Próxima parada: La Taula de Yoon. Protagonistas: Haesung y Raúl. Junto a ellos, un relato gastronómico escrito con acento coreano pero a base de paladares occidentales. El resultado, un disfrute (sin algarabías pero coherente y agradable) en uno de los restaurantes más nuevos de la ciudad, pero que más proyección tendrán. Un lugar de esos que valen la pena por personal, auténtico, sin celofán y sin el marketing recurrente que te dice si tal o pascual. La Taula de Yoon, otro lugar del mundo en el Atlas Gastronómico de la ciudad.
ATLAS GASTRONÓMICO
Cap. 3 La Taula de Yoon
A Haesung Yoon le conocí ante la barra de Thosiya Kai. Un lugar donde uno se siente como sentado ante un pequeño arroyo, viendo el agua correr. Esa misma sensación me transmitió entrar en su nuevo restaurante. El que Haesung ha abierto en Ruzafa, en la calle Doctor Serrano. Un lugar que transmite quietud, sosiego, verdad. La Taula de Yoon ofrece cocina coreana. Y algo más. Ofrece paz, quizás bienestar, el cosquiello de la sonrisa ligera. Como si fuera la extensión de un poema de Ishle Yi Park, poeta de origen coreano que radica en Estados Unidos.
La habitación necesita
Un poco de luz
Un hálito brillante y cálido
5 mantas rotas calientan
El frío invierno
(De ‘Una habitación en el Bronx’)
El restaurante de Yoon tiene ese halo agradable que proporciona el tiempo muerto. Ese instante en el que parece que todo para, hasta el pensar y se apodera de ti el sosiego. De hecho, la mesa de Yoon requiere que te integres en ella, que formes parte de su filosofía. Que participes de su sencilla y muy personal fiesta. Mesas de madera fina, las paredes sin estridencia alguna, una pequeña ventanilla que les conecta con el exterior, un contado número de libros reposando en su repisa, un jarrón con flores y mucha vida. En el fondo, a la izquierda, la cocina descubierta. A su alrededor, una barra repleta de cuencos., copas… la controlada algarabía del atrezzo de un restaurante.
Allí, en la cocina, estaba ella y su pareja, Raúl. Nos saludamos, le conté a Haesung que la conocí a finales del pasado verano en la casa de Toshi y compartimos impresiones de su nueva andadura. “Estaba en Corea, porque monté allí un restaurante de cocina española; me fui bien, pero yo quería cocinar comida coreana; así que lo vendí bien y nos vinimos para aquí“, explicó (a su manera) la cocinera. Durante unos meses trabajó con Toshi, donde asegura que aprendió más en tres meses junto a él que en dos años estudiando cocina.
Cuando le salió la oportunidad, montaron su local. Y allí han dejado fluir toda su ilusión, que impregna cada rincón del pequeño restaurante. Muy pequeño, tanto que la anoche en la que acudí a cenar, tuvieron que decir no a muchos comensales. Ella en la cocina y Raúl en la sala: mano a mano lo hacen todo. Y batallan de lo lindo. Lo hacen contentos, eso se nota. Y se transmite. Tanto que convierten la estancia en una contenida fiesta.
“En la Taula de Yoon preparamos platos típicos coreanos, trasladados al presente con un estilo personal, manteniendo la sencillez de lo tradicional y aportándole la frescura de hoy en día“, aseguran en su carta. Muy corta, concisa, sin demasiada opción donde elegir, pero lo suficiente como para disfrutar. Y te aseguro, que se logra. Especialmente si se acude en compañía. Porque, se trata de una de comidas para disfrutar con amigos (y así poder probar de todo un poco). Lo hice así. Y probé casi todo. Primero, unos curiosos mini makis de verduras (Mayal Gimbap) con una salsa especial, sabrosa.
Segundo, unos fideos de boniato salteados con setas y cebollino muy buenos. Buchubusut Japche, le llaman. Y está para comerse un plato gigante sin dudarlo. Bien ricos. Hay que probarlos.
Probé con un cerdo picante salteado (Jaeyuk Bokkeum) y un maravilloso pollo salteado con queso gratinado (chesese Dakalbi). Los cerca de treinta minutos de montar, poner, jugar con una cosa y otras, fueron extraordinario. Dejando que goteara la salsa por las manos, que el tacto las impregnara de su frescura, … un ritual divertido que le da todo el encanto del mundo a la Taula y a su cocina. Un juego que, además, te seduce porque, en el fondo, te hace rejuvenecer, sentirte bien. Te hace pensar que estás descubriendo algo nuevo, conquistando una nueva isla gastronómica para colocarla en ese atlas de la gastronomía que se despliega en tu cabeza.
Del postre, no me dijo nada. Correcto, para golosos… pero es que a mí los postres asiáticos me van más bien poco. Así que, os pongo la foto, y a por el último párrafo.
El último párrafo que, a modo de escala, atraca en la despedida. Le di mi felicitación, compartimos sonrisas y emoción. “Una foto, por favor”, les rogué. Y los dos posaron. El restaurante hervía, las mesas disfrutaban, la noche coreana se filtraba por la pequeña ventana, deslizando su energía por las calles de Ruzafa. Y salí de allí convencido de que volvería. Porque la mesa de Yoon ya la siento también como mía. Ella, ellos, los dos, Raúl y Haesung, pasan a formar parte del equipo de cocineros con futuro. Apunten, que hay travesía para largo. No tanto porque la suya sea la mejor cocina del mundo; sino porque su aventura la haces tuya, te mimetizas y quieres ayudarle y acompañarlos. Merece la pena apostar por ellos. Y acabarás disfrutando. Ahora, seguimos viajando.