Las Provincias
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Al servicio del artista
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César Campoy | 01-03-2017 | 12:17

Manolo Tarancón, Moonflower, Capaje, La Pulquería, Gatomidi o Arcana Has Soul saben lo que es trabajar con el productor Paco Morillas

 

Habitual en los títulos de crédito de numerosas referencias musicales valencianas editadas en los últimos años, ha prestado sus servicios a bandas tan dispares como Iba Andando, Moonflower, Guille Dinnbier, Caravana Sur, Fanáticos, Manolo Tarancón, Adrian Levi, Capaje, Santero y Los Muchachos, La Pulquería, Capitán Booster, Derrota, Tostaki, No Regrets, Huessos, Ainda Não, Jimmy Project, Voltor, Zhuo, Pelicano, Lyann, Sergio Sanz, Eternos rivales, Stéphanie Cadel et la Caravane, El Kanka, The Fuzzy Clouds, Reno, Perdido y la Octubre Band, José Moreno, Peter Aduana, Arcana Has Soul, Sotos, Ambros Chapel, Bill Hicks... Sí, efectivamente, Paco Morillas es uno de los técnicos y productores más solicitados de esta tierra. Sin ir más lejos, en el preciso momento en que usted lee este artículo, él anda inmerso en los próximos trabajos de Los Califas, La Hora del Té, Fronkonstin, Ulan y Limbotheque. «Y hacia el mes de mayo empiezo a producir un disco de una banda que canta en valenciano y me gusta mucho; se llaman VOL», asegura, orgulloso.

«Monté mi primer estudio en el año 2004, con la intención de grabar mis propios discos, pero ya estamos en 2017 y todavía no he grabado ningún álbum mío», bromea Morillas mientras explica las razones por las cuales decidió dedicar su vida a mimar y acariciar la mesa de mezclas: «La verdad es que grabar música y todo lo que rodea este arte es apasionante. Desde pequeño siempre me interesó el sonido y las canciones. Estuve trabajando muchos años en la tienda Bosco, en Valencia, y ahí aprendí mucho sobre instrumentos modernos y tecnología de grabación. Cuando tuve la oportunidad dejé ese trabajo por el estudio, y, así, hasta hoy».

 

Paco Morillas, concentrado

Su primera aventura de entidad fue bautizada con el nombre de Blackout Musice. Allí, en aquel pequeño estudio de Ruzafa («tenía un equipo de grabación muy sencillo y un micrófono Neumann»), hace más de una década, Paco comenzó a mostrar su habilidad a los mandos. Poco después, su ilusión se fusionaba con la de Carlos Soler. Aquel dúo llegó a convertirse en uno de los equipos más requeridos y profesionales de estas lindes. Justo hasta que ambos emprendieron senderos diferentes. Fue entonces cuando nació Elefante Estudio: «Carlos es un productor con mucho talento, y estuvimos produciendo juntos unos tres años. Aprendí muchas cosas de él, aunque no lo sabe [ríe]. Cuando tomó su camino en solitario nunca pensé que yo podría llegar a trabajar en un superestudio de grabación como Elefante». Una nueva aventura que, según Morillas, no se concibe sin la presencia de otra de las columnas vertebrales de la criatura, Alberto Díaz: «Realmente, sin él no se entendería mi trabajo, desde que empezamos el proyecto en el año 2013. Juntos montamos el estudio, y desde entonces trabajamos a diario, codo con codo, en muchas producciones. También he aprendido muchas cosas de él. Lo cierto es que he tenido la suerte de trabajar con buenos productores/amigos que han influenciado mi forma de trabajar y me han enseñado lo que no se aprende en los libros», añade, generoso. Mientras confirma que no es capaz de tener presente todas y cada una de las sesiones que ha llevado a cabo («son muchos años ya»), afirma, eso sí, recordar las que más le han marcado: «Por ejemplo, cuando vinieron al estudio Ariel Roth y Jaime Urrutia a colaborar en el disco de Juan Carlos Sotos. Son dos personalidades muy potentes musicalmente hablando, y me alucinó trabajar con ellos. Lo pasamos muy bien».

 

En plena faena

En torno a la eterna pregunta, si es el productor quien debe dirigir por completo el proyecto, o si debe ponerse al servicio del artista, Paco parece tenerlo muy claro: «Siempre intento llegar a lo que el artista tiene en la cabeza; aporto muchas ideas y enfoques de cómo hacer las cosas. Por ejemplo, puedo saber lo que funciona o no va a funcionar de un arreglo, y cambiar cosas para que todo tenga más sentido, pero siempre con el objetivo de hacer los discos que los músicos quieren escuchar. De esta manera, los trabajos que hago son diferentes entre ellos y tienen su propia identidad. No tengo un patrón de trabajo, voy variando dependiendo de la producción», explica, satisfecho del momento de calidad que vive nuestra música: «La escena valenciana es muy grande; creo que nunca para de crecer. Hay muchas bandas, de diferentes estilos y de mucha calidad, pero, como siempre, lo difícil para los grupos es promocionarse, llegar al gran público, generar beneficio e interés».

Morillas vuelve al trabajo. Sus dedos andan camino de fundirse con la vistosa botonera de aquellos Elefante Estudio desde los que alterna su labor como técnico con, efectivamente, la producción y, también la mezcla: «Son aspectos de la producción diferentes, pero están muy entrelazados. Cuando hago un proyecto entero me gusta imaginarme el resultado final, y desde antes de la grabación intento buscar el sonido que quiero escuchar en el disco dentro de mi cabeza. En grabación me estrujo hasta capturar el sonido que busco o el mejor que puedo conseguir. Puedo usar un amplificador, o dos; diferentes micrófonos, buscar sonidos ‘grandes’ o sonidos rotos, o lo que necesite para esa producción. En la mezcla intento que la canción me transmita, ni más ni menos, lo que la canción quiere transmitir. Parece fácil, pero no lo es. Cuando tengo tiempo suelo impartir un curso de mezcla muy interesante en el estudio. La mezcla es un proceso técnico/artístico excitante donde nunca dejas de aprender. En esos cursos hablo de mis enfoques, de técnicas que se han usado en discos clásicos, etc. Intento escuchar música de todo tipo; me interesa descubrir nuevos artistas, nuevos discos. Tengo un montón de canciones catalogadas de diferentes estilos que uso como referencias en mis proyectos. Es una lista que no deja de crecer».

 

Tres discos históricos

 

The Beatles

Please Please Me (Parlophone, 1963)

«Las primeras grabaciones de The Beatles, me parecen sublimes a todos los niveles. Son mágicas. Fabricaban un single en un solo día encerrados en el estudio junto a George Martin. Podían llegar a grabar en un solo día hasta 60 tomas de una misma canción. Era la forma de producir de muchas bandas en los 60 y 70, y actualmente se ha perdido. Es una forma de trabajar muy, muy interesante. Creo que hay que recuperar esa fórmula. Si ha alguien le interesa puede llamarme ahora mismo [ríe]».

 

Led Zeppelin

Led Zeppelin (Atlantic, 1969)

Productor: Jimmy Page. «Me impactó mucho escucharlo cuando empezaba a tocar la guitarra, y hoy en día sigue encantándome. Crudo, directo y con muchísima dinámica. Una auténtica maravilla».

 

ABBA

Voulez-Vous (Polar, 1979)

Productores: Benny Andersson y Björn Ulvaeus. «Los discos de ABBA son superproducciones que mejoran con el tiempo; arreglos fantásticos y voces maravillosas. Disfruto mucho escuchando lo que hacían los músicos en esos discos, desde el bajo que es una locura hasta el mínimo detalle de las mezclas».

 

 

Los discos de la semana

 

Somrice

Present tense (Autoeditado, 2016)

Se estrenan las gentes de Somrice en formato largo con un trabajo registrado en connivencia con Roger García, tres años después de la edición de aquel epé titulado Black to red. A partir de unos sonidos que, de manera incuestionable, miran hacia el soul más elegante y digerible, pocas pegas pueden surgir a la hora de evaluar, tanto el nivel interpretativo de sus instrumentistas, como la habilidad vocal de una Guadalupe Tejado que brilla en acertados pasajes como los de Present tense, tema que da título al disco y que, como era de prever, se convierte en la joya de la corona. Aupados en las omnipresentes teclas con alma de Koke Ruiz (determinantes sus constantes pinceladas), y mecidos en las líneas de la guitarra de Carlos Sellas, el combo es capaz de facturar, sin dificultad, piezas que entran a la primera (de Get down to brass tacks a Ain’t nobody like you) sin ninguna dificultad.

 

Tomás de los Santos

Segona mà (Mésdemil, 2016)

Dos años después de aquel Dones i dons (Mésdemil), registrado junto a Borja Penalba, y tras una incesante actividad artística, el músico valenciano se desnuda sin miramientos, con la ayuda, a la producción, de Pau Romero, y un puñado de amigos, para saldar deudas sentimentales (Camí de Farinós), narrar lo cotidiano (Balconades), describir el mundo que nos queda por vivir (Ara ja saps) y, sobre todo, mostrarse reivindicativo (Matilde Landa, Julia, L’altre país). Con todo ello, De los Santos construye un puzle repleto de sentimientos y vivencias, brindados, sin ambages, a flor de piel. Una suerte de exorcismo en el que parece no haber quedado, prácticamente, nada en el tintero.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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