muy estudiada en cientos de artículos científicos y se considera un trastorno del neurodesarrollo de base genética, como ocurre en la mayoría de estos trastornos que son expresivos de una disfunción frontal cerebral.

     Los mecanismos cerebrales implicados en el síndrome de Tourette corresponden a los ganglios basales y al eje cortico-subcortical cerebral, como parte integrante de los circuitos corticoestriados-talamocorticales relacionados con los neurotransmisores dopamina y noradrenalina. Se ha descrito el síndrome asociado a otras entidades como el trastorno obsesivo convulsivo (TOC), ansiedad o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), sugiriéndose en algunos de estos últimos casos que la presencia de tics están relacionados con la medicación estimulante, hechos no confirmados por la medicina de la evidencia.

     El tratamiento de los tics es multidisciplinar, debiéndose analizar las circunstancias asociadas y las comorbilidades descritas para determinar el fármaco oportuno, comenzado con los denominados antipsicóticos atípicos de acción bloqueante postsináptica. Pero los medicamentos deben contemplarse asociados a una terapia cognitiva conductual, especialmente si se aprecian síntomas obsesivos compulsivos, y a la intervención psicopedagógica en los niños con TDAH.

     El pronóstico es favorable en la mayoría de los casos de tics pues suelen resolverse de forma espontánea, pero debe tenerse muy presente su persistencia en el tiempo para darle la importancia debida. Hay que evitar que un síntoma que inicialmente suele pasar desapercibido deje de ser un trastorno transitorio y se convierta en un síndrome que requiera la mayor atención hacia quienes lo padecen. Nunca deben menospreciarse unos síntomas como los tics, aunque sean leves, pues son señales de alerta cuya evolución debemos atender y controlar.

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GLOBALIZACIÓN, SUMA Y SIGUE
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Fernando Mulas | 08-05-2016 | 19:20| 0

(Las expectativas especialmente relacionadas con los párrafos finales que refería en la tribuna de opinión publicada en el diario Las Provincias,  me instan a su reproducción en este foro)

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Hay conceptos que se van introduciendo en el intelecto colectivo sin apenas percibirnos de como los vamos incorporando,  pero que acaban formado parte de lo cotidiano y aceptados por la mayoría. Uno de ellos es la globalización en el amplio sentido de la palabra, una entelequia para muchos, pero también una realidad que expresa una universalidad de planteamientos y actitudes que, querámoslo o no, acaban implicando  y condicionando unos determinados modelos de conducta.

El proverbio chino que se refería a que el aleteo de las alas de una mariposa se podía sentir al otro lado del mundo seguramente dio pié al término “efecto mariposa”, que implica que un pequeño cambio puede tener unas consecuencias enormes cuando se extrapola, pudiendo llegar a ser de un futuro impredecible.

En 1963 el meteorólogo teórico estadounidense Edward Norton (1938-2008), estudioso de la teoría del caos, describió este concepto desarrollando modelos matemáticos aplicados a las condiciones meteorológicas. Este descubrimiento se universalizó en 1983 cuando James Gleick  publicó su libro “Caos: la creación de una ciencia”, expandiéndose así el referido efecto mariposa, también  plasmado en distintos celuloides.

La teoría del caos asume por tanto el hecho de que cualquier posibilidad tiene un futuro incierto no solo en cuanto a su resolución sino también respecto a su trascendencia. El típico ejemplo es el del huevo puesto sobre la cúspide una pirámide, que no podemos predecir sobre qué lado caerá. Algo así como cuando en la política determinadas actitudes o postureos nunca sabemos en que acabarán, como los amagos de coaliciones electorales o pactos de gobierno, siempre sujetos a la alternativa contraria de última hora con tal de pillar por sorpresa al contrario.

Los conceptos complejos del caos pueden también ser interpretados filosóficamente, así como ser aplicables en distintas facetas de la vida cotidiana. Pretendemos desarrollar el espíritu individual, lo creativo, lo personal, cuando ello choca hoy día con lo general, lo global, en fin todo aquello que suponga una suma de individualidades que aglutinen esfuerzos, aunque sea en detrimento de la propia esfera individual.

Cualquier empresa se aborda con mayor facilidad desde lo colectivo, y los grupos de presión son fuertes cuando se unen, como las pandillas de los colegios donde el solitario cada vez lo está más y el grupo se potencia, actuando entonces implacablemente según va aumentado su mayoría. Si tratas de conseguir objetivos busca aliados, puesto que la individualidad y el quijotismo ya no cuentan sino para recordar a nuestro célebre Cervantes.

En lo afectivo es cierto que surge el desamparo y la incertidumbre cuando se está solo. Uno se deprime al no compartir con nadie la soledad de una casa vacía de los hijos o de la pareja compartida tantos años, por mucho que vaya encendiendo televisores por la casa. Un viaje en compañía mejor que solo, e igualmente eso ocurre con las alegrías y las penas. Como dice el proverbio sueco: “Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena” .

También importa mucho mas la calidad que la cantidad de las compañías. Se puede estar rodeado de muchas personas pero a la vez uno sentirse muy solo pues los que nos rodean y son nuestros aparentes compañeros de aventuras, en el fondo pueden ser sólo de conveniencia. Esto lo sospechamos en algunos pactos o acuerdos como los que ahora se barruntan en el horizonte político, y nos tememos  que antes o después sus componentes mostraran la cara oculta que sospechamos, tal vez cuando entonces no sean ya viables las posibilidades de reacción.

Esta tendencia al agrupamiento evidentemente está teniendo su devenir en la política, hecho que a todos nos afecta. Ya no cuentan con tanta fuerza las individualidades de los partidos o grupos políticos, ni se mantienen las ideas si no son válidas para conseguir una masa electoral que bien instrumentalizada permita la gran mayoría que todos anhelan. Da igual hacer mezclas que en el fondo no ligan, todo vale si la conjunción de grupos les permite hacer crecer la torre, aunque sea de Babel.

Estos acoples políticos oportunistas podrán tener un fondo ético discutible pero son legales y es lo que hay. Saber salirse de las reglas del juego, pero cumpliendo las normas vigentes, es una estrategia válida que todos los grupos deberían aprender y espabilar para no quedar en desventaja en la carrera. Si ahora pintan bastos, pues a bastos. Si ahora es cuestión de hacer coaliciones o “entesas”, pues todos. Hagan juego señorías y luego no se lamenten, así que vayan ya haciendo cábalas los que quieran tener opciones de sumar.. y seguir.

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EL “SEISCIENTOS”
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Fernando Mulas | 08-05-2016 | 19:23| 0

     Algunas situaciones, personajes y objetos generan espontáneamente empatía, proximidad y agrado en su entorno, incluso en las personas que no han tenido apenas relación con tales circunstancias. Esto tiene especial evidencia en el caso de los niños pues su actitud no está referida a sus vivencias previas sobre algo que no conocieron, como es el caso del mítico coche Seat 600 que se fabricó en España desde 1957 a 1973.

     Newton (1642) estableció la ciencia moderna de la dinámica formulando las tres leyes del movimiento, siendo el primero en diseñar un vehículo que teóricamente se podía desplazar a vapor. No fue hasta 1896 cuando Lenoir patentó el motor de explosión, comenzado entonces a desarrollarse el concepto de vehículo como hoy lo concebimos. Desde entonces la evolución del coche ha desarrollado un incremento exponencial de gran impacto y repercusión en el mundo social y en el trabajo, artilugio solo superado hoy día, en cuanto a su uso, por el teléfono móvil, inmersos en la tecnología digital de límites impredecibles.

     Para generaciones de españoles el “seiscientos” fue el coche de referencia indiscutible, suponiendo para la mayoría de sus contemporáneos su primer coche, y familias enteras cabían en aquel cochecito con todos sus enseres camino de sus vacaciones.  Posteriormente su uso fue extendiéndose entre los jóvenes y también entre las señoras como segundo coche utilitario familiar. El 600 supuso en sus comienzos una auténtica popularización del vehículo a motor en España y muchas familias giraban alrededor de tan deseado automóvil.

Se hicieron múltiples versiones, ahora difíciles de recordar, como si era el modelo “D” o el “E”, o si sus dos puertas se abrían hacia  adelante o hacia atrás. El ruido del motor era tan inconfundible que aún hoy día es reconocible para los que tuvimos la fortuna de usar un 600. Las sensaciones de satisfacción y buenos recuerdos las compartimos todos sus antiguos usuarios y son rememoradas al instante de ponerse de nuevo al volante de aquellos bólidos añejos, cuyo mayor problema era el de la refrigeración del motor.

     Hoy día es apreciable el grado de aceptación que despierta la visión del seiscientos por la ciudadanía. He comprobado, como comentaba al comienzo, que los niños sienten una enorme una curiosidad espontánea por este cochecito como si les pareciera de juguete, y celebran divertidos introducirse en el asiento posterior para dar una vueltecita, más aún si la comparten con otros de su edad.  Si quiere ver felices a unos niños móntelos en un 600, pues unido a la sensación de moverse en un vehículo a motor, siempre les llama la atención la singularidad de su pequeño tamaño y peculiaridades, aparte del sano orgullo que muestra su conductor.

     Es evidente que la tecnología de los coches actuales está a años luz de nuestro protagonista, pues ahora los automóviles te hablan, te ayudan a aparcar o te avisan si por despiste pisas la raya discontinua de la calzada, pero la visión del 600 por los mayores también hace que a su paso vuelvan la mirada con agrado, provocando una irresistible atención y comentarios entrañables, incluso entre los que no vivieron la época de su apogeo popular en España.

Seguro que muchos lectores habrán montado en un 600 pero si no ha sido así no lo dude, pregunte a ver quién tiene alguno, que seguro lo encuentra, y podrá tener la curiosa sensación de sentirse dentro del coche del que tanto ha oído hablar a los mayores. Si alguna vez ya tuvo un seiscientos y lo prueba de nuevo sentirá algo especial, pudiendo percibir mejor cómo ha cambiado la vida y los conceptos cotidianos que nos atañen. Tal vez entonces se deje llevar por la nostalgia y le venga a la cabeza la elegía de Jorge Manrique a la muerte de su padre, a mediados del siglo XV, cuando decía .. cualquier tiempo pasado fue mejor.

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ASCENSOR
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Fernando Mulas | 19-02-2016 | 07:30| 0

      Que las personas somos bien diferentes no solo se evidencia por el fenotipo, la expresión física de nuestro genoma humano que se define como genotipo, sino por reacciones propias de cada uno ante situaciones muy diversas que por su cotidianidad nunca nos detenemos en analizar. Ejemplo de ello son la reacciones características de cada uno ante el simple hecho de subir en el ascensor con un extraño o con su vecino.

      De entrada hay personas que evitan como pueden coger el ascensor. Padecen de  claustrofobia que se pone en evidencia ante situaciones de espacios cerrados, siendo lo más típico y característico el hecho de subir en ascensor. Muchos lo disimulan como pueden, sobre todo si son pocos pisos, con la pequeña excusa de hacer ejercicio, o de dejar a los demás que suban si no caben todos, cediendo con la aparente cortesía de subir andando. En ocasiones la situación se hace mas evidente cuando se trata de subir mas allá del quinto piso, pero no hay persona que convenza en ese momento al que sufre de ésta fobia, llegando muchas parejas a acompañarles sobre todo en las bajadas, aunque eso tenga menos mérito.

      Si uno es de los que toma el ascensor sin reticencias las posibilidades que pueden darse son múltiples, a veces incluso desde instantes antes de llegar a tomarlo. Hay personas que esperan solícitas a que venga el prójimo que se encuentra distante y ni siquiera ha visto al que espera, hasta otras que en un santiamén entran a toda prisa dejando al que viene detrás literalmente con la puerta en las narices.

      Estos pequeños encuentros en una distancia a veces tan reducida como el ascensor se prestan a afrontamientos sutiles que traducen distintas características de personalidad, que bien merece la pena analizar para conocer nuestras reacciones y con ello conocernos mejor nosotros  mismos.

      Desde luego la situación varía mucho de ir acompañado por un amigo o persona con la que uno sintoniza, con aquella en la que se juntan a dos personas que aunque vecinas son poco conocidas. Procede entonces un trato cortés y solícito, demandando el piso de su acompañante para pulsar el que sea más próximo, evitando adivinanzas para tratar de ser mas complacientes, ya que pulsar un número equivocado nos deja en evidencia sin necesidad.

      En ocasiones el mayor conocimiento relativo de la otra persona puede resultar embarazoso cuando es alguien atrayente para uno de los dos, adoptando posturas forzadas en donde no se acierta a dónde mirar o qué decir. Tal vez entonces se le ocurre a uno la típica tontería circunstancial, como comentar el tiempo que hace, pero siempre justamente cuando el ascensor ha llegado a  su primer destino, con lo que se pierde la ocasión.

      Otra situación peculiar es cuando uno de los dos viajeros va repleto de paquetes, o la basura, y no acierta a renunciar a quedarse en tierra, con lo cual las molestias y el tiempo se hacen interminables hasta que llega a parar. Estas situaciones de tenso silencio suelen ser las mas frecuentes, en donde uno no sabe que hacer con su mirada, la dirige de forma absurda al techo o al ángulo inferior derecho del suelo, a la par que juega con las llaves del coche o casa. Si se produce un carraspeo inintencionado la sensación de inoportunidad se hace entonces mas evidente, bajo la mirada perpleja del otro, que no acierta que cara poner.

      La compañía de otra persona con un niño o con un animal doméstico, salvando las diferencias, puede ser peculiar porque pueden comportarse de forma espontánea e imprevisible. Por ejemplo el niño puede hacer un comentario improcedente o llorar sin motivo haciendo el numerito delante de su progenitor, y en el caso del perrito gruñir de forma amenazante, con lo cual la cara de circunstancias del otro acompañante llega a su máximo esplendor.

      Posiblemente sea más relajante subir con un adolescente que fundido a sus auriculares en marcha y absorto en su música, va pasando de todo con la mirada perdida. Entra directo y pulsa su número, tal vez después de una ligera mirada a modo de pausa inquisitiva, pero siguiendo igual a su bola. No hay interrelación y no hay sobresaltos, pero para eso mejor ir solo.

      Esta situaciones o parecidas las vivimos una y mil veces sin darnos cuenta, mezcladas con otras de sonrisas e intercambios amigables de miradas o comentarios, que reflejan nuestra empatía o distanciamiento con el acompañante de turno. Hay que aprovechar también estos momentos para compartir algo de nuestro mundo con las personas que nos rodean. Pensemos que el otro está en circunstancias parecidas y es bueno evitar estos pequeños aislamientos, pues su análisis nos permitirá conocer mejor nuestro prójimo y con ello la vida misma.

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Sobre el autor Fernando Mulas
Neuropediatra, Doctor en Medicina y Cirugía. Fundador y Director del Instituto Valenciano Neurología Pediátrica (INVANEP). Ex Jefe del Servicio de Neuropediatría del Hospital Universitario La Fe de Valencia (desde 1978 hasta 2013). Ver CV completo