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Jesús Trelis

Historias con Delantal

Del ramen de Kamon al ‘cremaet’ de Ivan

En nuestro viaje por esta Babel gastronómica, vamos con una de las últimas paradas en la travesía por las mesas del mundo que hemos emprendido. Viaje sin salir (casi) de casa. En este caso, fuimos a parar en Kamon, cocina nipona con regusto mediterráneo, que es todo un éxito desde que abrió. Lo es porque el lleno absoluto así lo deja claro. Al menos, el día que este espía aterrizó en esta casa. Del menú, pues como todo, hay cosas que sí o otras que no tanto. Te cuento y lo compartimos. Que es de lo que va esto de las mesas. Mesa para dos. Cooking y quien se sienta al otro lado de la pantalla. Por eso, antes que nada, gracias 🙂

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Probé su menú degustación de 29 euros (sin bebidas, claro). A golpe de vista, la diferencia con otro de los menús es el producto. En este caso, menos selecto. Peor bueno, hay que empezar la incursión por lo básico.

Vamos con lo mejor de la cena para empezar. En su top, desde luego, la gyoza de carne (que iba acompañada por una cremosa salsa que recordaba a un all i oli muy fino) y su tempura de soft shell crab (el cangrejo me encanta, y la tempura también; así que era fácil cautivarme). Lo malo en este caso son las comparación, por ejemplo con el de Nozomi. De espectáculo. Pero estaba bien.

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Como plato estrella, en cualquier caso, me quedo con el tantan ramen parmigiano. De esos bocados que te apetece repetir, volver a probar, regresar a Kamon para decir: «sácame un bol inmenso de ramen, por favor». Completo, sabroso, con ese juego de texturas y productos que tiene el ramen. Para engancharte. Y para entender por qué los más jóvenes (y no tanto) están enamorados de esta sopa asiática (o plato) con tanta historia y relato.

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Tendremos que meternos de lleno en el mundo ramen. Y contarlo. Aunque adivino que es un mundo dentro de muchos mundos. Y como todo, depende de la travesía que tengas con ellos uno te va gustando más que el otro. Incluso, es posible que te gusten esos que venden en máquinas expendedoras en mitad de la calle. Como los que me encontré, precisamente después de pasar por Kamon, en el barrio de Ruzafa.

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Al margen de esos bocados gloriosos, el menú cuenta con un tartar de atún con ponzu, correcto; una especie de flan de mar (chawan mushi con erizo), que es absolutamente prescindible, y un catálogo de makis y nigiris en los que hay de todo. Quizás demasiado rebuscados en algunos casos. De todo el catálogo, me quedo con el nigiri de salmón y trufa con arroz al gusto de bogavante. Es cierto que le falta algo de refinamiento, pero en general son bocados que están buenos.

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Ofrece Kamon otro menú, como te comenté, más rimbombante, por 46 euros. Quizá, para valorar bien, debería volver. Así que… en la agenda de pendientes lo dejo escrito. Y con esta visión de trazo grueso, despegamos a nuestro propio destino. En este caso será, Corea. La Taula de Koon.

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Pero antes y para despedirnos….

El ‘cremaet’ nipón

—•—

Se llama Iván (al menos,
ese es su nombre en España) y trabaja en el mundo de la hostelería desde los quince años. Tiene su propio bar de tapas, las tradicionales (bravas, calamares, torreznos, ensaladilla…), y es el claro ejemplo del viaje contrario. Cocina española en manos, en este caso, chinas. Eso sí, su arte para hacer el ‘cremaet’ en su bar de Plaza Segovia es único.

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Cuentos con patatas, recetas al tutún y otras gastrosofías

Sobre el autor

Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.


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