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Jesús Trelis

Historias con Delantal

Begoña Rodrigo inicia la revolución Nómada

 

EL FINDE DE MR COOKING

#elListódromo: Diez tentaciones de Eneko Atxa
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#CookingTerapia: Llega la mujer Nómada

 

 

La Salita está imparable, su huerto en la masía del Llauro va tomando forma, está diseñando chaquetillas y, además, acaba de abrir un restaurante en un centro comercial que dará guerra. Su nombre, Nómada y llega cargado de sorpresas gastronómicas Su viaje hacia el éxito se acelera. La revolución de Begoña Rodrigo continúa. Sólo ha hecho que empezar.

 

 REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE DAMIÁN TORRES/LP

Señoras y señores, subimos el telón. Esta semana nos vamos de estreno. Abrimos las puertas de uno de los proyectos más esperados (y que más morbo ha levantado) por quien está detrás. Un proyecto excitante, con una puesta en escena tan impactante que es propia de los mejores restaurantes y que va a contar como, actriz principal, con una de las estrellas de la cocina más mediática. O, cuanto menos, que más pasiones levanta. Una cocinera con estrella –aunque todavía no la tenga– que se ha ganado el respeto del mundo de las buenas mesas, no por haber triunfado en un programa de televisión (que es algo que ya parece cosa del pasado), si no porque su carácter, su constancia y su entrega a la cocina le ha valido el aplauso de quién realmente se lo tiene que dar: sus clientes. «He logrado muchas más cosas de las que nunca soñé; siempre he sido una persona con los pies en la tierra», aseveró.

 

Con ellos, con sus clientes, los que están apoyándole desde los inicios de La Salita –hace ahora once años– y los que se han ido sumando –cada vez con más contundencia– ha ido recorriendo la ruta de la hostelería, no pocas veces tortuosa. «A lo largo del camino he disfrutado siempre mucho, al contrario de lo que pueda parecer. He disfrutado porque nunca he esperado nada», remarcó. Un camino, en cualquier caso, por el azaroso mundo de la gastronomía y sus cosas. Esas que pasan siempre alrededor de un mantel. O de una barra.

Una hermosa barra que, precisamente, es el eje alrededor del cual se mueve su nuevo restaurante. Un local de un diseño estudiado –a mí me encanta, en especial su lámpara de los pájaros– y que va a romper esquemas, perjuicios y etiquetas absurdas. Porque Nómada, su Nómada que abre en el Centro Comercial Bonaire, es un grito culinario para reivindicar que la buena gastronomía no tiene fronteras. «Lo bonito es que he podido hacer lo que me ha dado la gana; como casi siempre», aseguró entre risas. «Cuando me ofrecieron el proyecto y descubrí que detrás había una compañía con 46 centros comerciales vi la oportunidad de plasmar lo que he sido durante esta vida, antes de asentarme en La Salita». Detrás de ese «he sido», está una mujer en constante peregrinaje. «Es un proyecto transportable. Estos años hemos ido de lo global a lo local y ahora volvemos a lo global».

 

Nómada le da alas y habla de ella. Aunque también habla de su equipo. «Para que te den alas, primero has de darlas tú; y yo en este proyecto se las he querido dar a ellos. Quiero que expresen también su cocina», remarcó con énfasis. Como con todo. Porque Begoña pone énfasis, alma y garra a todo lo que hace. Por eso Nómada, por encima de todo, es un reflejo de lo que ha buscado en esta vida. Un restaurante que, haciendo honor a su nombre, nace con vocación de romper fronteras. Esas que tumbó ella misma cuando a los 18 años se fue a Holanda y empezó a ganarse la vida con esto de ir cocinando. Esas que dejó atrás a los 20 cuando se asentó en Amsterdam y se sintió libre. «Mamá, te llamo desde una cabina en pijama y nadie me está mirando», explica en su libro ‘El sabor de la elegancia’. En la capital holandesa, empezó su travesía culinaria bajo las órdenes de quien aún sigue llamando su jefe, Nick Reade. Y de allí, el fuego le llevó a Londres, y Tarragona… no sin antes viajar a Mozambique, Tailandia, Estados Unidos… Hasta cuando regresó a España lo hizo de paso para seguir travesía hasta Australia. Aunque La Salita, su Salita, le atrapó.

Su Nómada es quien ahora le da alas para seguir soñando. Y con cara de soñadora llegó a nuestro encuentro. De soñadora y cansada. Como la cara de un niño cuando se despierta el día de los Reyes Magos y, tras abrir los regalos, está como en una nube. Aunque, no podía ser de otra forma, mantiene fresca esa energía que le caracteriza, que le convierte en el particular terremoto de la cocina valenciana. Una mujer que ha sabido mirar atrás, detectar errores y volver a empezar. Y mejorar. Y hacer que sus platos sean cada vez más una excepcional apuesta por el sabor en la que, poco a poco, va imperando la elegancia y las sutilezas.

 

Su carta de Nómada promete ser así. Explosiones de sabor encadenadas bajo el sello de Begoña. «¿Cuáles van a ser los top?», pregunté. «He recuperado los chips de sardina con salda holandesa, la mascletà, los callos de bacalao…». Probé, a modo de aperitivo sus «alcachofas con huevos fritos (o algo así) y jamón», y me hicieron elevarme un palmito. Bien ricos. Pero queda pendiente destripar la carta. De entrada queda que Nómada es una apuesta por llevar la alta gastronomía más lejos, reinterpretándola y adaptándola a nuevos escenarios. Una apuesta que, como la propia Begoña subraya, está abierta a todos los públicos. «Quiero que el menú de Nómada sea democrático», sentenció. Y habló de ofrecer guisos entre semana, de una carta paralela con productos de alto nivel, de comidas de domingo en familia en las que pueda servir en mitad de la mesa un pollo relleno para compartir… El sueño que volaba ya está ahí. La chica que quiso ser bailarina, que ahora también diseña chaquetillas y sigue enamorada de su Salita, sale de la coraza para gritar, con su cocina, libertad.

 

 SALA DE DESPIECE

Con una varita mágica: Cerraría muchas bocas.

Si fueras alcaldesa: Intentaría ser más justa con los autónomos.

Si fueras presidente: En general, tiraría al resto de políticos y pondría nuevos.

Tu pecado preferido: Pecar a todas horas.

2 de Noviembre de 2005: Mi primer niño, La Salita.

Ser madre: Una responsabilidad.

Ser cocinera: Un lujo. Un regalo que me encontré.

El mejor plato: Mis amigos, mi familia. Estoy orgullosa del entorno que he logrado tener.

El peor plato: La frustración de no conseguir algunas cosas. Aunque me ha hecho crecer. Y no ser inteligente para torear algunas cosas.

Servirías al Papa: Lo mismo que a todos. Soy atea.

Y a Rajoy: Lo mismo que a todo el mundo… si paga.

Un comensal soñado: Cualquiera que venga a disfrutar. Ángel León, mi jefe Nick… No soy fetichista.

Qué bailarías: De todo menos ‘reggaetón’.

Tu abuelo Paco: El sabio, el maestro.

Su ensalada: Cocinarla es para mí una introspección. Ponerme en bolas.

Nómada: Un reto personal que puede ser mi seguro de vida (ríe).

Droga: Cero.

Si fueras un animal: Sería una sirena. Medio animal y medio persona. Además son guapas.

No falta en el armario: Los zapatos de tacón.

¿Quién es el lobo feroz? No hay. Eres tu mismo, si no estás equivocado.

¿Qué no has contado a tu madre? No te lo puedo contar a ti tampoco. (Risas).

Una manía: Tenerlo todo  muy Tetris.  El orden.

Lo mejor del mundo: Mi hijo, sin duda.

Lo peor: La hipocresía.

Un defecto: Cabezonería.

Una virtud: Lo mismo, la cabezonería.

Libertad: Mi forma de vida. Algo que tienes y te permite ser dueño de lo que haces.

Una debilidad: Mi marido.

En la cama… Con mi marido.

Peguntaba si con pijama: Sin pijama. (Carcajadas).

Un consejo: No doy y no me gusta que me den.

Enviarías un beso: A mi hermana.

¿Qué me servirías hoy?: Unos callos de bacalao, además, picantitos. Ahora apetecen.

f  i  n

 

(En próximas ediciones te descubriré sus diez tentaciones gastronómicas… pero eso es otro cantar)

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Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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