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Jesús Trelis

Historias con Delantal

El arroz ‘a banda’ de Alina

Dejó la refinería donde trabajaba en Rumanía y acabó en Valencia buscando una nueva vida; quince años después es feliz con su restaurante junto al mar. Allí hay que probar su ‘a banda’ y sus tartas. Y dejarse llevar. No deja de ser un balcón al Mediterráneo al que asomarse sin más pretensión que la de disfrutar.

ALINA

Alina L'Estany


 Alina Novac tenía un sueño: tener su propia peluquería y su gabinete de estética. El sueño sigue ahí, aunque otros han ido colándose y tomando forma en su vida. Como el de pilotar un proyecto hostelero junto al mar, en la Marjal dels Moros (Puçol). Su nombre: L’Estany. Su peculiaridad, que es el reflejo de quien está al frente de él: esta mujer batalladora, de 49 años, que llegó a España para visitar unos familiares y le cautivó Valencia. «Me fui de mi país por cuestiones personales, no por trabajo, que tenía; llegué aquí y me enamoré de esta tierra», confiesa. De eso hace ya quince años. De eso y de sus inicios laborales en estas tierras: primero trabajando en una almacén limpiando cebollas, luego en la fábrica de bollería Velarte, y más tarde, en el mundo de la hostelería. «Estudié Química, no tiene nada que ver con esto», me confesó la hostelera. «Trabajaba en una refinería en Rumanía, pero lo que estudié y toda esa información que acumulé luego lo he podido trasladar a otros trabajo». Trabajos y experiencias que ha ido encadenando hasta llevarla, en la actualidad, hasta una casa de comidas que mira al mar.

«Empecé con Tomi y su familia, a la que quiero muchísimo, maravillosa», explicó. «Recuerdo que hablaba con su hermano en inglés mientras trabajaba en una de las cintas de producción y él me traducía; poco a poco aprendí con ellos castellano y valenciano». En realidad, Alina se muestra muy agradecida a todos aquellos que se han ido cruzando por su camino. «He tenido mucha suerte con la gente que he conocido». Suerte y coraje. Porque eso ha sido lo que le ha servido de estímulo para llevar adelante su vida en Valencia, y labrar su futuro. Ese que ahora pasa por la hostelería. «Pero a ti, ¿te gusta esto de la cocina y los restaurantes?», pregunté. Fue muy clara: «Sí, me gusta. Y cocino también. Hay que saber hacer de todo, para que tus trabajadores noten seguridad con lo que estás haciendo».

“Hay que saber hacer de todo, para que tus trabajadores noten seguridad con lo que estás haciendo”

Dice que le encanta la cocina valenciana y asegura que al principio, cuando probaba la paella en algunos restaurantes, no le convencía pero fue cuando comenzó a descubrirla en casas particulares, cuando se dio cuenta de lo que eran los arroces valencianos. «Nosotros intentamos hacerlos como se cocinan en las casas; siguiendo las recetas tradicionales de gente que me ha enseñado y cuidando el producto, que es lo que aprendí de Rafa Soler i Oriente –la alquería del Pou, del Maro o el Brosquil–», desveló Aliana.

Alina

Fue de su mano como llegó a L’Estany, a donde él le llevó para que revitalizara el local y que ella ha terminado, desde hace un año, como dueña. «Bueno, es del banco», afirmó entre risas mientras, a su alrededor, ese domingo marinero los arroces, los calamares a la romana, las puntillas y las ensaladas comenzaban a salir de la cocina hasta la mesas. Mesas llenas hasta la bandera. El mejor síntoma de que L’Estany funciona por lo que ofrece.  Y eso que ofrece son platos sencillos, muy tradicionales y que configuran los grandes clásicos de las casas de comida -eso que llamábamos chiringuitos de playa- pero que en su caso tiene, como principio, la calidad y la elaboración muy cuidada.

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«Lo que buscamos es que a la gente, lo que cocinamos, le recuerde los platos de su casa, los platos de siempre; pero que, además, sea porque le ofrecemos las cosas bien hechas, no yendo a lo fácil». Ese ‘bien hecho’ significa hacer fondos de pescado con cabezas de rape fresco, hacer la compra personalmente cada día para lograr el mejor género… ofrecer, en definitiva, lo mejor de un proyecto. Su sueño. Y luchar por conseguir que ese sueño vuelve alto y fuerte. «Lo único que busco es que la gente se vaya de aquí feliz; piensa que la gente, hoy por hoy, no siempre se puede permitir comer fuera; si lo hacen, cuando vienen a tu casa, lo que has de hacer es que salgan de aquí contentos. Para mí, es un orgullo que una persona se acerque cuando ha terminado y me diga que se va a casa feliz» .

“La gente no siempre se puede permitir comer fuera; si lo hacen, lo que has de hacer es que salgan de aquí felices”

Y la sensación que uno tiene cuando deja detrás l’Estany es que la gente se va así: feliz. Por lo vivido, con sencillez, con regusto de diversión y ambiente familiar. Como son esos locales a pie de mar que, cuando miman sus platos, pueden ofrecer instantes que, de puntillas, se cuelen en tu memoria para siempre. Esas cosas que tiene la brisa mediterránea, que se cuela por L’Estany hasta cada una de sus mesas.

 


—IMPRESCINDIBLE—

Alina se formó en Velarte, donde aprendió repostería. Esos conocimientos le acompañan. Eso y su pasión por la pastelería, que hace que cree tartas deliciosas como ésta de zanahoria que hizo ella misma y está gloriosa.

L'Estany

alina tarta de zanahoria

 


Un ‘arròs a banda’ como el de los marineros

«Aquí hacemos el arròs a banda como antes», cuenta Alina Novac. Y es verdad. Te sirven el arroz con el preparado de pescado al margen. Al modo de una cazuela. Lo primero, el arroz, está bien rico. Sale con un punto meloso que impregna el grano con toda la intensidad –pura esencia marinera arrebatada al fondo de caldo–. Como resultado, tu paladar se encuentra con unos sabores desatados. Quizás, un punto subido de pimentón. Pero por decir algo, ya sabes. De hecho, es de esos arroces que comerías sin parar y repetirías una vez y otra. Hecho con variedad Albufera, de arroces Sibaris.

La otra cara del guiso, el ‘a banda’, mantiene toda la intensidad, especialmente concentrada en sus mariscos y su patata. La patata, de hecho, es
-vamos con una frase hecha– para sacarla a bailar: esconde como una cápsula toda la esencia del caldo. Ese dichoso fondo que tiene sabor a éxito. De hecho, se podría decir que el arroz ‘a banda’ es la joya de la corona de L’Estany. No sólo por cómo está ejecutado, sino por lo que significa. Por concentrar en él todo el espíritu marinero de la costa valenciana y, además, respetándolo y mimándolo. Es lo que tiene la casa de Alina.

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OTROS CHIRINGUITOS ILUSTRES

De Casa Manolo a Casa Jaime

L’Estany es una casa de comidas junto al mar y tiene regusto a antiguo chiringuito que va a más. Como le pasó, en Daimús, a Casa Manolo. Los padres de Manuel Alonso –en la imagen superior,_Manolo Alonso y Matilde Fomiyana– pusieron sus cimientos en 1985. Desde entonces, creció y creció hasta ser un restaurante imprescindible en el Mediterráneo que ya oposita por su segunda estrella. Eso, sin renunciar a ese regusto de producto de proximidad y tradición, que puedes encontrar en su gastrobar Daily.

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Hace ya cincuenta años, una aventura similar la emprendió Jaime Sanz en Peñíscola. Su casa de comidas, Casa Jaime, es un templo marinero junto a la playa del_Papa Luna, en la que degustar arroces y calderos que gritan mediterráneo. Eso, como L’Estany o Casa Manolo, sin renunciar a las raíces de las clásicas casas de comida junto al mar. Esos ilustres chiringuitos a los que tantas historias y recuerdos les debemos. ‘Chiringuitos’, entre comillas, porque son verdaderos locales del disfrute veraniego cuando hay honestidad y autenticidad.

Imagen cortesía de Casa Jaime.

Imagen cortesía de Casa Jaime.


DETALLES

L’Estany está junto a la Marjal dels Moros. El local mira al mar y es frecuente la agradecida brisa. Hay que reservar, si quiere asegurarse mesa. Su dirección: Avenida de la Marina, 245 (Puzol).
El precio medio ronda los 30 euros.


… POR CIERTO

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“El 15 de julio, día de San Buenaventura -ilustre hijo de San Francisco de Asís-, el Capitán Cooking acudió hasta su barquito de papel. Era una barcaza construida con la carta de un restaurante de cuyo nombre nunca logró acordarse repleta de cofres llenos de imaginación y barriles con el elipsir de la ilusión.

El intrépido tragaldabas -con cuchillo y tenedor en la solapa y una pluma de Corsario en su chistera, para escribir con ella sus andanzas- emprendió viaje por los mares del infinito MeditegastroEn sus manos, un cuaderno de bitácora. En su cabeza, encontrar la Ballena Blanca de la Ilustre Cocina Universal.

De lo que allí aconteció os vengo a hablar”

PROXIMAMENTE, ‘LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN COOKING’

Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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