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Jesús Trelis

Historias con Delantal

Pappardella y Al Pomodoro: El clan de los italianos

 

HISTORIAS CON DELANTAL

se cuela en la historia de

PAPPARDELLA Y AL POMODORO

EL CLAN DE LOS ITALIANOS

Foto Damián Torres/LP

 

Veinte años después de desembarcar los cinco amigos en Valencia se han convertido en todo un referente por su manera de entender la cocina italiana. Sus restaurantes ya son parte de la historia gastronómica de la ciudad. Pappardella, Al Pomodoro, Sorni e Morsi…  son algunos de los mimbres con los que se ha construido su éxito. 

Foto Damián Torres/LP

REPORTAJE FOTOGRÁFICO: DAMIÁN TORRES/LP

#ElDiariodeMrCooking2017

Paseaban hace unas semanas por el barrio del Carme, allí donde se fraguó su sueño, cuando Paola le preguntó a Vincenzo: «¿Te imaginabas cuando llegamos que íbamos a estar tan bien?». Los dos forman parte del grupo de cinco amigos que hace ahora veinte años decidieron aterrizar en Valencia para conquistar los paladares más desenfadados de la ciudad con su particular cocina italiana. «Llegamos en 1996, en aquella época estaba todo por hacer en la ciudad. Nosotros éramos unos jóvenes que ofrecíamos una gastronomía que no era la típica y que comunicábamos y hacíamos márquetin…», fue relatando Laura. Ella es como la locomotora del grupo. O al menos así la califican en este clan que, en la actualidad está formado por la propia Laura Motolesse, Paola de Vera, Vincenzo Cancillieri, Alessandro Romitelli y Paul Doyen («el belga», como a él le gusta remarcar), que fue el último en incorporarse al club.

«¿Cómo empezó todo?», les pregunté sentado ante los cinco en una mesa de Al Pomodoro –uno de sus restaurantes, junto a la Pappardella o la franquicia Sorni e Morsi–. «Fue una idea que nació de una borrachera, pero luego ya nos lo tomamos más en serio porque todos nos queríamos escapar de Londres», explicaron casi de manera coral. La aventura, en concreto, nació una noche de fiesta entre amigos en el Covent Garden en Londres, donde estaban trabajando todos ellos en proyectos del ámbito de la hostelería. Aquellos días se marcaron una hoja de ruta en la que perfilaron que querían abrir tres tipos de negocio distintos: «un sitio de fiambre italiano, uno de pasta y otro de pizzas». Y marcaron en el mapa su destino: Valencia. «Habíamos estado trabajando un verano en Cullera y era lo que buscábamos: ¡el sol, el buen vivir…!», exclamaron. «Era la época de la apertura de España», remarcó Paul.

 

Se marcaron una hoja de ruta;

iban a abrir tres restaurantes:

fiambres, pizza y pasta

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Paola fue la primera en dejarse el trabajo y venir con Favio (que era su pareja y más tarde dejó el proyecto) hasta Valencia. Juntos localizaron el local que iba a acoger el primer proyecto de restauración. «Lo alquilamos sin poder verlo por dentro y luego nos llevamos la sorpresa. Tenía unos 40 metros y estaba fatal. Nos sentamos en una silla y nos preguntamos: ¿qué hacemos aquí?», rememoró Paola entre carcajadas generalizadas. Como no daba prestaciones suficientes para acoger la pizzería, que era su primero objetivo, acabó siendo un local en el que se servían fiambres y verduras en aceite al estilo italiano. Un local que bautizaron como La Bottega del Ocio y que, al poco tiempo, se convirtió en su primer bistró de éxito. Fueron, eso sí, los años más duros, pero al tiempo los más divertidos para ellos. De hecho, una vez puesto en marcha el negocio se fueron a vivir juntos todos a un piso, que se podría decir hacía hasta las veces de almacén. «Teníamos los fiambres colgados en el salón de casa, porque en el local no había espacio para guardarlos», recordó Alessandro. «E íbamos allí a preparar las verduras. Compramos las berenjenas, las poníamos en sal, las hervíamos, luego se ponían en aceite…», fueron relatando Paola y Laura. «¡Pero si hacíamos el tiramisú a mano porque no queríamos ni comprar una batidora!», confesaron.

 

Luego llegó la Pappardella, el segundo local, que les dio a conocer definitivamente en la ciudad, con una propuesta basada por completo en la pasta. «Que al principio era demasiado dura para el gusto de los clientes y nos tuvimos que adaptar». Fue otro rotundo éxito. «El primer día teníamos diez clavos metidos en un tablero para las comandas, pero superamos las cuarenta mesas», explicó Paul. «Se levantaron hasta amigos a ayudarnos». La apertura, meses después, de Al Pomodoro supuso la consolidación definitiva del proyecto. Las pizzas recibieron el aplauso de su público, toda una legión que les han seguido desde entonces, y el grupo Vicios Italianos se consolidó con éste y otros proyectos más que fueron naciendo. Algunos fuera de Valencia y otros dentro que acabaron siendo traspasados. «Montamos también una franquicia, Sorsi e Morsi, que ya cuenta con varios locales en la ciudad», explicó Laura.

Dicen que todo empezó como un juego,

pero tenían muy claro que con esfuerzo llegarían lejos

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«¿Cómo habéis conseguido llevaros bien todo este tiempo?», pregunté intentando buscar resquicios en la historia. Pero el éxito estaba en eso, en el grupo, en que cada uno tiene su parcela de trabajo sin demasiadas intromisiones y que, al final, es la mayoría la que toma las decisiones. Eso, ser un grupo, y que quizá, con los años, se han convertido más que en buenos amigos, en una familia. Esa que comenzó, sin saber cómo iba a terminar, su aventura un buen día entre pintas en Covent Garden. Ese día en que decidieron aterrizar en Valencia con su cocina auténticamente italiana. Que no la típica cocina italiana, como les gusta aclarar.

 

De izquierda a derecha

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LAURA MOTOLESSE LA CONSTANCIAEs la constante, la creativa, la locomotora del grupo. «Hemos vivido una aventura que empezó como un juego, aunque de forma seria, y ha acabado siendo una forma de vida».

VINCENZO CANCILLIERI VULCANO. Es puro temperamento, «El niño» del grupo, como a él le gusta decir. «Vulcano», como ellos le llaman. «Son veinte años brutales en los que Valencia me lo ha dado todo», remarcó.

ALESSANDRO ROMITELLI LA PRECISIÓN. Es el italiano del grupo que menos italiano parece. «El de los números, es muy meticuloso», resaltan. «Me emociona pensar el primer día que llegué y vernos ahora».

PAOLA DE VERO EMPRENDEDORA. Transmite pasión y emoción y es puro nervio. «Es electricidad», me dicen de ella. «He conseguido que el éxito y la felicidad que vivo aquí se traslade a todo en mi vida».

PAUL DOYEN LA CALMA. El único que no procede de Italia. Quizás por eso tiene otra manera de procesar el negocio. Con mucha calma. «Ha sido una historia de amigos que se convirtió en una experiencia fantástica».

Pappardella está en Calle Bordadores, 5, Valencia. 
Al Pomodoro está en Carrer del Mar, 22, Valencia.
 
 

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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