Dice Mark Twain que la honestidad es «la mejor de todas las artes perdidas». La cita la utiliza Juanjo López en uno de los capítulos de su libro sobre la Tasquita de Enfrente, que acaba de editar Montagud Editores. En él, el propietario de este local emblemático en Madrid, en el que el producto aparece desnudo y casi impoluto, asegura que cada día, en su casa de comidas, se trabaja con honestidad desde la humildad; y se hace de forma transversal: «procuramos que cada uno de nuestros pilares esté completamente revestido de esta cualidad. Uno de esos pilares es el producto».
Dice en su libro, una verdadera joya para los amantes de la gastronomía y la literatura, que en veinte años ha tejido una red de proveedores. Y habla de quien le trae la gamba de La Garrucha, de Jaime y su huerto, de Ángel y los percebes, y hasta de los días en los que vive con ellos de cerca la aventura de ensalzar el producto: «No son pocos los domingos en los que me voy a las cinco de la mañana a coger setas con el señor que las proporciona». Con ese respeto a lo que se sirve, se entiende que el resultado sea tan excelso. La Tasquita y su historia te conquistan. Vale la pena peregrinar. Por eso los que saben comer lo hacen. No es cosa de broma. Es un lujo. Inmenso.
Me he sentado en sus mesas una vez. Lo hice con Enrique Cillero. Llegué en realidad a la mía, con una reserva que había hecho con motivo de Madrid Fusión 2018. Y lo hice motivado por la avalancha de buenas palabras que se había lanzando sobre ese lugar situado en una de las callejas del centro e Madrid. Un lugar que parece querer pasar desapercibido. El silencio en medio del ajetreo.
Fui, en resumidas cuentas, porque, si tantas bendiciones tenía el lugar, sentía que debía conocerlo. A los que nos gusta esto de la gastronomía, tenemos una insaciable costumbre de probar y volver a probar y descubrir y luego, si es posible, contarlo, para que quede claro que hemos estado. Casi enfermizo, la verdad.
Y sí, fui sólo a la Tasquita y me encontré con Enrique; decidimos compartir mesa y gocé. Más allá de lo que pasó sobre el mantel. Gocé, y se lo dije a Juanjo López a la salida, no sólo por lo que cenamos y compartimos, si no por lo que me transmitió aquel lugar con trazas de mágico, en el que -haciendo honor a Unamuno, al que cita en el libro de Montagud- el pensamiento se fusionaba con el sentimiento y el sentimiento era pensamiento. Tan complejo como sencillo. Como aquella experiencia mía que resumí como la cocina de los versos descalzos.
Sentir el pensamiento, pensar el sentimiento
Tengo la sensación después de haber visitado aquel día la Tasquita, de haberme intercambiado un par de mensajes con Juanjo cuando escribí sobre lo vivido y, especialmente ahora, tras ir leyendo y subrayando su libro (y sus pensamientos) que tengo una afinidad y una química tan próxima a lo que allí se busca, que ese pequeño local me es ya hasta familiar.
Me bastó aquella noche para entenderlo todo. Ver fluir por sus paredes su historia, su sensibilidad, su magia. Y me ha servido el libro de Montagud para fijar todas esas ideas que sobre la Tasquita quedaron. He encontrado en ese texto todo de lo que susurra la Tasquita: honestidad, magia, Madrid, producto, esencialidad…
Dice en el libro Juanjo que, aunque su restaurante es un lugar pequeño -que lo es, maravillosamente pequeño, un lujo (que no el lujo) de la concentración)-, él lo sueña, lo fantasea y lo siente a lo grande. Así lo recuerdo yo. Tan grande como un poema en el que se concentran todas las esencias. Deja que, en medio de tantos compañeros que hablan de ellos -de Juanjo, su equipo, su cocina… – te hable yo del sentimiento. Porque la Tasquita me susurra eso: sentimiento. Ese que me dice que la vida pasa y que a mí, también me entran ganas de colgar m8 metafórica corbata y bucear en la magia. Ser exclusivamente feliz, vaya. Pero eso es casi utópico. O no.
“La vida pasa de prisa.
La vida pasa sin vuelta”
‘La viuda joven’. Gabriel Celaya.
1. “Cualquiera podría refutar el discurso de mi cocina: proviene del corazón y del alma. ¿Acaso hay algo mesa atemporal que eso?”
Discurso, corazón y alma. Tres palabras para una cocina que, además de sabrosa, se me antoja hermosa. La belleza de la sencillez, de la desnudez. Como estos versos de un poema de mi adorada Gloria (Fuertes) que me encantan. De ‘Poética’:
Escribir sobre tu cuerpo
con los dedos mojados de vino
2. “Hacemos cosas con sensibilidad, sentimiento y aspirando a la máxima sencillez“
Me recordó leer esto a su calamar. Todo dicho allí, en un calamar desnudo. Con sus tonos provocadores para mi paladar, sus colores sensuales, sus formas envolventes, su punto exacto, el mar pálido… Hermoso.
3. “La honestidad no es, ni de lejos, cuestión de grandes discursos rimbombantes. Lo es de pequeños actos cotidianos”
El día que fui a la Tasquita estuve caminando por los alrededores del restaurante de Juanjo como treinta minutos. Esperando que abriera sus puertas y, sobre todo, observando el lugar, la zona. Entendiendo cosas. Lo cotidiano estaba allí. En la puerta de su local le vi a él con su equipo, tomando café, unos cigarrillos, hablando, esperando abrir las puertas del gran teatro para, una noche más, dar de cenar. Era una noche complicada. Estaban allí cenando precisamente quienes ahora editan su libro (Montagud Editores), Paco Morales y la gente de Murri. Nanín Pérez iba a ser elegido el día después cocinero revelación. Todo fluyó con esa honestidad que barniza la Tasquita. Si no fuera así, no sería la de Enfrente. Sería otra cosa.
4. “Buscamos recuperar sabores, rescatar productos, que los que prueben los platos se sorprendan y, por supuesto, se lo pasen bien”
A mí me ocurrió todo eso. Se desnudaron ante la mesa (los platos) y se desató la emoción. Hasta un carabinero quiso ser mágico.
5. “La cocina es un oficio que requiere cualidades relacionadas con la estética y con la sensibilidad“
En su caso, ya sabes lo que opino, hay tanto de ambas cosas, de estética y sensibilidad, que es poético. Ya te lo dije. Poético y a la vez auténtico. Es quizás lo que se esconde bajo su piel.
6. “La mesa es una gran verdad ante la que uno se desnuda, metafóricamente, ante las personas que tiene delante”
El día que visité la Tasquita hablé con Cillero de arte, de cocina, de hedonismo, de comida, de palabras, de vino, de poesía, de Rafa Brines… “Me has de enviar algo de tu poesía”, le pedí a Enrique. Pasaron los meses. El 19 de septiembre, por wasap, me llegó esto sin más explicaciones:
UN ARTE DE VIDA
Vivir sin hacer nada, cuidar lo que no importa, tu corbata de tarde, la carta q le escribes a un amigo. / La opinión sobre un lienzo, q dirás en la charla, pero q no tendrás el torpe gusto de pretender escrita. / Beber, q es un placer efímero. Amar el sol y desear veranos.
Aquella mesa sigue viva. Esas cosas mágicas de la Tasquita.
7 y penúltima. “¿Me permiten que les haga un truco? Tengo aquí a unos duendes pequeñitos, casi invisibles. Voy a dar uno a cada uno de ustedes, para que se lo metan en las cabezas, le abran las mentes y comience a fluir la magia de la mesa”
Dice Juanjo que es algo que propone en algunas mesas para que disfruten más. En eso consiste la magia. En dejarse llevar, tener fe y creer que la felicidad es posible. La quimera.
“Pasó un poco de tiempo y vieron cómo algunas de las hojas empezaban a teñirse de naranja…” Industrias y Andanza de Alfanhuí, de Sánchez Ferlosio.
8 y fin. La dijo tras la muerte de su padre, cuando colgó la corbata y dejó que él reposara a su lado en la Tasquita para siempre.
“Voy a convertir la Tasquita en un restaurante del que te sientas orgulloso”.
Algunos escribimos de él: del restaurante y de su hijo; muchos otros sencillamente lo gozan. Y Juanjo sigue fiel a lo que cree. Sí, Serafín estará orgulloso. Seguro.
III. EL LIBRO
Juanjo López. La Tasquita de Enfrente. La sencilla desnudez. Edición Español/Inglés. 256 páginas. 23 x 29 cm. Tapa dura – Hardcover. 58 euros.
I. Elkano y el árbol de Aitor
III. El desnudo de la Tasquita.
-… y próximamente:
IV. Los tesoros de Llisa Negra